Fútbol

Corinthians del pueblo

Corinthians es de los obreros, su juego pasa por la laboriosidad y el esfuerzo

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

03:04 / 06 de julio de 2012

Dos equipos de enorme arrastre popular rivalizaron por la última Copa Libertadores de América. Ganó el brasileño, que tiene una sorprendente y ejemplar historia vinculada a la mismísima democracia de su país, liderada por el ya legendario Sócrates, figura estelar de la selección brasileña de los años 80.

Si el partido de ida jugado en La Bombonera había sido pesado y cansino, el de vuelta en el Pacaembú de Sao Paulo fue entrecortado, impreciso y feo, aunque ciertamente intenso y emocionante para los torcedores del Corinthians, que están celebrando por primera vez en su épica historia, la obtención de la Copa Libertadores de América.

Boca quiso controlar el juego con iniciativa y siempre con la brújula de Juan Román Riquelme, pero éste que acaba de despedirse del equipo de sus amores por sentirse vaciado de motivaciones, cumplidos sus 34 años, tuvo una actuación plagada de altibajos como ya había sucedido la semana pasada cuando de un balón robado de sus pies nació la jugada para que el apenas ingresado Romarinho anotara el 1-1 al filo de la expiración del tiempo reglamentario.

Corinthians le da al Brasil, por tercer año consecutivo, el principal trofeo sudamericano de clubes (Inter y Santos son los anteriores campeones) con el mérito de un trayecto invicto con un solo gol soportado en puerta propia en condición de local —siete triunfos y seis empates— y haciendo felices a los 33 millones de hinchas con los que cuenta y de los que destaca Luiz Inacio Lula da Silva, expresidente del Brasil y líder histórico del Partido de los Trabajadores (PT).

Si el Palmeiras es la escuadra de la clase media, el Sao Paulo la de los “niños bien”, el Corinthians es el equipo de los obreros —de hecho su estilo de juego pasa por la laboriosidad y el esfuerzo— y los sectores populares con el inusual ingrediente que le pone a esta historia su principal héroe, Emerson, que hizo los dos goles la noche del miércoles y que de la “brincadeira” de felicidad que ha significado este triunfo está cerca de ser conducido a prisión por enfrentar cargos por importación ilegal de autos y lavado de dinero, causa por la que será juzgado en una semana, y asunto sobre el que existirían escuchas telefónicas que lo comprometen seriamente y podrían significarle entre 4 y 14 años de reclusión.

Emerson al que todos los seguidores corinthianos alaban por estas horas y que se pasó todo el partido forcejeando, y amenazándose con el zaguero xeneize Matías Caruzo, tiene antecedentes delictivos desde los 18 años cuando usaba su nombre original, Márcio Passos de Albuquerque. Fue su padre quien le propuso cambiarse el nombre y la edad, para comenzar de nuevo en el mundo del fútbol. Se quitó el último apellido y se rebajó tres años. Fue convocado por la selección Sub-20, luego de tener un nuevo paso por inferiores y un debut exitoso. El año 2006, fue arrestado por la falsificación de sus papeles, en Qatar, donde había sido contratado por el club Al-Sadd. Supo esconder con astucia el haber sido convocado a la selección juvenil brasileña, y jugado para la selección mayor, dos amistosos y un partido de eliminatorias, utilizando su primer nombre, el real, de modo que no había registros de él en la FIFA. Tuvo que pagar una fianza de 105 mil reales para no ir a la cárcel.

Se sabe que los aventureros que caminan al filo de la legalidad, para finalmente transgredirla, tienen orígenes sociales frecuentemente vinculados a la marginalidad y a la exclusión, y será por ello que la presencia de Emerson en el Corinthians encaja perfectamente en la identidad del club y en su profunda vinculación con la historia política social reciente del Brasil cuando en el año 1981, Sócrates y Adilson fueron los cabecillas de “una aventura deportiva, humana, social y política de una coherencia excepcional. Una aventura ejemplar, si el deseo es tener jugadores adultos y responsables, ciudadanos de verdad”. (Revista Al Arco Nº 1, mayo de 2001, Buenos Aires-Argentina).

¿De qué se trata el asunto? Cuando Brasil se encontraba sojuzgada por regímenes dictatoriales, desde el golpe de Estado contra el presidente Joao Gulart (1964), la escena fue dominada por los generales Castelo Branco, Costa e Silva, Medici, Geisel y Figueredo hasta mediados de los 80, cuando se mataba y torturaba a diario y se encarcelaban estudiantes, el jugador Adilson fue preso y presidía la CBF el almirante Helenio Nunez. Pues bien, fue en ese contexto que se inició la “Democracia Corinthiana” con denuncias como esa que señalaba que el 90 por ciento de los futbolistas se encontraba en condiciones inhumanas y el 70 por ciento percibía menos que el salario mínimo.

Fue a partir de ahí que Adilson y el gran Sócrates, recientemente fallecido producto del alcoholismo, consiguieron, a la manera de un sindicato, que los jugadores recibieran el 25 por ciento de las recaudaciones, con todos los componentes del equipo asociados a sus beneficios, incluidos el utilero, el masajista, los médicos y el chofer.  Además, lograron que se les entregara el 20 por ciento de lo percibido por conceptos de esponsorización y derechos de televisión.

Fue tan revolucionario este movimiento futbolístico sindical en plena dictadura, que se lograron conquistas que pasaron por la horizontalización de las relaciones con la dirigencia, consiguiendo un psicólogo para el grupo que ayudó al cuerpo técnico a un conocimiento cualitativamente distinto en lo individual y en lo colectivo. En pocas palabras, democracia en un club de fútbol en plena dictadura, “donde todo era extremadamente racional y hasta fascista” según narra el propio Sócrates que había llegado del Botafogo Ribeirao Preto en 1978, cuando otra dictadura, la de Argentina, propiciaba y llevaba a cabo la Copa del Mundo.

Tan gravitante fue este movimiento que el periodista Luiz Fernando Rodrigues “Peninha” afirma que “a través de un deporte se entiende  a un país social y culturalmente. A través de lo que fue la Democracia Corinthiana se entiende al Brasil que luchaba contra la opresión”.

Estos son fragmentos de la fascinante historia de este nuevo campeón de la Libertadores que contribuyó decisivamente a la democratización de Brasil y hoy tiene en sus filas a un controvertido personaje que de héroe futbolístico campeón de América puede pasar súbitamente a delincuente ciudadano de a pie, común y corriente. Por lo hecho en la cancha y por toda su gran historia, Corinthians se lo merecía.

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