Fútbol

El Bayern, azotado por el ‘Kun’

Agüero se desquitaba de lo que no pudo hacer con Argentina contra Alemania

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:58 / 28 de noviembre de 2014

En un partido en el que el Bayern de Múnich terminó asfixiado frente a un rival que le jugó como suele jugar el equipo de Guardiola, apareció Sergio Agüero y con sus tres goles selló la revancha rioplatense consigo mismo y con la carestía de goles demostrada en Brasil 2014. Fue un partido intenso, de acciones cambiantes y con unos citizens que por fin lograron enfundarse la camiseta de equipo grande para plantarle cara y liquidar a los más campeones del fútbol alemán.

Los entrenadores son importantísimos, más si son cerebrales, filosóficos, o notablemente creativos. Guardiola tiene una visión superior del juego, pero como todos sus colegas, solo puede limitarse a dirigir, a corregir, a arengar y a sufrir desde la línea de cal. Las malas lenguas dicen que César Luis Menotti descartó a Diego Armando Maradona para el Mundial del 78 porque era inconcebible para su protagonismo que un chiquillo recién salido de la cantera de Argentinos Juniors le robara esa elocuencia de voz grave que hace tan convincente a ese estratega que inauguró una retórica en castellano que nos convenció que en el fútbol no es solo cómo se juega, sino cómo se habla, y que corría el riesgo de terminar disminuido por la gambeta enloquecedora de Diego que hiciera menos poderoso todo su ideario a través de las extensas coberturas de la revista El Gráfico de aquella época.

En este sentido resulta más interesante e irreverente lo que hace Marcelo Bielsa: Acogerse al silencio con disciplina franciscana. Y cuando debe hablar en las conferencias de prensa porque así se lo exigen los compromisos empresariales-institucionales, exhibe tal grado de ensimismamiento que pareciera tratarse del muñeco de ventrílocuo de su otro yo, ese excéntrico y laberíntico que para transmitir un criterio con una frase, suele buscar y rebuscar más de tres ejemplos. En síntesis, un portento del “piantao” argentino que parece morbosamente orgulloso de su autodefinición como especialista en fracasos.

Guardiola, Menotti, Bielsa hablan, callan, conjeturan, pero no juegan, y los que lo hacen están para dar otro tipo de lecciones a veces impredecibles para cualquier anticipo estratégico, y es justamente ése el contexto en el que Sergio Agüero le pasó una altísima factura al candidato de algún periodismo a obtener el Balón de Oro, el portero del Bayern de Múnich, Manuel Neuer, que debió tragarse las tres anotaciones del delantero del Manchester City que así se desquitaba por todo lo que no pudo hacer con la camiseta argentina durante la Copa del Mundo jugada en Brasil, el pasado martes por Champions League, en el Etihad Stadium.

Hasta los 24 minutos de la primera etapa, el Bayern jugaba a esa obsesiva posesión “total” del balón, hasta que llegó el penal que le permitió abrir el marcador al Kun, exyerno de Maradona en el currículum familiar, momento a partir del que los de Manuel Pellegrini le perdieron el exagerado respeto a la maquinaria bávara redoblando esfuerzos en la recuperación dos a uno, haciéndolo con esa intensidad ante la que los preciosistas equipos concebidos y aceiteados por Pep suelen aflojar, tal como ya le sucediera contra el Real Madrid en la anterior versión de este mismo torneo.     

Con Jupp Heynckes el Bayern era intenso y vertical, y ahora, con esos mismos argumentos utilizados por el adversario de turno, los citizens lograron equiparar las acciones disputándole la tenencia, al punto que el triunfo transitorio de los alemanes había sido conseguido con un tiro libre magistralmente ejecutado por Xabi Alonso como autorregalo de cumpleaños y otra pelota parada que habilitó por elevación a Robert Lewandowsky que anotó con cabeza-hombro el 2-1. Sin Müller, con Robben y Ribéry neutralizados por una línea de fondo celeste, atenta y muy proactiva, el retroceso de líneas del líder de la Bundesliga terminó con el mismo Alonso y Boateng cometiendo dos errores suficientes de control de pelota que le costarían la derrota, para que Agüero quedara mano a mano con el gigante Neuer, concretando una victoria indiscutible, basada en una portentosa actitud y denunciando, sin quererlo, que el equipo de Múnich podrá ser una maquinaria interesantísima en construcción, pero que no tiene a los inigualables maestros del pase con los que Guardiola contaba en el Barcelona, esos tres que ya ni necesitamos nombrarlos, y se constituyen en el mejor trío creativo del fútbol de todos los tiempos.

El fútbol como dinámica de lo impensado, esa frase definitoria e irrebatible del gran Panzeri, no se concibe por lo que puedan calcular desde fuera del campo los estrategas, sino por lo que sean capaces de generar los que están dentro de él, más allá de las previsiones y los resguardos, tal como supo hacer Agüero que obligó a Neuer a sacarla del fondo del arco en tres oportunidades, luego de la ejecución de una pena máxima y de dos mano a mano en que los goleadores hechos de fina madera difícilmente suelen equivocarse, siendo capaces de convertir a los mejores porteros en los seres más indefensos del planeta por fracciones de segundo.

Desconcertante y notable, el Manchester City le arrebató el libreto al Bayern de Múnich, presionando en todos los sectores para la recuperación y consiguiendo un gran despliegue que se reflejó en el marcador final, y que sitúa a este equipo inglés como uno de esos capaces de ajustar de manera tan certera las clavijas, que el prestigio de imbatibilidad del rival terminó siendo carcomido por errores inducidos gracias a un pressing tan bien ejercido que ofuscó más de una vez en el fondo a Dante que parecía un monstruo de infinitos tentáculos queriendo sacarse de encima camisetas celestes que se multiplicaban como hongos por todos los flancos con un sistemático desembarco ofensivo por bandas y por el medio que desnudaron lo que significa el largo camino que todavía debe emprender el más campeón de los equipos alemanes para intentar recuperar supremacía.

Si hiciéramos un ejercicio con un grupo de chicos mostrándoles solo la primera media hora del partido y les preguntamos, conforme evolucionaba el juego, quién creen que terminó ganando, la respuesta se caería de obvia en favor del Bayern, pero los cotejos evolucionan, los equipos son capaces de reinventarse en pleno desarrollo y eso es lo que precisamente consiguió hacer este otro Manchester que busca siempre el arco de enfrente, que se resiste a ser encajonado y que por fin pudo demostrar que las debilidades psicológicas frente a ciertos rivales se pueden vencer con actitud, mucha fortaleza mental y confiando absolutamente en la destreza técnica de cada jugador y en sus conexiones para intentar el triunfo.

Ningún entrenador tenía en los papeles los tres goles de Agüero. Menos que estos fueran el resultado de imprecisiones del rival. Menos todavía que un equipo con tan grande disciplina posicional pudiera quedar superado a sus espaldas y que quien debía romperle el aura autosuficiente de campeón mundial a Neuer tenía que ser uno de esos goleadores que sabe lo que debe, decidiendo cómo y dónde acomodar el balón para traducir en triunfo las contadas oportunidades reales de las que dispuso su equipo para triunfar.

Lección táctica de un Pellegrini que supo cómo lograr el retroceso y el apocamiento del Bayern de Múnich, y frustración no sabemos de qué tamaño la de Guardiola que no esperaba a un Alonso yendo del cielo al infierno del primer al segundo tiempo, y de un Boateng que había hecho un notable partido junto a Dante en la zaga central y que por esas cosas que tiene cualquier juego —el mínimo margen de error— se equivocó al dominar mal el balón arrebatado por la picardía de los que saben hacer goles en momentos únicos e irrepetibles.

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