Fútbol

Ciudadanos del mundo

¿Extranjeros o nacionales? Nunca faltan los que pretenden reavivar la vigencia de un falso dilema en el fútbol, que hoy como nunca antes, es de aquí y de allá, nos pertenece a todos y cuenta con la potencia para generar un permanente intercambio de experiencias y diálogo intercultural. A este columnista, si las decisiones pasan por las convicciones profundas, le resultaría más que interesante que Cabrera, Sánchez Capdevila o Callejón del Club Bolívar, pudieran acceder a la ciudadanía boliviana y probablemente vestir la camiseta de nuestra selección.

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel

00:45 / 06 de marzo de 2015

Hay un pseudoperiodismo canalla que suele utilizar personajes con afanes distantes a los de informar y orientar opinión, y en esas coordenadas de unos reductos televisivos y radiofónicos alentados por fijaciones personales con tendencia permanente al linchamiento mediático, ha caído lamentablemente hace algún tiempo, el ahora vacante entrenador Eduardo Villegas que según la cuenta Twitter @PepePomacusi habría afirmado lo siguiente: “No me gusta la designación de Pablo Burtovoy, tenemos debilidad por los extranjeros: Eduardo Villegas sobre nuevo MÁNAGER de Selección (12:10 PM 25 feb 15)”.

Los programas televisivo y radiofónico en los que es maliciosamente utilizado Villegas pasan por despistadas y descriteriadas afirmaciones como la siguiente: “FBF_Fútbol contrata a Pablo Burtovoy, arquero argentino casi siempre suplente como MÁNAGER de la selección. Por qué? (5:27 PM 24 feb 15)”.

Lo primero que debe saber el grupículo de malintencionados que aguarda agazapado para que la selección boliviana resbale en la pista del fracaso es que el señor Burtovoy fue contratado por solicitud del seleccionador Mauricio Soria, quien ha requerido su concurso no para que sea arquero titular o suplente, sino para tareas vinculadas a las necesidades del cuerpo técnico que el entrenador cochabambino tiene programadas en su  intensa dinámica de trabajo y para las que el mencionado profesional argentino se ha preparado académicamente.

Lo penoso no es, por cierto, que Villegas como algunos otros, acuda presuroso al llamado para avivar una polémica con ribetes fascistoides que las sociedades con vocación cosmopolita han superado hace más de medio siglo, dejando atrás el estigma “extranjero” con el que se procedió al exterminio de más de seis millones de judíos en la Alemania hitleriana.

Lamentable por Villegas que hace algunas semanas informaba que había interés por sus servicios en el club Emelec de Ecuador, supuestamente por recomendación del saliente Gustavo Quinteros, asunto que después fue desmentido por el propio argentino-boliviano que se hará cargo de la selección de ese país. De haber sido cierta esa versión, el cinco veces entrenador campeón con clubes de la Liga boliviana se habría convertido automáticamente en un “extranjero” recién llegado a Guayaquil y estoy seguro que una “bienvenida” parecida a la que él mismo le dispensó a Burtovoy, le habría caído como balde de agua helada, declarando a los cuatro vientos ser víctima de discriminación.

El chauvinismo, el provincianismo y la envidia son enemigos de la práctica universal del fútbol, caracterizado cada vez de manera más rotunda por sus características de interculturalidad como se puede observar, por ejemplo, en ligas como la inglesa o la alemana donde actúan blancos, negros y amarillos, defendidos por igual cuando se trata de combatir el racismo y el desprecio eurocéntrico de quienes en lo más profundo de sus oscuridades, van prepotentes por la vida, proclamándose raza única de la especie humana en pleno siglo XXI.

Al contrario de los que piensan como Villegas, me pronuncio por llenar nuestro deporte de extranjeros con formación profesional como no la tenemos aquí, con amplia visión de ciudadanía del mundo, y con la suficiente sensibilidad para comprometerse con los niños y jóvenes de Bolivia que necesitan de la guía de quienes saben más que los de aquí, que con formadores de formadores como por ejemplo el montenegrino Dussan Draskovic, hace más de tres décadas afincado en el Ecuador y dedicado a viajar por todo el territorio nacional gracias a un progama financiado por el gobierno de Rafael Correa para multiplicar el número de entrenadores de fútbol en las zonas rurales del país de Álex Aguinaga y Antonio Valencia.

Esos “extranjeros” a los que se refiere Villegas con una estrechez de miras que alarma, dado su recorrido como entrenador de fútbol, le han dado grandes satisfacciones al fútbol boliviano: Danilo Alvim, brasileño, seleccionador en 1963; Xabier Azkargorta, vasco, seleccionador en 1993-94 y vamos más atrás todavía para masajearnos la memoria como corresponde con nombres como los de Mario Rojas, Raúl Álvarez, Juan Américo Díaz y Juan Farías, argentinos naturalizados y protagonistas de la selección en la eliminatoria de 1969 que estuvo muy cerca de clasificar para la Copa del Mundo México 70.  Sigamos: Carlos Trucco, Luis Cristaldo y el mismo Gustavo Quinteros llegaron desde Argentina y Paraguay para transpirar la verde como el boliviano nacido en sus entrañas más profundas.

Hay, en cambio, y felizmente, hombres del fútbol boliviano que viven sin complejos y entienden de qué se trata este asunto, y por ello han recibido de la mejor manera al señor Burtovoy que ha declarado para la revista Marcas Plus de este diario que para él “es una bendición trabajar en Bolivia”. Esos hombres de fútbol forman parte del equipo de trabajo que dirige Soria y son, a saber: Alberto Illanes, de Uncía, Potosí; Mauricio González, paceño; Marco Vallejo, de Aiquile, Cochabamba; y Cristian Farah de Santa Cruz de la Sierra. A ellos no les incomoda que el mánager de la selección haya nacido aquí o allá, porque sus prioridades pasan por el compromiso y la excelencia en el trabajo, demostrando así que eso de mezclar pertenencias patrias con vocación por un juego que se practica en todos los confines del planeta es producto de complejos de inferioridad no superados.

Cuando juega Ronaldinho soy brasileño, cuando juega Messi soy rosarino, cuando juega Iniesta soy asturiano, cuando juega Touré Yaya soy marfileño, cuando juega Luis Suárez soy uruguayo, cuando juega James Rodríguez soy colombiano, y cuando juega Pablo Escobar soy paraguayo-boliviano. Es hora de superar tanta necedad, de confundir la identidad y la bandera con un juego que es de aquí y allá, y que debe sus más grandes logros a la interinfluencia entre sociedades, países y culturas, y eso de que los nacionalismos se acaban viajando, no se aplica en individuos que un día forman parte de la derecha más recalcitrante y nociva y luego se acomodan en la vereda de enfrente, porque sus existencias no están guiadas por principios, sino por fines. No me refiero, por supuesto, a Eduardo Villegas, quien lamentablemente es utilizado en una insignificante y perversa campaña de desacreditación sistemática de lo que haga o deje de hacer el seleccionador de Bolivia, Mauricio Soria.

Es periodista. Responsable de Historia y Estadísticas de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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