Fútbol

Esperando a Luis Suárez

Messi va camino a convertirse en el 10 que arranca desde la mitad, arma y asiste

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:02 / 03 de octubre de 2014

El Barcelona modelo Luis Enrique conserva intacta su filosofía en la que predomina la mística resultante de un espíritu colectivo. Con sus grandes antecedentes “delictivos” en los campos de juego, solamente a ese club se le podía ocurrir que lo de Suárez no pasara por la vigilancia y el castigo, sino por los correctivos y la reinserción, porque es justamente la mentalidad producto de una filosofía y de una identidad institucional las que facilitan que el futbolista sea visto y tratado, en primerísimo lugar, como persona, y luego como lo que pueda ser con la pelota.

En el maremágnum de los fichajes, el Real Madrid juega a conmocionar los medios, mientras el Barcelona, fiel a su talante, hace las cosas eludiendo la rimbombancia y tratando de pegar en el blanco, cosa solamente comprobable en la cancha. Mientras en la Casa Blanca se producía un atoramiento en la Entrada/Salida con la llegada de James Rodríguez y Tony Kross en primer lugar, y la salida de Ángel DiMaría y Xabi Alonso a continuación, al Camp Nou arribaron con discreción los porteros, el alemán Ter Stegen, y el chileno Claudio Bravo,  el croata Ivan Rakitic para insuflarle vitalidad al medio terreno y ese depredador del área, procedente la República Oriental del Uruguay, Luis Suárez, todavía pasible a una sonada sanción producto de una vampiresca acción contra el italiano Giorgio Chiellini en la última Copa del Mundo.

Lionel Messi se ha encargado de establecer límites diferenciadores cuando ayer ha contestado a los medios que él no vive para competir con Cristiano Ronaldo, que los premios individuales son los que menos le interesan y que su prioridad está concentrada en trabajar por su equipo para conseguir los próximos objetivos de competencia. En ese contexto, el Barcelona modelo Luis Enrique, exjugador destacado de la casa, pero primero figura de sus archirrivales merengues, conserva intacta su filosofía en la que predomina la mística resultante de un espíritu colectivo que ha sufrido su primer revés con la derrota frente al PSG (3-2) en la Champions League que se juega en fase de grupos.

El nuevo Barça conserva su médula espinal y su columna vertebral con algunos matices posicionales significativos: Messi, tal como lo hizo con su selección subcampeona en el último Mundial, va camino a convertirse en el 10 que arranca desde la mitad del campo, arma, asiste y cuando las condiciones están dadas, pasa hacia los últimos metros para convertirse en el anotador que en su momento asombró al planeta. El nuevo entrenador lo quiere explosivo, pero con la experiencia acumulada, y el virtuosismo que le da un superlativo valor agregado, lo quiere fundamentalmente cerebral para que Neymar desborde y se meta para adentro por izquierda, y cuando llegue el momento, Luis Suárez esté en condiciones de irrumpir por derecha, realizando trayectos parecidos, apelando a su infernal capacidad definidora.

Las imágenes más vibrantes de la temporada pasada en el fútbol europeo las ha ofrecido precisamente Luis Suárez que con la roja del Liverpool terminó goleador y mejor futbolista de la Premier inglesa. Hizo de las suyas convirtiendo y haciendo paredes con Daniel Sturridge como se le pegó la gana, al punto que en la parte superior de la curva de rendimiento, el goleador charrúa eclipsó a sus colegas del viejo continente con habilidades y efectividad concordantes, pero con una repentización para las últimas jugadas dignas de mil y una repeticiones televisivas. Cuando todo apuntaba a que los Reds se llevaban el título, en los tramos finales del torneo, volvió a quedar comprobado que de las ligas europeas, la inglesa es la más competitiva porque siempre tiene a cuatro-cinco equipos peleando hasta las últimas fechas por el podio.

Cuando todo apuntaba a que Suárez enfilaba hacia el estrellato entre los mejores de Brasil 2014 con su rutilante desempeño frente a Inglaterra convirtiendo el doblete del triunfo, este chico de barrio con historia épica muy latinoamericana, novia-esposa e hijos incluidos, no tuvo mejor arranque contra Italia que reincidir en su ansiedad mordedora que le está costando una sanción de cuatro meses y una crucifixión social apoyada en el fair play que condujo al presidente de su país, José Mujica, a tachar de “manga de viejos hijos de puta” a los personeros de esa corporación controvertida y tantas veces contradictoria, llamada FIFA.

Con tan grandes antecedentes “delictivos” en los campos de juego, solamente a un club como el Barcelona se le podía ocurrir que lo de Suárez no pasara por la vigilancia y el castigo, sino por los correctivos y la reinserción, porque es justamente la mentalidad producto de una filosofía y de una identidad institucional las que facilitan que el futbolista sea visto y tratado, en primerísimo lugar, como persona, y luego como lo que pueda ser con la pelota en sus pies. Así se comprenderá que los blaugranas deben estar trabajando afanosamente para que la cabeza y las emociones de Suárez encajen en el ideario del club y así contar con un trío sudamericano de solistas capaces de seguir enalteciendo el imperativo de la pelota contra el piso, el juego a un toque, y las escapadas aventureras e inciertas que solo son capaces de concluir felizmente los que saben embocarla como estos tres grandísimos intérpretes del arte futbolístico.

Mientras el Madrid inició la temporada rengo, con dos derrotas al hilo, dos goleadas reivindicadoras apabullantes y un dificultoso triunfo frente al Ludogorest de Bulgaria en Champions, el Barcelona que había comenzado la liga española aplastando a sus rivales, se encontró con la incuestionable labor del PSG en materia de balones detenidos, y aunque no hay desastre a la vista como mal lo presagiara su entrenador cuando se refirió hace alguna semanas acerca de lo que podría suceder con una derrota, los catalanes deben insistir, otra vez, en el ajuste de tuercas de Sergio Busquets para atrás, es decir, en lo que deben hacer Gerard Piquet y Javier Mascherano en la zaga central y con lo que puedan aportar las nuevas incorporaciones en defensa, el francés Jeremy Mathieu, y el belga Thomas Vermaelen.

La Ciudad Condal espera ilusionada esta nueva empaquetadura de un equipo con un sello difícilmente extinguible, y aunque Xavi Hernández ha tenido que resignarse al banquillo para dar paso a la movilidad de Rakitic, Messi está acumulando nuevas tareas que puede desempeñar sin dificultades, teniendo al lado al cerebro de tantos años, a Andrés Iniesta, tan criticado en el último tiempo, que vuelve a ser la manija del equipo, en suma, el coautor para que el 10 rosarino haya llegado a consagrarse como el mejor jugador del planeta, en este impredecible juego en el que ni el más genial de sus héroes juega solo.

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