Marcas

El fin del Mund(o)ial

Croacia ha vuelto a levantar su nombre para figurar en los mapas.

La Razón (Edición Impresa) / Ariadne Ávila es escritora.

20:44 / 16 de julio de 2018

Se acabó, se terminó. Se nos fueron las esperanzas y se nos esfumaron las ganas de gritar hasta las lágrimas; bueno, las ganas no, pero las razones sí.

¡Qué bueno que fue, mientras duró!

Ganó Francia, y ganó con un buen juego. Todos los que esperábamos ese cambio de página en la historia, los que gritábamos “Croacia”, miramos desconcertados cómo los minutos pasaban y los goles azules se iban marcando mientras nuestro Vatreni iba perdiendo su oportunidad de tener en las manos la Copa. Aplaudimos desde casa esos dos goles de los cuadriculados, sonreímos por el Balón de Oro para Modric y luego apagamos la televisión lanzando un suspiro de impotencia. Allá, lejos, en Rusia, el estadio se vació y el día tomó su verdadero rostro: el del domingo (el último día). Ahora, nos queda rememorar y agradecer por un Mundial que, desde el principio, ha sido alucinante.

Una de las cosas que hay que llevar en la mente hasta la próxima (Catar-2022) es que Croacia ha vuelto a levantar su nombre para figurar en los mapas. Y es que, nos guste o no, muchas personas se han topado con un nombre que les sonaba un poco, pero no tanto (¡Ojo! Después de “Rusia 2018”, lo que más han buscado en Google los estadounidenses durante este mes ha sido “¿Dónde queda Croacia?”). Recordemos pues que la última vez que el Vatreni llegó casi igual de lejos fue en Francia-98, cuando ganó el tercer puesto (me parece un poco siniestro que de nuevo hayan sido los franceses quienes les han robado el sueño de la Copa, exactamente 20 años después).

Mirando hacia atrás, hacia el pasado cercano, la emoción de esta Copa ha sido única y eso, de verdad, se agradece.

Muchos partidos han causado ese aplauso del público acompañado de un grito que se perdía entre las lágrimas de la emoción, pues lo que más euforia levanta en el espectador es ver cómo, cuando todo parece perdido, las cosas cambian de dirección y vuelve esa sensación de “¡Vamos que se puede!”. Eso sucedió, por ejemplo, en el segundo partido de Alemania que faltando nada logró dar la vuelta a su destino. Sin embargo, una de las selecciones que más ha afectado nuestros nervios y que ha subido nuestra adrenalina al límite ha sido la croata: alargues, penales, cambios de marcador, etc.

Ahora que todo ya está dicho y Francia es bicampeona, les queda el festejo a los verdaderos franceses. A los demás, a los que aman el Mundial porque sí y a los que quisimos apoyar a una u otra selección prestándonos selección ajena, nos queda el mundo real, ese mundo en el que la luchamos solos y, muchas veces, sin camiseta que ponernos encima. Llega el lunes que para los paceños se pone máscara de domingo por el feriado del 16 de Julio, día para curar nuestro ch’aki y recobrar las energías gastadas en el griterío del último mes. Llega el lunes para los otros, y vuelve la rutina del día a día.

Se terminaron los fines de semana de fútbol con pausa para el almuerzo, se terminaron las caras pintadas y las camisetas,  las lágrimas, y los gritos, la emoción… ¡Se acabó el Mund(o)ial! Y es que ese tiempo de alegría es alucinante, vivificante, encantador. ¿Quién no ha detenido su vida entera para ver un tiro libre? ¿Quién no ha levantado las manos de una tarea o se ha ido rápido de un examen para mirar esos últimos segundos decisivos de un partido? Todos nosotros, a los que nos alimentan esos minutos de emoción y fútbol, lo hemos hecho y hemos sido inmensamente felices.

Muchos dirán “no todo en la vida es fútbol”, y sí, estoy totalmente de acuerdo con eso; pero qué increíble que es ese deporte. Por eso el Mundial nos deja un vacío en la garganta, y este lunes vestido de resaca se nos pinta como el final de una alucinación (el fútbol es adictivo).

La vida es divertida, no digo que no lo sea; pero nada como dos horas mirando a once contra once para sentirse unido emocionalmente al resto de los habitantes de la Tierra. Obviamente, están esos que se han ido ayer a las 11.00 a comer salteñas mientras nosotros en casa nos mordíamos las uñas, pero son unos pocos (seamos sinceros) y no hay más que hacer que preocuparse un poco por ellos. Sí, preocuparse por su carencia de sentimientos (es un chiste, “cada loco con su cuento”). Pero, la mayoría de las personas hemos dejado en pausa la vida cotidiana para meternos de lleno en ese planeta controlado por árbitros y jugado por dos selecciones; hemos olvidado la tierra física que pisamos y nos hemos transportado a Rusia, a ese estadio que se ha convertido en el único punto visible del mundo.

Por eso duele que se acabe.

¿Qué queda ahora?...

Hoy mismo, lunes con cara de domingo, queda el ch’aki, porque todo lo bueno tiene su propia resaca (las fiestas, el amor, el fútbol…). Ya mañana será otro día.

Nos quedará mucho tiempo para habitar el mundo y, ¿por qué no?... Para soñar. ¿Soñar con qué? ¡Con la Verde en el Mundial! Porque, aunque me llamen loca, tonta o ilusa, yo seguiré soñando con ver a mi selección en ese tiempo de fútbol total, yo seguiré guardándome la voz para gritar “¡Bolivia!” frente al planeta entero.

  • Invitada por Marcas de La Razón durante el Mundial de Rusia 2018.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia