Fútbol

El Alcalde Presidente

Equipo que no gana, no cobra. Y así, Sport Boys de Warnes empezó a no cobrar

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:55 / 05 de diciembre de 2014

En el fútbol boliviano suceden cosas tan extraordinariamente sorprendentes como la de premiar a un jugador que patea en la cara a un ayudante de campo, o jugar un partido con camisetas que necesitan aerosol para ser numeradas porque los responsables de la utilería olvidaron la camiseta b. El caso de Sport Boys es más grave: sus jugadores no cobran hace cuatro meses y esto comenzó con un dicho terminante de su expresidente acerca de la proporcionalidad que debe existir entre ganar y cobrar el salario.

Para evitar malos entendidos,  susceptibilidades o interpretaciones antojadizas o tendenciosas, el panorama que describo a continuación carece de nombres y apellidos propios y cuenta con varios arquetipos de personajes que forman parte del imaginario social y literario de América Latina, que se acercan a eso que los neocolonizadores relacionan con unas ficcionales repúblicas bananeras en las que nunca faltan los buenos, los malos y los feos destinados a engrosar el archivo de las anécdotas y a adelgazar los objetivos trascendentes.

Había una vez un líder de barra de la academia cruceña que se postuló a Concejal para la Alcaldía de Warnes, distrito empresarial pujante, nervio motor del norte integrado cruceño. Transcurrido el tiempo, ese candidato electo finalmente, por los siempre impredecibles avatares de la política boliviana se encontró con que asumiría el cargo de Alcalde y a partir de ese momento decidía proyectar su imagen y su gestión a niveles que pudieran trascender los límites provinciales, asumiendo la presidencia del club Sport Boys en plan mecenas y showman con iniciativas como la de incorporar a los registros de su plantilla al jugador amateur Evo Morales Ayma, convencido de que con su inscripción daría el batacazo marketero del siglo con la posible venta de camisetas azules por todos los confines del planeta.

Con tórax partido con una camiseta mitad Blooming, mitad Sport Boys, una vez difundida públicamente una sanción disciplinaria por haber agredido verbalmente al presidente del Club Destroyers en las graderías del estadio Tahuichi Aguilera, el Alcalde Presidente decidió, furioso, subirse al carro de unos supuestos propugnadores del cambio en el fútbol boliviano. Utilizó epítetos como “mafia” y acusó a unos humildes representantes de las asociaciones departamentales de ser comprados con “farras”, “locas” y “viajes”. Sus temerarias afirmaciones, de dominio público, nunca fueron probadas, pero acicateado por su popularidad de gradería y de inauguraciones gubernamentales, el personaje siguió adelante amenazando con que estaba a la vuelta de la esquina la caída de los “prorroguistas” y la llegada de quienes le pondrían soluciones a todo lo que según su vocación de hombre del espectáculo, no se hizo en todo este tiempo  por el fútbol boliviano.

Desde el momento en que empezó a generar desesperación la falta de resultados positivos, la primera medida tomada por el visionario dirigente es digna de una placa a colocarse en todos los panteones en los que descansan para siempre los grandes sabios: equipo que no gana, no cobra. Y así, Sport Boys empezó a no cobrar, su entrenador se bajó de la calesita porque ya no daba para más, y conforme los empates se sucedían unos tras otros, empezaron a acumularse los sueldos adeudados al punto que hasta el día de hoy ya suman cuatro. Es decir, hace aproximadamente 120 días, los futbolistas hasta hace poco encabezados por su arquero caudillo que se marchó del club, no reciben un centavo por su trabajo.

En su afán de seguir sumando simpatías entre la población warneña, el Alcalde Presidente se mandó una digna de talk show desopilante: recibió con bombos y platillos a un supuesto jeque árabe que llegaba para manifestaciones de interés por hacer inversiones en Bolivia gracias a la apertura de este burgomaestre con perfil de relacionista público de alto standing. Versiones originadas en el cosmos político boliviano informan que el tal jeque, de jeque solo tenía el turbante y que esta se asemejaba más a una puesta en escena bufa que a la instalación de una rueda de negocios.

Parece que el Alcalde Presidente situó en los reductos del papelón a varios personajes con estatus político respetable a propósito de las reuniones armadas con el dizque inversionista, y esto habría generado un enojo de proporciones apocalípticas, al extremo que transcurridos apenas 15 días, de manera sorpresiva, sin que mediara presión aparente alguna, el bluminista mandamás de Sport Boys renunció a su cargo, probablemente calculando que habría un campeonato de ruegos para que desistiera de su decisión.  Se equivocó de tal manera el hombre que cuando volteó a mirar la puerta ya estaba cerrada, nadie se la volvería a abrir, y el nuevo presidente del Club, habilitado por el representante legal poseedor de la correspondiente personería jurídica, conocido empresario con inversiones reales en Warnes, asumía la responsabilidad y como él mismo dijo hace 48 horas por televisión “una pesada mochila heredada de 500.000 dólares”.

La cosa se tornó color hormiga cuando en representación de los futbolistas del primer equipo que finalmente ganó un partido luego de esa sequía que les significó el castigo de no cobrar, un par de jugadores representativos convocaron a una conferencia de prensa para denunciar que el compromiso del saliente y espectacular Presidente Alcalde de pagar lo que correspondía hasta el día en que él estuvo a cargo del club no se ha cumplido hasta ahora y que luego de salir en los medios hasta en la hora de la sopa durante casi todo el año, parece haber decidido sumergirse 30 metros bajo tierra porque no tendría cómo explicar su conducta y menos cómo justificar el incumplimiento de su palabra.

El flamante presidente de Sport Boys ha declarado continuamente para los medios de comunicación en Santa Cruz de la Sierra y el tono de sus afirmaciones ha ido subiendo progresivamente, conforme se van encontrando demasiados cadáveres en un ropero muy pequeño. Y parece que quien será el Presidente Alcalde —en ese orden de llegada a cada una de las jerarquías, deportiva y política— es este empresario de origen tarijeño que lo último que ha contado es que el Alcalde Presidente se llevó toda la existencia de indumentaria deportiva con el argumento de que todo ese material era “suyo”.

Leída hasta aquí la historia, si nos tomamos el asunto en solfa, resulta para una comedia  en la que el ingenio, el chiste y la ingenuidad podrían hacer de las suyas, pero si recordamos las sentenciosas advertencias de cambio, transformaciones y lecciones sobre “el nuevo dirigente boliviano” a la manera en que lo concibiera el Che Guevara, de parte de este Alcalde Presidente, no podemos menos que llegar a la conclusión de que otra vez encontramos en el folklórico fútbol boliviano, otro gracioso personaje. Dios y el nuevo Presidente, probable futuro Alcalde de Warnes, salven a Sport Boys.

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