Fútbol

Todos menos el Chelsea

Un título El Chelsea conquistó su única Champions en el torneo 2011-2012, pero lo hizo bajo la dirección del italiano Roberto di Matteo.

Jugadores del Chelsea, y también sus hinchas, festejan el tanto de ayer ante el Liverpool (1-1). Foto: AFP

Jugadores del Chelsea, y también sus hinchas, festejan el tanto de ayer ante el Liverpool (1-1). Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza / La Paz

00:00 / 11 de mayo de 2015

Los campeones, casi campeones y aspirantes a campeones de las principales ligas europeas están en carrera por alcanzar la final de la Champions League.

El Barcelona y el Real Madrid son primero y segundo en la Liga española. El Bayern de Múnich, aunque acusando un bajón notable con cuatro derrotas seguidas en las últimas semanas, es el cómodo campeón de la Bundesliga. La Juventus encabezada por la prestancia de Andreas Pirlo consiguió el tetra campeonato de la Serie A italiana. Españoles, alemán e italiano están en las semifinales del principal torneo de clubes europeo y entre el martes y el miércoles sabremos cuáles dos de cuatro llegan a Berlín el 6 de junio. Están todos, menos el campeón de la Premier inglesa, el Chelsea, eliminado en cuartos de final por el PSG, pero que logró obtener el título nacional de la temporada 2014–2015 a cuatro fechas de la finalización del torneo.

En el último lustro es demasiado evidente que entre el Bayern y los tres mejor puntuados de España pueden encontrarse los mejores desempeños competitivos en el concierto europeo. Italia, en términos generales, varios peldaños más abajo, ha logrado esta vez colarse a fuerza de catenaccio y buenos definidores —Tévez, Vidal, Llorente— entre los cuatro aspirantes, saliendo de un contexto en el que hasta el gran AC Milan navega en las aguas de la crisis, atrapado en la intrascendencia, pero lo que mueve a gigantesca pregunta es lo de Inglaterra, considerándose que cuenta con el torneo doméstico más competitivo del mundo, pero que en el último tiempo no logra traducir la competitividad y el brillo de su Liga nacional en la Champions o en la Europa League, ya que la mayoría de sus equipos se mueven entre la fase de grupos y en el mejor de los casos los octavos de final.

Los azules dirigidos por José Mourinho practican ese fútbol reactivo que horroriza a los amantes de la belleza del juego y así se han impuesto a aquellos que saltan a los campos ofreciendo intensidad, potencia física y juego ofensivo como el Arsenal, Manchester City, y Liverpool, más el Manchester United de Louis Van Gaal, azotado por la irregularidad de sus actuaciones, contando con una plantilla de futbolistas notables con los que a primera vista debiera estar siempre peleando los dos primeros lugares. Sucede que Mou es muy astuto y como su autorreferencialidad lo gobierna, agita una guerra muy personal que se produce no más allá de su propia cabeza, y a veces de su desmesurada lengua,  contra el resto de los entrenadores top, con el matiz excepcional de Diego Simeone que cree en un juego parecido, solo que sin la flema luso-británica, y con toda la pasión de su identidad rioplatense para que el Atlético de Madrid sea el equipo del coraje y del sacrificio in extremis.

Esa guerra personal sostenida con obsesividad y virulencia verbal pasa casi siempre por declaraciones que por encima de las convicciones contiene carga venenosa que pone en evidencia que cuando por ejemplo elogia a Lionel Messi, como ha hecho en las últimas horas, no lo hace porque genuinamente le haya nacido la alabanza de unas convicciones personales, sino del cálculo para meterle un codazo al pasar a Cristiano Ronaldo, a quien reverenciaba como al indiscutible mejor jugador del mundo, pero con el que terminó a los tortazos en el histérico vestuario instalado por él mismo cuando dirigía al Real Madrid.

En este contexto, Mourinho es un gallo que canta en su corral londinense, pero que no logra plasmar su idea de juego basada en el error del adversario, pues son los que él critica o impugna conceptualmente los que van llegando más lejos de los certámenes del viejo mundo, léase, especialmente, Pep Guardiola.

El Chelsea conquistó su única Champions en el torneo 2011-2012, pero lo hizo bajo la dirección del italiano Roberto di Matteo y por penales, y desde entonces, el equipo de propiedad del ruso Román Abramovich estuvo empeñado en el regreso de Mourinho, cosa que consiguió, pero que paradójicamente, dominando en la Premier, habiendo obtenido siete títulos nacionales en cuatro temporadas —2004-2005; 2005-2006; 2007-2008 y 2014-2015—, no pudo obtener ningún gran premio más allá de sus fronteras.

Mientras el Barcelona le gana 8-0 al Córdoba, y con un escore de ese tamaño pone en el tapete las insultantes diferencias de presupuesto entre los grandes de España y los demás, la distribución de los derechos televisivos en la Premier es mucho más proporcional y equitativa como para que todos puedan recibir montos que les permitan encarar cada temporada con cierta holgura, de tal manera que las diferencias entre los grandes, habitualmente ganadores, no sean tan disparejas y el pelotón de equipos que pelean las plazas para los torneos internacionales sea siempre mayor en diversidad, lo que hace que los campos británicos posean la marca número uno en materia de deportividad y sentido de competencia, a sabiendas de que siempre tendrán ventaja los que cuentan con los recursos para fichar a los mejores jugadores del mercado mundial.

En el pequeño universo de las ilusiones ganadoras de los seguidores de los legendarios y muy antiguos equipos ingleses, el Chelsea es el que más ha ganado en la última década, pero su estilo de juego no le ha redituado internacionalmente los éxitos alcanzados en casa propia y de esto tampoco escapan los otros grandes clubes, ya que el otro inglés que ha ganado la Champions en este siglo, el Manchester United (triunfo sobre el Chelsea de Mourinho, temporada 2007-2008), ahora paga el precio de la salida de Alex Ferguson que dirigió a los devils durante algo más de cuarto de siglo, y al que convirtió en el más ganador de la historia dentro y fuera de Inglaterra.

El fútbol sin alambrados, sin fronteras vigilantes y castigadoras entre aficionados y jugadores se practica en Inglaterra, su civilidad contrasta con los que ya son cada vez menos enérgicos hooligans, puñado de violentos barras bravas que viajan a hacer desmanes cuando debe jugar su selección y terminan siendo devueltos por autoridades de Migración antes de que la sangre pueda llegar al río.

Barcelona, Real Madrid, Bayern de Múnich y Juventus van en  busca de la gloria este martes y miércoles, 13 y 14 de mayo, Mourinho y sus muchachos del Chelsea, el club en el que se siente a sus anchas como en ningún otro, tendrán que esperar nuevamente otro año, y deberán conformarse con ver los últimos tres partidos de la Champions por televisión.

Julio Peñaloza Bretel es periodista. Encargado de la Historia y Estadística de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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