Fútbol

Bolívar ‘coquetea’ todo el año con el fracaso

Fracaso es una palabra que no le gusta a nadie que se vea implicado cuando se trata de calificar. Sin embargo, no es otra cosa lo que le pasó a Bolívar este año, salvo algún episodio copero del principio.

Desazón. Los jugadores de Bolívar salen apenados luego de un resultado adverso en el torneo de la Liga.

Desazón. Los jugadores de Bolívar salen apenados luego de un resultado adverso en el torneo de la Liga. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición impresa) / Ramiro Siles

00:00 / 24 de diciembre de 2012

En lo estrictamente futbolístico, el equipo fue noveno en el primer torneo de la Liga y tercero en el segundo. Ni una ni otra posición condice con la categoría que tiene el celeste, el más campeón del fútbol boliviano, y que desde hace tres certámenes domésticos se tiene que conformar con las migajas o algo parecido.

Lo mejor que hizo Bolívar este año fue aquello de la Libertadores. Rompió una mala racha que perseguía a los conjuntos bolivianos durante algo más de una década: logró sortear la fase de grupos (sus rivales eran dos chilenos y un colombiano), pero se topó con un gigante, el brasileño Santos, en octavos de final y la pasó mal. Aquel 8-0 en contra en Brasil borró todo lo poco bueno que se había hecho y fue el comienzo del cambio.

Hasta ahí el entrenador era el argentino Ángel Guillermo Hoyos. Con idas y vueltas, algo había logrado: un equipo que jugara parecido en todas las circunstancias y sumando a favor algo de convencimiento, había conseguido formar equipo y algo de eso le llenó a la gente, mucha de la cual sintió cuando el DT tuvo que partir.

Bolívar —su dueño y sus dirigentes— no le perdonaron la parte final de su campaña ni los gastos que provocó con cosas aparentemente menores aunque inéditas para el fútbol boliviano, y borró con el codo lo que escribió —se lo escribieron— con la mano. ¿Borrón y cuenta nueva?

Para colmo, la campaña local había sido deficiente. La decisión de Hoyos, de priorizar lo internacional, fue un mal paso y ahí está el noveno lugar (y el título que logró The Strongest en las mismas condiciones —en referencia a la participación copera—, siendo mucho más inteligente).

Se fue el DT y se fueron algunos jugadores. Los que vinieron no estaban al mismo nivel que los ya no celestes, sino más abajo. Eso se demostró en la segunda mitad del año en la cancha, amén de los resultados. ¿Acaso Lampe o Quiñónez es mejor que Argüello? ¿Yecerotte o Rentería le llega a los talones a Ferreira? ¿Albarracín reemplaza medianamente a Frontini?

Hubo un tira y afloje para nominar al nuevo entrenador. Dueño versus dirigentes. Se impuso el primero y llegó el cartel de otro “Ángel”, el español Miguel Portugal, en vez de su compatriota Xabier Azkargorta quien luego aterrizaría en la selección.

¿Habrá gente que diga que con Portugal, Bolívar juega bien? Tal vez él se lo crea, lo cierto es que el primer capítulo bajo su mando acabó a duras penas con un premio a la Libertadores del próximo año, mientras su rival de siempre se llenó la boca de títulos. Vendrá el segundo capítulo, más o menos con los mismos actores, porque no hay mucho margen para cambiar. Sí, hay que esperar que a Bolívar le vaya mejor, a pesar de ellos…

La columna de Ramiro Siles  Editor de Marcas La Razón

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