Fútbol

Corajudos colchoneros

Atlético de Madrid va a pelear partido a partido hasta que no pueda más

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:35 / 11 de abril de 2014

Diego Simeone va partido a partido, fortaleciendo su perfil como entrenador y la mística del Atlético de Madrid que ha logrado imponerse al Barcelona para acceder a las semifinales de la Champions League. Con una vocación humilde y sacrificada, los rojiblancos han ofrecido una gran lección de espíritu de lucha en instancias donde un error puede costar carísimo. Después de 40 años son semifinalistas y como creen tanto en sí mismos van a seguir buscando superar los desafíos que deben encarar a continuación.

La deportividad con la que el Barcelona ha saludado la clasificación del Atlético de Madrid, y la respuesta de los rojiblancos, confesándose honrados porque la felicitación provenga de un equipo de excelencia como el catalán, nos recuerda que hay una ética deportiva de vez en cuando desempolvada por quienes manejan en su diccionario de preceptos, el reconocimiento de la legitimidad del adversario, más allá de errores arbitrales y otras excusas propias de los que juegan a omnipotentes e imbatibles, a los que se les hace demasiado complicado admitir que alguna vez los de enfrente puedan superarlos.

El cuadro con la identidad del esfuerzo casi sobrehumano y el entrenador con las características ajustadas a esa identidad son los que acaban de sacar de carrera al equipo culé, acostumbrado durante las últimas siete temporadas a llegar a semifinales de Champions League. En efecto, el “Atleti” o el “Alético” es de esas instituciones bañadas de graderías populares y festivas que tiene a un cholo argentino dirigiéndolo con la misma enjundia que cuando era capitán de la selección argentina. Diego Simeone fue un gran jugador no por ser un virtuoso, sino por pertenecer al mayoritario ejército de los laburantes, de esos que deben trabajar el doble o el triple que los virtuosos, tocados por la varita del talento, para poder conseguir rendir lo más alto posible. Transitando de un empate a otro durante el último tiempo, en el que colisionaron la calidad contra la entereza, el depurado estilo contra la fuerza guerrera, los colchoneros hicieron gala del valor que tiene el sacrificio ahogando la salida de los de Martino, otra vez sorprendidos por la actitud avasallante y la potencia mental de sus contendores, como cuando los eliminara la pasada temporada el Bayern de Jupp Heynckes, y haciendo de la destrucción del rival, la construcción del triunfo propio.

Si no cuentas con las armas que tiene un grupo de solistas, pensarán muchos estrategas, apela entonces a las que pueda exhibir y poner en funcionamiento un batallón disciplinado que pelea cada pelota como si fuera la última, que para el caso, de ninguna manera tiene que ver con el habitual lugar común, sino, efectivamente, con un sobresaliente rasgo de identidad para ir en busca de objetivos. Por si no bastara con esa característica espartana, recordemos nada más la lista de goleadores que se consagraron en las filas del equipo de Joaquín Sabina en el último tiempo: Fernando Niño Torres, Diego Forlán, Sergio Kun Agüero, Radamel Falcao García y ahora Diego Costa. Y como si tal cosa no fuera suficiente credencial, la semana pasada Xavi Hernández declaraba a los medios  que Koke, el hacedor de este equipo, autor del gol de la clasificación, será el cerebro de la selección española por los próximos diez años.

Describe Diego Simeone que el Barcelona basa su fortaleza en la posesión y que su equipo lo hace a partir de la ocupación de los espacios. Pues bien, si esos espacios nunca quedan vacíos para la repentización de uno de los virtuosos del equipo rival, llámense Messi, Neymar o Iniesta, será muy difícil que el dominio con el balón no termine convirtiéndose en una sucesión de choques contra los volantes de contención o los marcadores centrales de ese equipo tan disciplinadamente táctico que en el partido del miércoles en el Vicente Calderón ni siquiera tuvo que apelar al recurso de la falta como última posibilidad para neutralizar los habituales circuitos fluidos de los azulgranas, ya que fue suficiente con estar en el momento justo y las piernas en su lugar para no cansarse de recuperar y recuperar.

Al final del partido, las declaraciones de unos y otros se caracterizaron por el reconocimiento de las virtudes ajenas y los errores propios en el caso del Barcelona, y las fortalezas que enorgullecen por haberle ganado a un gran rival en el del Atlético de Madrid. Como insiste siempre Xabier Azkargorta, no a las excusas, no a la descalificación del triunfo ajeno, no a la ironización de la derrota del otro, aunque el árbitro se haya equivocado como casi siempre sucede no cobrando penales para uno y otro bando. ¿Qué quiero significar con esto? Que el llamado juego limpio no debería circunscribirse a las acciones de un partido, sino, como en este caso, al comportamiento dominante de todos los responsables directos del hecho futbolístico —jugadores, entrenadores, intermediarios, dirigentes, sponsors, managers— cuando se trata de celebrar algo, tratando de eludir la fácil tentación de meter codazos al pasar contra quienes convenga coyunturalmente.

El Atlético de Madrid del Cholo Simeone va por más. Tiene la posibilidad de seguir avanzando en Champions, pero más ventajosamente por ser primero en la tabla, de conseguir el título de la liga española. Con un Barcelona golpeado por la eliminación, anímicamente disminuido, y un Real Madrid saturado de su propia egolatría, exhibiendo un escuálido desempeño contra el Borussia Dortmund en Alemania, los colchoneros van a seguir peleando partido a partido hasta que no puedan más y, por lo visto, eso de seguir creciendo casi ilimitadamente tiene asidero.

En el contexto del último tramo de la Champions League, los otros tres semifinalistas tienen demasiada experiencia en estas lides, y con el indiscutible triunfo del Bayern de Munich sobre el Manchester United, el ahora equipo de Guardiola amenaza con meterse por tercera vez consecutiva en las finales y buscando el bicampeonato, para refrendar, bajo otra dirección táctica, por qué es el campeón alemán con siete fechas de anticipación, mientras Mourinho estará esperando agazapado jugar con su Chelsea frente al Real Madrid a fin de ajustar cuentas que él considera pendientes. El Atlético de Madrid que llega a esta instancia después de cuatro décadas va a seguir haciendo lo mismo: luchando y creyendo en sí mismo con una fortaleza anímica hasta aquí demostradamente inquebrantable.

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