Marcas

Una final intragable

El Olimpia paraguayo volvió a demostrar su indiscutible experiencia en el torneo

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:01 / 19 de julio de 2013

Olimpia de Paraguay juega feo pero es eficaz. Su fútbol es tosco, pero sólido, resistente y efectivo a partir de la capacidad de lucha de sus jugadores. Aparece como el gran candidato a conseguir su cuarta Copa Libertadores, mientras que el Atlético Mineiro parece haber llegado a su techo con un Ronaldinho Gaúcho que finalmente fue sustituido por   inacción y falta de incidencia en las acciones del partido disputado en Asunción.

El director técnico Cuca —Alexi Stival— mandó al banco a Ronaldinho Gaúcho aproximadamente a los 25 minutos de la segunda etapa, lo que desató un indisimulable enojo del conductor natural del Atlético Mineiro que ya nos preanuncia la hora del retiro definitivo, si a ello le sumamos que aunque se ponga en gran forma no será llamado por Luiz Felipe Scolari para la selección que disputará la Copa del Mundo del próximo año.

El formidable creativo de Porto Alegre sobre el que Lionel Messi se ha desecho en elogios en los dos últimos meses, afirmando que su presencia fue decisiva para que él ensamblara en el primer equipo del Barcelona cuando hacía sus primeras armas luego de formarse en La Masía, pudo tomarse la licencia de jugar casi estacionado en el centro del campo en la primera fase de la Libertadores, considerando el fuste con el que llegaban los adversarios del equipo de Belo Horizonte que hasta ayer aparecía como candidato a ganarla, luego de borrar en semifinales a un mejor equipo, Newell’s Old Boys de Argentina, con base en pujanza y buena marca, antes que a creatividad y variantes ofensivas.

El Olimpia volvió a demostrar su indiscutible experiencia en el máximo torneo de clubes de nuestro continente, ratificando los rasgos que distinguen al fútbol paraguayo como aquél en el que valen primero la fuerza y el empuje para controlar al rival, dejando siempre en segundo lugar la importancia de la calidad y la fluidez del juego.

A cierta prensa paraguaya le molesta sobremanera que su fútbol sea catalogado como tosco, carente de brillo, donde la plasticidad del jugador habilidoso es prácticamente una rareza, y si de rarezas se trata habrá que destacar la apertura del marcador a cargo del uruguayo Alejandro Silva, que con una notable acción individual inauguraba el marcador que luego cerraría Pittoni con un tiro libre colocado en el ángulo derecho de Victor en el minuto 90 para ponerle cuesta arriba la revancha al equipo brasileño. La jugada para el 1-0 y un par de acciones más fueron todo lo que en materia de espectáculo pudo ofrecer el tricampeón guaraní, ya que su principal carta de gol, el también  uruguayo Salgueiro, no logró finalizar las jugadas en ataque de las que dispuso.

Este panorama resume en gran medida cuál ha sido la tesitura de esta versión de la Copa Libertadores, donde el choque, la marca férrea, la falta táctica y la treta se impusieron en gran parte de su desarrollo por sobre el fútbol ágil, fabricador de espacios y generador de profundidad. En ese ámbito de análisis lo del Mineiro ha sido tremendamente irregular y hasta contradictorio, seguramente por el miedo a quedar fuera y resignar su primera oportunidad de campeonar, mientras que lo de Olimpia forma parte de una historia repleta de experiencias basada en un temperamento ganador y una fabulosa hinchada que alentó a su equipo en el Defensores del Chaco de principio a fin.

Como Ronaldinho no hizo pie y Bernard no jugó por estar suspendido, Tardelli fue el único factor desequilibrante del equipo brasileño por movilidad y velocidad, también a partir de acciones individuales que de juego asociado, lo que evidenció nuevamente que no todo el fútbol “más grande del mundo” se distingue por el talento y la vistosidad, pues lo que el miércoles vimos fue un equipo cansado que pretendía equilibrio, pero terminó rebasado por un anfitrión que se ha distinguido siempre por autoafirmarse como uno de los grandes clubes de América.

Olimpia tiene todas las de llevarse esta Libertadores. Los siguientes 90 minutos le quedan a pedir de boca a los paraguayos, sabedores de su capacidad de aguante y reacción, mientras que el Atlético Mineiro tiene primero que reponerse de este primer golpe y serenarse lo suficiente como para no ser devorado por la ansiedad de un equipo que por primera vez en su historia se encuentra en posibilidades de un histórico triunfo, eso sí, intentando reeditar lo hecho contra el Ñuls argentino, pues las condiciones se le presentan idénticas en términos de necesidad de remontar un 0-2, para recién a partir de ahí pensar en tocar el cielo con las manos.

Se acaba la Libertadores y, en materia de calidad futbolística colectiva, la diferencia con los torneos europeos se ha acrecentado, si se tiene en cuenta que las grandes individualidades salidas de nuestras matrices sudamericanas aterrizan como piezas de colección en las que se trabaja muy enfáticamente la compaginación de los talentos personales y las fortalezas grupales, lo que da como resultado partidos jugados a ritmo intenso, con vertiginosidad y precisión, elementos que son ahora más apreciados en los que la cultura de la velocidad y la simplificación tecnológica están modelando una afición futbolera que rechaza drásticamente el aburrimiento, la brusquedad de movimientos o el juego entrecortado, tal como se desempeñaron hace 48 horas, paraguayos y brasileños.

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