Fútbol

El Bolívar del ‘desahuciado’ Azkargorta

Se esperaba la catástrofe, pero nada de eso sucedió, vino el vasco y Bolívar se recuperó con espíritu combativo

Xabier Azkargorta celebra la clasificación de Bolívar a los cuartos de final de la Copa Libertadores.

Xabier Azkargorta celebra la clasificación de Bolívar a los cuartos de final de la Copa Libertadores. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel

00:00 / 28 de abril de 2014

Ha sido una insolencia de mi parte recordarle a alguno de sus detractores, luego del inesperado e inobjetable triunfo en México ante León (1-0), que Xabier Azkargorta era un desahuciado, que devolvía a los jugadores de Bolívar con kilos demás luego de convocarlos a la selección, que estaba acabado, que según Álvaro Peña, actual entrenador de Guabirá, había sido vencido por el tiempo. Incluso aquellos que en su momento lo atrajeron para un segundo aterrizaje en Bolivia empezaron a regar por todos los senderos del país la consigna de que su ciclo había terminado, que ya nada tenía que hacer con el llamado “equipo de todos” que al entrenador se lo mide por los resultados.

Examino la campaña de nuestra selección en las últimas eliminatorias y me quedo con la goleada ante Uruguay en La Paz (4-1), con el Hernando Siles duplicado en espectadores para el segundo tiempo del partido, gracias, otra vez, al pedido de apoyo de Azkargorta, quien terminó el todos contra todos conducente a Brasil 2014 con un empate en un amistoso contra Venezuela a domicilio (2-2) y otro contra Perú en Lima (1-1) en el último cotejo oficial. Para el cierre de este ciclo, será el propio Xabier el que conducirá a Bolivia en los encuentros amistosos a jugarse nada menos que frente a España campeona del mundo y contra Grecia.

Los mismos pájaros de mal agüero, gran parte de ellos bolivaristas, como lo confesara el propio presidente de BAISA —declaró que en una encuesta realizada a 500 hinchas, todos se manifestaron contrarios a la llegada de Azkargorta— esperaban la catástrofe final en el Maracaná luego de salir derrotados en Guayaquil frente a Emelec y empatar en La Paz frente a los hasta ese momento favoritos del León mexicano, pero nada de eso sucedió porque situado en la línea de cal en el estadio sede de la final de la próxima Copa del Mundo, el nuevo entrenador de Bolívar iniciaba una campaña ascendente con un planteamiento rigurosamente ordenado con dos líneas defensivas muy disciplinadas que fueron capaces de convertirse en el principio de los contraataques que les permitieron a los celestes ese 2-2 con el que comenzaron a revertir su adversa posición en la tabla hasta llegar, a fuerza de tres muy buenas actuaciones de visitante, a cuartos de final de la Copa Libertadores de América.

Otra vez el de Guipuzkoa comenzaba a demostrar su profundo conocimiento sobre los resortes de la cultura futbolística boliviana, bien sostenido en el liderazgo motivador que lo caracteriza y en el respeto que inspira, pues a partir de ese momento llegó el reordenamiento del vestuario, los brotes de indisciplina fueron aplacados, pero fundamentalmente Bolívar empezó a recuperar un espíritu combativo que desde Ángel Guillermo Hoyos hasta Miguel Ángel Portugal había sido tenue y desangelado.

¿Qué fue del publicitado Rudy Cardozo, que para muchos era la figura de los académicos? ¿No era el retorno de Damián Lizio una especie de tabla de salvación para remediar los desajustes de mitad de cancha para adelante? Para Azkargorta las cosas iban por otro lado, que se pronunció por una alineación básica en la que cuenta con tres pilares fundamentales: Romel Quiñónez, un portero excepcional al que se le debe por lo menos la mitad de la clasificación a octavos; Nelson Cabrera, marcador central que ordena la línea de fondo con autoridad, y Juan Miguel Callejón, volante ofensivo de gran movilidad que además fue el remedio circunstancial, mientras William Ferreira anduvo con la pólvora mojada.

Un equipo muy atento y eficaz para la recuperación y potente para el contraataque es el que armó el nuevo DT con el que los de Tembladerani consiguieron tres triunfos y tres empates, es decir, recibió el equipo con un punto en dos partidos y lo embaló con diez más en los cuatro siguientes encuentros para conseguir con empates de visita y local el arribo a cuartos de final. 

Ya se sabe que en el fútbol de la miseria a la gloria o viceversa hay milésimas de segundo. Es por demás previsible que las cosas serán complicadísimas contra Lanús, último campeón de la Copa Sudamericana, pero lo que deberá quedar fuera de duda es el vigente oficio de Azkargorta que con una plantilla de jugadores heredada ha sido capaz de reacomodar las piezas para maximizar desempeños, apelando a esa sagacidad que lo distingue para convencer a sus jugadores de creer profundamente en ellos mismos.

Julio Peñaloza Bretel

es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

Necesita siempre un DT carismático

La característica de juego en Bolívar ha tenido que ver en su historia con la calidad técnica de sus jugadores y con su vocación ofensiva. Xabier Azkargorta ha demostrado que dichos rasgos de identidad pueden ser perfectamente complementados por la entereza y el sacrificio, la garra y el espíritu de lucha, y que la propuesta táctica se define en función de las calidades y las limitaciones de la plantilla con la que se cuenta y por ello considera, por hoy, que la mejor apuesta pasa por la espera y el contraataque.

Bolívar andaba con el ajayu extraviado y el vasco lo está recuperando aceleradamente. Esto recuerda que la institución académica se ha distinguido en su historia por contar con entrenadores con imagen interna y externa, capaces de conectar con su multitudinaria hinchada, desde el griego Dan Georgadis, pasando por el alemán Edward Virba, el chileno Andrés Prieto o el argentino Reinaldo Carlos Merlo.

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