Fútbol

Bolívar tiene proyecto, The Strongest no - Julio Peñaloza Bretel

Bolívar avanza a paso firme en busca de su clasificación a octavos de final en la Copa Libertadores de América, consigue mantener un nivel expectante en el torneo doméstico, tiene diseñado con claridad un plan de trabajo a mediano y largo plazo, mientras el campeón The Strongest da la impresión de haber planificado su inminente fracaso en el principal torneo de clubes del continente.

La Razón / La Paz

03:27 / 23 de marzo de 2012

Bolívar avanza a paso firme en busca de su clasificación a octavos de final en la Copa Libertadores de América, consigue mantener un nivel expectante en el torneo doméstico, tiene diseñado con claridad un plan de trabajo a mediano y largo plazo, mientras el campeón The Strongest da la impresión de haber planificado su inminente fracaso en el principal torneo de clubes del continente, situación que se agrava con la salida de su director técnico y con su nunca superada fragilidad institucional, especialmente atribuible a una dirigencia en la que con dos honrosas excepciones, aporta casi nada al Decano del fútbol nacional.

El Bolívar de la era Claure es un laboratorio frío e inexpresivo, pero organizado y eficaz, sin lugar a dudas. La academia del fútbol boliviano está enfrascada en hacer honor a su identidad preocupándose como debe ser por la proyección deportiva institucional con la buena coordinación de trabajo que exponen el director técnico, Ángel Guillermo Hoyos, y el responsable de las divisiones juveniles, Óscar Villegas, y prueba de ello es que  el equipo celeste saltó al campo de juego para enfrentar a Universitario de Sucre con una alineación dominada por jóvenes valores que lograron un destacable empate.

Acto seguido, Bolívar contó con sus valores más importantes debidamente preservados para enfrentar al Junior de Barranquilla, partido en el que Juan Carlos Arce tuvo un excepcional rendimiento, enloqueciendo permanentemente a los defensores colombianos, y Lorgio Álvarez expuso oficio, clase y precisión con un desempeño del que destaca la apertura del marcador, todo esto merced a un funcionamiento colectivo que es producto de una tarea muy laboriosa y paciente.

Bolívar planifica y piensa en el futuro como ningún otro equipo que forma parte de la mal llamada Liga del Fútbol “Profesional” y esto puede comprobarse con la actuación juvenil en el partido empatado con la ‘U’ sucrense y los triunfos de ida y vuelta obtenidos contra el Junior. Su gran déficit pasa por una debilidad generalizada en nuestra primera división: los equipos bolivianos rinden sostenidamente un máximo de 60-70 minutos, y luego la calidad de sus desplazamientos queda resentida por la falta de resto físico.

A pesar de esos bajones intempestivos que lo sitúan al filo de la navaja en el desarrollo de cada partido, Bolívar está perfectamente enfocado en la clasificación a octavos de final de la Copa Libertadores.

Rey de los empates, equipo frío, hinchada poco fervorosa… podrán decirle todo eso a este Bolívar-BAISA, pero si nos atenemos en estricto apego a la verdad, a la relación entre lo que se dice y se hace, es incuestionable que la tendencia cortoplacista de poner/sacar técnicos no es tentación de este modelo de institución celeste, algo pretencioso, pero coherente y consistente por donde se lo mire.

Todo lo contrario sucede en la acera de enfrente en la que el desorden y las situaciones paradójicas no dejan de ser moneda corriente. Luego de una emocionante campaña, estimulada por una hinchada militante, The Strongest fue campeón del último torneo liguero, pasándose a Oriente Petrolero y a Bolívar por encima, acudiendo una vez más a su marca identitaria más sobresaliente, la de la garra y el sacrificio que siempre le ayudan a contrapesar limitaciones técnicas y tácticas.

Obtenido el título, los atigrados iniciaron la nueva temporada con características contradictorias: Bien en la Libertadores y con muchas dificultades en el nuevo torneo doméstico con actuaciones lamentables como la sostenida frente a Aurora, equipo contra el que perdió en condición de local, jugando desastrosamente.

Las cosas se tornaron insostenibles hasta el último fin de semana en el que el director técnico, Mauricio Soria,  decidió renunciar, cansado, según él, de los entrometimientos de dirigentes, con excepción de Kurt Reinsch, su presidente, y Carlos Casso, aunque hay versiones no confirmadas que señalan que la relación con algunos de los jugadores del primer plantel era insostenible debido, especialmente, al temperamento irascible del conductor al que se le deberá reconocer haber erradicado brotes de indisciplina muy característicos en los ambientes aurinegros.

Sin técnico titular, el equipo atigrado hizo un partido intermitente frente al Inter brasileño, pero sus debilidades permitieron el 1-1 con el que no pudo lograr el objetivo de la puntuación perfecta en condición de local. Si a ese irregular rendimiento dentro un mismo partido —cosa en la que hay bastantes similitudes con Bolívar— se añade la falta de responsabilidad dirigencial, tenemos que los estronguistas no impugnaron la actuación de Óscar en Porto Alegre, como lo hiciera el peruano Juan Áurich en su debido momento por la supuesta inclusión indebida de este jugador que estaría contractualmente ligado al Sao Paulo.

Mientras en Bolívar todo es planificación y sentido de previsión, los solitarios y comprometidos esfuerzos del presidente gualdinegro para dejar una institución saneada como no venía sucediendo en los últimos treinta años, podrían caer en saco roto. En estas condiciones, cualquier mecenas termina cansándose y quién sabe lo que el futuro pueda depararle a los atigrados el día en que Reinsch deje de ser el presidente de la institución.

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