Fútbol

Barrero, el regreso a casa celeste

Está de regreso en Tembladerani después de 21 años. Ahí atajó en sus mejores momentos, incluso fue campeón cuidando el arco de Bolívar. Está feliz por haber vuelto, agradecido por la confianza y con la misión ya no de jugar, sino de preparar a los guardametas del club. Pero además Marco Antonio Barrero quiere seguir aprendiendo sobre esta función.

Marco Barrero, hoy es preparador de arqueros de Bolívar. Foto: Eduardo Schwartzberg

Marco Barrero, hoy es preparador de arqueros de Bolívar. Foto: Eduardo Schwartzberg

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Ayllón / La Paz

00:11 / 21 de julio de 2014

Está de regreso en Tembladerani después de 21 años. Ahí atajó en sus mejores momentos, incluso fue campeón cuidando el arco de Bolívar. Está feliz por haber vuelto, agradecido por la confianza y con la misión ya no de jugar, sino de preparar a los guardametas del club. Pero además Marco Antonio Barrero quiere seguir aprendiendo sobre esta función.

Se fue cuando todavía era arquero, volvió como entrenador en ese rubro, invitado por el DT Xabier Azkargorta.

Ni bien cruzó el umbral de la puerta de acceso al vestuario bolivarista, le vinieron a la mente decenas de recuerdos de los lindos momentos con la Academia.

“En lo particular para mí esta parte de mi carrera es algo especial, si bien fui entrenador de Oriente y parte de la selección Sub-20, ahora integrar el cuerpo técnico de Azkargorta me enorgullece, porque sé que con él puedo seguir aprendiendo, mejorando e ir escalón a escalón, para asimilar nuevos métodos y conceptos”, sostiene.

“Necesito seguir conociendo, soy como una esponja que absorbe todo lo que puede para enriquecerme en lo táctico. El profesor está demostrando con su trabajo su capacidad y sigue haciendo crecer la imagen del fútbol boliviano”.

Barrero, que ya colaboró con Azkargorta en la selección, siente que tiene una gran responsabilidad, la de mantener muy bien preparados a los arqueros de un plantel grande como el celeste.

Cuando el técnico le hizo la propuesta de venir a La Paz no dudó ni un momento en aceptar,  agradeció la confianza del DT y de dirigentes amigos como el presidente de Bolívar, Guido Loayza, o los directivos Lothar Kerscher y Javier Ortuño. “Además que trabajar con Lino Vargas, Óscar Montes, Omar Rocha y también está Vladimir, un compañero, es un gran compromiso”, en alusión a otros integrantes del cuerpo técnico.

Estar en Bolívar “motiva a que uno dé lo mejor, más allá de la obligación de lograr buenos resultados” y para todo eso —asegura— hay que ser competente.

“Ya trabajé con los arqueros de Bolívar en la selección. Con Romel Quiñónez, Guillermo Viscarra y Diego Zamora, estos últimos en la Sub-20. Son goleros con mucho futuro y ahora que lo conozco me sorprendió la respuesta de Widen Rojas, un joven guardameta con muchas condiciones”, en alusión a quienes están a su mando día a día.

También está el argentino Marcos Argüello, “un buen profesional, un ejemplo de esfuerzo y disciplina”, de manera que calcula que para lograr el puesto de titular “habrá una pelea sana junto a Quiñónez, quien atraviesa un gran momento, mientras los demás están bastante cerca. Mi tarea es precisamente la de potenciar sus virtudes y ajustar y corregir sus defectos”.

A partir de esta semana el club encarará dos cotejos importantes en su historia, las semifinales de la Copa Libertadores ante el argentino San Lorenzo. “Es un momento especial, tiene un gran significado, entonces todos debemos hacer buena letra en lo referente a la preparación. Hemos tratado de retomar el ritmo y la confianza para tener posibilidades. Tenemos que dejar en el camino a San Lorenzo”.

Barrero está feliz en Tembladerani, dice que el lugar cambió mucho, desde el área de vestuarios, que ahora está bastante equipada con gimnasio, sauna, hidromasaje, entre otros. Extraña las graderías, que ya no están más.

Barrero está casado con Cinthia Suárez, quien también se alegró de retornar a La Paz. “Es bueno volver a un lugar donde nos trataron bien”. Aunque en esta ocasión ambos están ahora solos, pues sus cuatro hijos ya viven aparte: Marco, de 27 años; Linci, de 25; Javier, de 22; y Paola, de 20. Además, tienen una nieta de nombre Luciana.

 “La gente en las calles me reconoce y me trata con mucha cordialidad”, dice Barrero.

Formó parte de ‘un equipazo’

En su época de guardameta, Marco Barrero jugó en la Academia seis temporadas, entre 1988 y 1992, periodo en el que logró cuatro títulos, disputó Copa Libertadores y eso le permitió llegar a la selección boliviana para ser parte de cuatro ediciones de la Copa América y partidos de eliminatorias mundialistas.

“Siempre lo tengo en el corazón al club, porque me dio la oportunidad de mostrarme y ahora es como retornar a mi segunda casa. Lo veo diferente.Aquellos años viví lindos momentos. Llegamos a tener una gran amistad con la mayoría de mis compañeros de entonces y teníamos un equipazo con Carlos López, Jorge Hirano, Carlos Borja, Vladimir Soria, Marco Sandy y Carlos Arias, entre los que recuerdo”.

Entre esos recuerdos como arquero de la Academia está que en una final ante Oriente Petrolero, en una jugada fortuita, casi le rompen la pierna, pero siguió pese al dolor, entonces les empataron, pidió su cambio, ingresó el entonces juvenil Mauricio Adorno y perdieron por penales.

También evoca una “locura” —como él la llama— en 1993, cuando se alejó de la Academia, porque 1992 no jugó, pues fue suplente de Carlos Trucco.

“Entonces decidí ir a buscar otros horizontes, pero la verdad es que cometí un error porque poco tiempo después la Agremiación de Futbolistas decretó huelga de jugadores de seis meses, así que ese año, el 93, no jugué, recién los últimos meses volví a Guabirá. Lo único bueno de ello fue que Bolivia se clasificó al Mundial Estados Unidos 94”, bajo la dirección de Azkargorta.

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