Fútbol

Balón de Oro: El Oscar del fútbol

Cuando la FIFA emuló a la academia hollywoodense, el fútbol terminó privilegiando la alfombra roja por sobre el césped

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:04 / 01 de diciembre de 2014

Cuando la FIFA decidió emular a la academia hollywoodense de cine, la corporación futbolística terminó privilegiando la alfombra roja por sobre el verde césped, política que se acentuó ni bien comenzado el Siglo XXI. No recuerdo que haya existido en la historia del balompié mundial, —que nos subrayó su longevidad con los 115 años conmemorados por el Barcelona Fútbol Club el sábado 29 de noviembre— tan grande codicia por un premio relojeado en las coordenadas del impacto comercial subordinando la valoración rigurosa, por contextualizada, de los actores que lo pretenden.

El fútbol es fútbol y no otra cosa cuando se producen las postales de sus equipos recibiendo trofeos y celebrando campeonatos. La auténtica foto de este juego para la posteridad, es la del colectivo por encima del individuo, revoleando camisetas cada quien a su estilo, ofrendado trofeos al creador, declarando entre el desgañitamiento y el sollozo lo hermoso que es ganar con el caos tumultuoso de un estadio como telón de fondo, lo sacrificado que fue afrontar toda una temporada, lo duros y pedregosos que fueron los inicios de sus protagonistas surgidos de casas de cartón sin baños situadas en calles de tierra donde la pelota ayuda a ordenar los roles de los chicos que comparten el vecindario.

El fútbol es equipo. El fútbol es campeonar o ir al descenso, pero todos juntos, y no cada quien disparando por su cuenta hacia los reflectores y las cámaras. Lo otro son negocios enmarcados dentro las apetencias creadas en función de los segmentos a los que se dirigen las ventas: Messi es para niños de 6 a 11, Cristiano Ronaldo es para jóvenes que sueñan con su complexión física escuchando música en IPods a la hora de la rutina del “gym” (gimnasio). Así, toda la estructura funciona, y podemos encontrar un arquetipo moldeado por la publicidad para cada parcela del mercado, caracterizada por el común denominador de la asociación entre éxito y gol, en tanto son candidatos a todos los premios posibles éstos que se mueven en el frente de definición en un campo, los que concretan lo que diez compañeros hicieron previamente para que los goles se produjeran a borbotones como lo vienen haciendo el 10 del  Barcelona y el 7 del Real Madrid.

Será muy difícil entonces que el Oscar del fútbol, este Balón de Oro por el que está especialmente desesperado CR7 cada fin de año, sea entregado a alguno de los que hizo que los goleadores pudieran ser eso: Talentosas máquinas de anotar, máquinas de ganar, máquinas de asociar buen juego con eficacia, máquinas de asociar juego pragmático y contundencia, según las maneras en que cada entrenador elija para buscar el camino al triunfo.

Menos posible todavía es que un premio de estos vaya a dar a manos de esos que para que los goles de sus equipos se materialicen en victorias, evitan que los adversarios conviertan en portería propia, como hizo Javier Mascherano con una estirada casi sobrehumana, agriándole la fiesta a Arjen Robben en el último Argentina vs. Holanda escenificado en Brasil 2014. O cómo trabajan en la muy comprometedora transición de recuperación y primer pase figuras como Sergio Busquets, Xabi Alonso, Luka Modric, Toni Kroos, Touré Yaya, jugadores con los que termina y comienza, comienza y termina, según desde dónde se vea, el buen fútbol que puedan practicar los equipos de la élite mundial que hoy son solamente europeos sin que ninguno de América, Asia, o África pueda hacerles frente de igual a igual.

El Hollywood futbolístico de hoy tiene a dos protagonistas en los que se quiere en todas las películas para grandes y chicos. Messi, el niñote récord, CR7 el Dorian Gray de las canchas al que su repertorio de gestos indica que le produce pánico envejecer, son los dos actores excluyentes, el primero gozando de un capital de credibilidad acumulado durante la última década en el Barça, el segundo, obsesionado con que desde las graderías se reverencie a través de una exclamación al unísono sus proezas y que jamás admitirá ser segundo en nada, aunque los números, siempre inapelables, digan que mientras Messi esté en el equipo de enfrente es bastante improbable que sea número uno para los pesares que esto le provoca cuando cada mañana se enfrenta al espejo.

La sociedad premiadora es el invento triunfal concebido desde los cuarteles estratégicos del mercado para hacernos creer a todos el valor que tiene entregarle una estatuilla al héroe del año, cuando el verdadero tipo de la película no es uno solo, sino el equipo que mejor juega-gana y que entre las selecciones nacionales es Alemania, ganador con todos los méritos de su cuarta Copa del Mundo, y en materia de clubes, el Real Madrid que ha obtenido su décima Champions League, y por supuesto que los campeones de cada realidad continental si queremos ser respetuosos con la lógica de confederaciones con la que se gobierna el fútbol internacional.

Vistas así las cosas, el Balón de Oro solo sirve para exacerbar vanidades, consolidar rivalidades o alimentar envidias. Messi no sería lo que llegó a ser sin Xavi Hernández y Andrés Iniesta. No hubiera logrado ni la cuarta parte de lo que consiguió porque como si se tratara del alineamiento perfecto de tres planetas conectados por un parecido itinerario vital y unas convicciones comunes, los tres supieron hacer del pase, la devolución y el gol, las expresiones de un trabajo en que la gambeta por sí sola no sirve, la entrega al compañero por sí sola no lleva a ninguna parte, si ésta no se convierte a continuación en otra y precisa entrega, y así sucesivamente hasta llegar al gol. Por eso, de los cuatro Balones de Oro conseguidos consecutivamente por el rosarino, por lo menos dos les corresponden simbólicamente a sus extraordinarios compañeros, unos futbolistas que sin su decisiva presencia, Lio no habría podido armarles semejantes líos a tantas defensas doblegadas por la calidad del equipo blaugrana.

Hay que estar atentos a los premios que se otorgarán a los mejores en cada posición. Tal cosa resulta más interesante e indicativa de hechos futbolísticos antes que de estrategias comerciales. Intuyo que por lo menos la mitad de ellos será para jugadores del Bayern Múnich-Selección de Alemania, así como lo fueron en las anteriores ediciones, los del Barcelona, Real Madrid y por lo tanto selección española. En el jugueteo de especulaciones, conjeturas y deseos, no creo que se consideren otros argumentos que los vinculados a los merecimientos del Ronaldo portugués para entregarle la pelota dorada por tercera vez en toda su carrera, aunque las películas con la selección de su país hayan sido mediocres y olvidables en el último mundial, porque aquí la fundamentación pasa por lo que se proyecta y vende con la camiseta del club por el que se juega cada temporada. Lo demás puede ser fútbol, pero eso es secundario porque  los premios, como queda claramente demostrado, apuntan al mercado y sus proyecciones, y mucho menos al juego y a sus dinámicas reinvenciones.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia