Fútbol

Un Barça más convencional y práctico

La magia de Messi, la plasticidad de Neymar y la potencia de Suárez, fueron el repertorio

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:01 / 17 de abril de 2015

Al fútbol atildado de Messi y Neymar para jugar en los últimos metros, se suma ahora el rendimiento muy físico y potente de Suárez. Entre la danza que proponen unos y la fuerza con la que incursiona a posiciones de gol el otro, esta versión Luis Enrique del Barcelona, puede encontrar una interesante fusión entre toque e intensidad, que podría terminar sustituyendo con éxito la inacabable elaboración en corto de las versiones producidas por Pep Guardiola y Tito Vilanova.

A  Luis Suárez, los ingleses no le perdonarán el doblete en Brasil 2014 y cuando se mandó la agresión dental contra Chieliini frente a Italia, los policías y los jueces del poder mundial encontraron una inmejorable oportunidad para decidir pronto y sin distraerse en atenuantes, un castigo ejecutado con morboso placer a este vampiro charrúa que no podrá estar en la Copa América porque todavía debe cumplir la otra parte de la sanción que le obliga a no jugar con su selección durante nueve partidos, de los cuales le falta cumplir ocho.

Sin embargo, a pesar de la frustración que significa no poder estar en Chile 2015, Luis Suárez, el villano de Sudamérica, reincidente por dichos racistas cuando militaba en el Liverpool y mordiscos inocultables, ha estado afanado en consolidarse de a poco en los territorios en los que comparte el frente de ataque barcelonista con un par de virtuosos, hasta que pudo finalmente dejar su huella inconfundible e irrebatible el miércoles 15 de abril, azotando a domicilio uno de los arcos del Parque de los Príncipes con otro doblete, donde los azulgranas impusieron jerarquía sobre un PSG que llegaba con los oropeles cabeceadores de Thiago Silva y David Luiz conseguidos frente al Chelsea para acceder a estos cuartos de final de la Champions, en el que volvieron a ser un lamento brasileño, esta vez por lesiones (Silva fue reemplazado por Luiz todavía no plenamente recuperado), como cuando tuvieron que soportar el 1-7 en el estadio Mineirao de Belo Horizonte a manos de Alemania.

Luisito, fiel a su idiosincrasia y a su manera de encarar la vida, se complementa idealmente con Neymar y Messi, porque mientras éstos se distinguen por el pase estilizado y acariciador, y la definición sutil, el uruguayo, procedente de una escuela aguerrida y batalladora, perfeccionado en el torneo más físico e intenso del planeta —la Premier inglesa— es capaz de arreglárselas solo cuando tiene que dividir con cancerberos de experiencia para conseguir el cara a cara con el portero rival, e incluso desconcertar con gestos preciosistas como el humillante caño cometido entre las piernas de David Luiz que abrió los portones hacia el tercer gol con el que los de Luis Enrique pueden esperar con cierta comodidad a los de Laurent Blanc para la vuelta en el Camp Nou.

El único equipo del mundo que fue capaz de fusionar la técnica con la táctica como si estos dos grandes ítems del fútbol fueran uno solo, es el Barcelona de Guardiola que ya fue, pero que todavía cuenta con algunos de sus mejores intérpretes en esta versión más convencional y simplificadora a cargo de Enrique que entre sus méritos se debe reconocer el fortalecimiento defensivo con variantes como las que pueden funcionar con eficacia a través de las duplas Piquet-Mascherano, Piquet-Mathieu en la línea de fondo, la solidez de Busquets como mediocentro, a veces también operativizando  eso que los argentinos llaman doble cinco, con el propio Mascherano sumándose a las tareas de recuperación delante de los zagueros, como sucedió precisamente en el partido de ida en esta llave de cuartos de final. En ese sentido, si el objetivo es hacer un fútbol más expedito y menos tejido en la elaboración con campo ensanchado, esta nueva versión culé encuentra precisamente en el pragmatismo tan físico y explosivo de Suárez, su mejor expresión, para conseguir que la última jugada culmine en las redes adversarias.

La magia de Messi, la plasticidad de Neymar y la potencia de Suárez, en consecuencia, son los argumentos combinados que conforman el repertorio que hace que el Barça pueda seguir apostando al 4-3-3 cuando tiene la pelota, y ratificando partido a partido que los encargados de materializar la cartografía estratégica, Iniesta y Rakitic como interiores,  Alba y Alves por las bandas (el miércoles jugó Montoya en lugar del brasileño) si están finos y precisos, tienen en su frente de ataque un trío que puede seguir apostando a los espacios reducidos donde la movilidad y el desmarque producen el enloquecimiento defensivo del rival de turno como sucedió, precisamente con la apertura de Neymar a pase de Messi y las corajudas incursiones rompedoras de líneas defensivas, a cargo de Suárez que es el llamado al forcejeo con los armatrostes defensivos cada vez que es necesario.

Menos holandés en su estilo que en el pasado inmediato, el Barcelona es ahora un mix de posesión y sentido de oportunidad para contraataques con base en pelotas largas, agregándole a su catálogo de argumentos, la potencia física de Mathieu cuando se trata de buscar el cabezazo producto de balones detenidos y que tan buenos resultados le ha generado en las últimas fechas de la liga española, al mejor estilo de ese emblema llamado Carles Puyol, y lo subrayo por lo producido el miércoles en París, un Luis Suárez que cuando es capaz de meter pases largos y certeros, o incursionar él mismo en el área, cuando se trata de forcejear en las tumultuosas marañas que se arman producto del temor que infunde la concentrada historia de toques y goles que es capaz de producir el mejor trío ofensivo argentino, brasileño y uruguayo de estos tiempos.

El PSG sin Zlatan Ibrahimovic pierde la mitad de su combustión, aunque haya garantías de calidad y profundidad con Cavani, Lavezzi y Pastore, y cuando el equipo francés queda diezmado también en la retaguardia, queda certificado que la tendencia a las rotaciones continuas de los grandes equipos, tienen sus límites, que los oncenos básicos siguen siendo las prendas de garantía para intentar hacerle frente a un equipo que ya no juega a partir de la obsesividad táctica, sino de la practicidad en la que al toque como fundamento, se le va añadiendo progresivamente, expedientes de fuerza física, a veces necesarios cuando se trata de obturar cerrojos defensivos aparentemente impenetrables.

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