Marcas

Los espacios explican todo cuanto se vio

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Dorado

06:39 / 18 de marzo de 2015

El de anoche fue uno de esos partidos que se observan muy de vez en cuando. Combinó casi tantos aciertos como yerros. Y en este plano es bastante cierto que The Strongest falló menos. Y es que el inusual cinco a tres se forjó porque ambos, a su turno, otorgaron libertades defensivas de gran magnitud. Poco frecuentes, por lo demás, en la competencia internacional. Al punto que los sistemas tácticos quedaron poco menos que sepultados.

Podrá argumentarse —y algo de verdad habría en ello— que el empate era mal negocio mutuo. Y por eso, cuando se soltaron las amarras (sobre todo en esos cinco minutos increíbles de la parte final, testigos de nada menos que cuatro tantos), al compás de imprecisiones por doquier, Herrera y Vaca, los arqueros, pagaron una cara factura.

El dueño de casa supo adueñarse de un cotejo que planteaba agudas interrogantes en dos momentos clave: final del periodo inicial (empate de Centurión) y comienzo del complemento (cuando Wayar estableció la primera ventaja).

Más tarde, cuando el tres a tres parcial daba la impresión de echar todo por la borda, Marteli, sin demora,como la circunstancia lo imponía, firmó el nuevo desequilibrio y posiblemente selló el destino del encuentro. Al margen de la cereza sobre la torta que Ramallo obtuvo con el epílogo cercano.

Supo el Tigre remar de atrás. Porque Benegas abrió la cuenta y segundos después estuvo cerca de repetir. Fue el tramo en el que no le encontraba la vuelta al trámite y hubo que, sobre la marcha, modificar la posición de los defensas laterales, en procura de proyectar el juego con base en mayor decisión, toda vez que la excesiva centralización no constituía el camino adecuado.

Era una victoria imprescindible a efectos de conservar la chance clasificatoria a los octavos de final. Y se la consiguió en medio de una guerra de goles. La ‘U’ se las arregló más o menos bien en la primera fracción, pero aflojó después. El ingreso de Canales le generó un segundo aire, sin embargo la decisión del dueño de casa pudo, definitivamente, más.

Todo en medio de un discreto arbitraje de Carlos Amarilla, que dirigió, al trote, desde muy lejos. Y por eso la polémica del lanzamiento penal que en principio sancionó y luego se arrepintió, castigando a Escobar con la amonestación que le impedirá actuar ante Emelec. Vaya partido loco. No será fácil olvidarlo.

(*) Óscar Dorado es periodista.

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