Fútbol

¿Fútbol de autor o identidad histórica?

Guardiola fue ‘barcelonizando’ a un equipo que jugaba verticalmente

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:00 / 25 de abril de 2014

El Bayern Munich perdió por mínima diferencia con el Real Madrid, pero para el encuentro de vuelta a jugarse en Alemania, Pep Guardiola intentará otra vez demostrar que su sello táctico puede perfectamente funcionar con unos jugadores hasta hace un año acostumbrados al vértigo atlético. El catalán es impresionante, en tiempos de un atroz utilitarismo, sigue empeñado en demostrar que no solo se trata de ganar, sino de hacerlo con excelencia, poniéndose él mismo los obstáculos que solo inventa un perfeccionista.

Vertical, intenso y eficaz era el Bayern Munich de Jupp Heynckes. Con argumentos tan contundentes llegó a las finales de Champions League en las dos temporadas pasadas, consiguiendo el título en la última, aplastando en semifinales al Barcelona de Tito Vilanova-Jordi Roura, quienes recibieron la posta de Josep Guardiola que luego de su sabática estancia neoyorkina, decidió aceptar, precisamente, el difícil reto de dirigir al más importante equipo germano de todos los tiempos, debido al retiro de su septuagenario y extraordinario entrenador.

Quien quiera enterarse con detalle y en profundidad cómo Pep fue construyendo la nueva versión del otra vez campeón de la Bundesliga, debe ingresar en el sitio www.martiperarnau.com para leer un conjunto de extensos artículos en los que abundan los pormenores tácticos de cómo el catalán nacido en Sampedor fue “barcelonizando” a un equipo que jugaba con campo organizado verticalmente en tres, donde por las bandas se ejecutaban slaloms y por adentro se apelaba a expeditivos movimientos a fin de batir porterías lo más rápido posible. Dicho sea de paso, el autor de estas muy elaboradas lectoescrituras se llama Ignacio Archondo, boliviano, estudiante de economía que reside en Alemania y para quien el fútbol parece, en alguna medida, una ciencia. Ojalá ciertos conductores radiofónicos y televisivos de nuestro medio pudieran leer estos textos para aprender cómo se analiza a un equipo de cabo a rabo.

Luego de años de aprendizaje a través de las vertientes holandesa encabezada por Johan Cruyff y argentina, línea Marcelo Bielsa, Guardiola ha dado muestras de poseer la doble cualidad de  formador en La Masía y entrenador de élite en el Camp Nou, lo que le permitió, gracias a una plantilla excepcional y seguramente incomparable, construir una forma de jugar que para los editorialistas gráficos agudos se representa cual si fuera un ovillo de lana desmadejado, o el primer dibujo hecho por un niño que da sus primeros pasos y tiene dificultades para manipular un lápiz. Ese rayoneo circular sobre un papel es en realidad el compendio que certifica la posibilidad de hacer del juego ofensivo un asunto tan planificado como el defensivo, destruyendo el cliché que señala que “la  defensa se planifica y el ataque se improvisa” y eso ha vuelto a quedar demostrado con los primeros veinte minutos en los que el equipo bávaro no le dejó tocar el balón al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, metiéndole un pressing desenfrenado con Robben como cancerbero apenas se producía la salida desde la meta de Casillas.

Esta polifuncionalidad que tiene su fundamento principal en la tenencia de la pelota para atacar y concretar es por la que se ha pronunciado admirado Karl Heinz Rummenigge y tiene indigestado a Franz Beckenbauer. El primero afirma que jamás vio a un entrenador trabajar como lo hace Guardiola y el segundo dice que es tan exasperante esto de tocar y tocar que cuando se llegue a la puerta del arco, en lugar de introducirla, es probable que los jugadores decidan retroceder para recomenzar la jugada.  Embelesado Rummenigge y fastidiado el Kaiser, lo cierto es que el Bayern logró ganar la Bundesliga con siete fechas de anticipación y que el riesgo de la posesión es la improductividad, la falta de puntería y peor si al frente hay un equipo que tiene mastines en la línea de fondo como Pepe y Sergio Ramos, y que de contraatacar se las sabe todas como lo demostraron Luka Modric y Karim Benzemá.

El Bayern jugó y jugó, tuvo entre el 75 y 65 por ciento del tiempo la pelota, y el dibujo de Carlo Ancelotti, que se reduce a dos puntos y una raya,  y nada tiene que ver con garabatos en los que abunda el pase y la triangulación, es el que da cuenta de la eficacia total traducida en un contraataque y el gol del triunfo. El entrenador italiano, renuente a los incendios mediáticos de su antecesor en banquillo tan poderoso, matizó sin ánimo de polemizar: “La posesión es importante, pero no lo es todo”. Hagámolsa cortita y sin vueltas entonces: la posesión era irrebatible cuando los que tocaban en su momento de esplendor eran Iniesta, Xavi y Messi, que tenían con quién ir secundados para adelante con laterales habilidosos, rápidos y capaces, incluso, de llegar a posiciones de gol.  Es decir, la posesión funciona fantásticamente con virtuosos y lo que el Bayern tiene son grandes jugadores, muy trabajadores, muy atléticos, pero por lo visto hace cuarenta y ocho horas, sin toda la artillería perfeccionada para la última jugada luego del ataque masivo cuando el rival es el Real Madrid.

Los merengues necesitaban alguien reposado como Ancelotti que supiera armonizar los egos de sus divos y logró conseguirlo sin estridencias ganándole por mínima diferencia al Aladino de la táctica, a este Guardiola que al intentar barcelonizar al Bayern, en realidad busca guardiolizarlo, cosa que hasta ahora ha podido parcialmente, pues una cosa es avanzar como topadora en canchas alemanas y otra medirse con equipos con peso histórico en Champions que cuentan con plantillas igualmente excepcionales a partir de los nombres y por ello lo que vaya a suceder la semana próxima en el Allianz Arena es por ahora un enorme signo de interrogación.

Guardiola ya ha hecho historia. Su contribución a partir de un discurso táctico basado en la excelencia técnica de sus jugadores, esto es, el dominio de balón, será un asunto del que seguiremos nutriéndonos por muchísimo tiempo, seguro que con nuevas camadas de entrenadores que seguirán sus enseñanzas, así como él supo en su momento con quién hablar para despejar dudas acerca de sus intuiciones sobre la esencia del juego. Si el Bayern logra alcanzar la final de la Champions tendremos, por fin, al modélico estratega que con dos equipos distintos fue capaz de demostrar que jugar bien y ganar son una sola cosa, y que es posible alterar la identidad histórica de un equipo, si hay material humano en el que la versatilidad se pone de manifiesto y se convierte en la antesala de lo que podrá ser otro triunfo. Sería impresionante que los Ribery, Cross, Schweinsteiger, Muller lo consigan con esta nueva manera de jugar que todavía los tiene un tanto complicados.

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