Fútbol

Demasiados fusibles quemados

El torneo Apertura se ha devorado varios entrenadores. Sólo Bolívar, The Strongest y Universitario no han cambiado

El argentino Néstor Clausen, quien renunció a Wilstermann.

El argentino Néstor Clausen, quien renunció a Wilstermann. Foto: Pedro Laguna-archivo

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel - es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

02:46 / 02 de diciembre de 2013

El lugar común nos lo recuerda: el fusible del fútbol es el entrenador y se cambia con la facilidad con la que se lo hace en la más compleja instalación eléctrica, sin que ésta deba sufrir alteraciones significativas en su regular funcionamiento, aunque en el caso boliviano las alarmas saltan una y otra vez, siguen sonando, pero de tan mediocre y confuso que es el panorama, parece que ya nos acostumbramos a que los estados de emergencia formen parte de una rutina silenciosa en la que ya no queda lugar para la sorpresa y la inquietud.

Con las excepciones de Bolívar, The Strongest y Universitario, todos los clubes del llamado profesionalismo boliviano han cambiado de entrenadores durante este torneo, algunos de ellos en dos y hasta en tres oportunidades. Todo un récord. De esos récords al revés de los que por supuesto nadie podría sentirse orgulloso. Esto quiere decir que en un torneo de 12 equipos, nueve de ellos han removido de sus banquillos a quienes, seguramente, se les encontraron demasiados desatinos y derrotas como para decidir con prisa y sin meditación, sus inmediatos alejamientos, como si la sustitución en pleno desarrollo de una competencia fuera a componer las cosas de un rato a otro.

Dos periodistas y una sui generis hinchada acobardaron al entrenador de Wilstermann (Néstor Clausen). El de Real Potosí (Julio César Baldivieso) decidió irse buscando cualquier pretexto, probablemente porque el ofrecimiento de Sport Boys resultaba tentador (Edgardo Malvestiti fue despedido luego de la derrota frente a The Strongest) y como el reglamento dice que no se puede trabajar en dos equipos en un mismo torneo, decidió que iría al frente su segundo (Luis Cristaldo) a la hora de las formalidades reglamentarias. Finalmente, el “operativo Baldivieso” se vino abajo y el equipo de Warnes ha optado por provocar el debut forzado de Sergio Galarza en la dirección interina, con el apoyo de su compañero Thiago Leitao, con lo que suman seis técnicos provisionales solamente hasta la finalización del Apertura. ¿Es esto serio? ¿Con este tipo de conductas se puede hablar de un verdadero profesionalismo, con el antecedente inmediato de los negativos resultados obtenidos por todos nuestros equipos participantes en los dos torneos sudamericanos de clubes?

A partir de la constatación de tan exótico panorama cabe preguntarse, a continuación, si en Bolivia contamos —no con los dedos de una mano— con entrenadores de fútbol debidamente formados, con las credenciales académicas al día, y alguna experiencia que les permita desenvolverse con seriedad y coherencia dirigiendo nuestros muy débiles, lentos y poco competitivos equipos. Veamos: El ex de Oriente Petrolero, Roberto Pompei, argentino. El de Blooming, Gustavo Díaz, uruguayo. Los también cesados Víctor Zwenger, Claudio Chacior y Edgardo Malvestiti, argentinos. David de la Torre de Guabirá, mexicano. El botado de Aurora, Víctor Cano y el de Bolívar, Miguel Ángel Portugal, españoles. ¿Y los de aquí, supuestamente formados? Los únicos tres con cierta continuidad y solidez, Eduardo Villegas de The Strongest , Mauricio Soria de Real Potosí y Javier Vega de Universitario de Sucre, porque Víctor Hugo Antelo y Sergio Apaza aguantaron una salva de cohetes.

Echar entrenadores de la forma en que se hace en Bolivia es fácil pero erróneo, si se tiene un mínimo sentido común de cómo deben trabajarse y afianzarse las plantillas, y en este alarmante e incomparable caso en Sudamérica, poner-sacar técnicos como pañuelos, no significa otra cosa que decisiones desesperadas de unos directivos impotentes que todavía parecen no saber que el problema es mucho más profundo, que las dificultades en un contexto de competencia muy deleznable pasan por la alarmante falta de renovación de valores, por la adquisición de futbolistas extranjeros de quinta o sexta fila que consolidan el estancamiento y por la inexistencia de estructuras deportivas capaces de contar con divisiones menores. No son los entrenadores el problema principal, entonces, sino la muy vulnerable estructura de la gran mayoría de los clubes en los que no se reflexiona lo suficiente como para llegar a la simple constatación, que los proyectos futbolísticos necesitan visión estratégica y tiempos prudenciales de maduración.

La excepción de Marcos Ferrufino

Dos temporadas y media estuvo al frente de San José Marco Ferrufino (foto), quien se marchó del equipo orureño por desavenencias con los directivos, y no por asuntos de orden deportivo o de resultados, pues el equipo santo, con un sistema de funcionamiento que lo sitúa en el primer lugar de la tabla de posiciones, le pasó la posta a Juan Carlos Paz García al que, al cabo de seis fechas bajo su mando, los números le sonríen con serias posibilidades de conseguir el título.

A pesar de también haber fracasado en la Copa Libertadores, Ferrufino les dejó a los santos unas pautas de trabajo con una alineación regular, que les permite situarse un poco por encima del muy deficitario nivel de juego expuesto por la mayoría de los equipos de una liga que de profesional parece tener sólo el nombre.

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