Fútbol

Hace 25 años se fue un maestro

Julio Borelli Viteritto le dedicó su vida al deporte. Fue el principal impulsor del coliseo paceño

Don Julio en el coliseo cerrado que lleva su nombre. Una de sus principales obras  en su larga  radicatoria  en La Paz.

Don Julio en el coliseo cerrado que lleva su nombre. Una de sus principales obras en su larga radicatoria en La Paz. Foto: Familia Borelli

La Razón (Edición Impresa) / Marcos Bonilla / La Paz

00:00 / 18 de mayo de 2015

Han pasado 25 años de la muerte de don Julio Borelli Viteritto (30 de abril). Fue un destacado periodista en el país, y también futbolista, árbitro, director técnico y dirigente.

Su carrera como entrenador no solo se limitó a equipos de fútbol, sino también de voleibol, básquetbol, ciclismo, atletismo. Un hombre multifacético.

Probablemente, las nuevas generaciones lo conocen poco o nada, pero fue uno de los “maestros” del periodismo deportivo, además principal impulsor de la construcción del coliseo cerrado de La Paz, motivo por el que el escenario lleva su nombre.

En vida, don Julio contó muchas veces su historia. Ahora la relata su hijo, Julio Borelli Geldrez, quien vive en La Paz.

José Borelli (italiano) y Ángela Viteritto (uruguaya) fueron los padres de Julio Borelli, quien nació en Montevideo, Uruguay el 29 de diciembre de 1903.

Su pasión por el fútbol emergió en las calles de su barrio: Punta Carretas, donde se encontraban los predios  del Club Defensor Sporting, en el que llegó a jugar, primero en Tercera, luego en Segunda, hasta alcanzar la Primera división.

El fútbol se complementaba con sus estudios universitarios en la carrera de Arquitectura.

Fue entonces que nació su afición por el periodismo. “Comenzó a hacer sus reportajes, sus comentarios en el diario del Plata”.

Paralelamente, ingresó a la escuela de árbitros. “Se inscribió, dio sus exámenes y aprobó. Sacó el tercer lugar de su promoción, entre un montón de los que se postularon, y comenzó a arbitrar”.

Sus conocimientos arbitrales fueron el gancho para que en 1928 fuera invitado a Perú para organizar el colegio de árbitros, pero además de esa tarea, también fue entrenador y periodista.

Vivió en ese país hasta 1938, año en que se trasladó a Bolivia —junto con su esposa Alicia Geldrez (peruana)— tras recibir una invitación del gobierno nacional, que estaba enterado del trabajo que cumplía en aquel país.

Llegó como técnico para organizar (en varias disciplinas) la representación boliviana que asistió a los Juegos Bolivarianos de Colombia (1938). Vino por dos años y terminó quedándose al menos unos 50.

A esas tareas por las que lo contrataron le agregó otras como la dirección técnica (fútbol, básquetbol, voleibol), dirigente deportivo y periodista. Fundó su propia organización radial: Corporación Deportiva Borelli, y también escribía para los medios escritos de entonces. Fue impulsor de la construcción de varios campos deportivos en el país.

Por las tareas que desempeñaba fue invitado a integrar el Comité Organizador de los Juegos Bolivarianos de 1977, que se realizaron en La Paz. También fue asesor del Comité Olímpico Boliviano (COB).

Por toda esa labor en beneficio del deporte boliviano, en 1988 recibió el Cóndor de los Andes, la máxima distinción que otorga el Estado boliviano a ciudadanos e instituciones nacionales o extranjeros, por eminentes servicios prestados al país.

Nunca se naturalizó, pero fue un boliviano más

Julio Borelli  vivió en el país alrededor de 52 años y consideró a Bolivia su segunda patria, pero nunca se naturalizó boliviano. No faltaron las propuestas  para que lo hiciera. “Don Julio, usted ya es boliviano”, le decía la gente que lo rodeaba, según cuenta su hijo del mismo nombre.

“No quiso, decía: ‘soy uruguayo y voy a morir uruguayo’; aunque siempre expresó el amor que tenía por Bolivia”.

No por algo vino por tres años a Bolivia y se quedó al menos 50, además echó raíces en el país. Tuvo cuatro hijos —todos bolivianos—, otro motivo para sentir un profundo amor por Bolivia, donde siempre fue tratado como uno más, expresa Julio, quien es el segundo de cuatro. Lida, la mayor, luego Gilda y Diana, son sus hermanas.

Recuerda a su padre como “muy leal” con toda la gente que compartió: futbolistas, deportistas, dirigentes, autoridades.

“No era de imponer sus ideas, no era su forma de ser, sí muy sencillo; además, era una persona con muchos conocimientos, muy ético, por eso nadie, nadie le ha observado nada, en ninguna parte”.

Gracias a la Corporación Deportiva Borelli “ha formado a varios periodistas deportivos, y en la mayoría de los casos todos han estado agradecidos”.  

El coliseo cerrado fue la obra cumbre de Julio Borelli

La obra cumbre de Julio Borelli Viteritto fue la construcción del coliseo cerrado de La Paz, para el que incluso tuvo que poner de garantía su casa, a fin de posibilitar que las obras se terminen.

El escenario se constituyó en uno de los predios más importantes de los Juegos Bolivarianos de 1977 y de los Odesur de 1978.

Julio hijo cuenta que la intención de su padre era que el coliseo abarque mucho más espacio del que ocupa actualmente, “la idea era expropiar y que sea un manzano entero, que incluya además la Casa del Deporte, y un hotel para deportistas. Ése era su enfoque. Llegó el coliseo en buena hora, cuando se hicieron los Bolivarianos aquí (en La Paz), se pudo terminar, equiparlo, pero no como él quería porque no había plata”.

Gran parte de los dineros para su construcción salieron de los impuestos al licor y los cigarrillos. “Hizo el decreto, lo aprobaron y comenzó a funcionar,  con esa plata se ha terminado el coliseo hasta donde se pudo”.

Insiste que “lastimosamente no se terminó como él quería, no hubo dinero y se quedó así; pero pese a todo sigue siendo uno de los mejores escenarios del país”.

En reconocimiento a su labor el coliseo lleva su nombre.

Borelli también fue impulsor de la creación del Círculo de Periodistas Deportivos de Bolivia.

Llegó por una invitación de Germán Busch

Don Julio Borelli llegó a Bolivia en 1938, por una invitación del entonces presidente de la República Germán Busch —cuenta su hijo Julio— para organizar los diferentes equipos de Bolivia para asistir a los primeros Juegos Deportivos Bolivarianos (Bogotá 1938).

Antes de aterrizar aquí vivió diez años en Perú (1928 y 1938), país al que fue invitado para organizar el colegio de árbitros de fútbol. En Perú dirigió partidos del torneo local, también en un sudamericano; además fue director técnico de  varios clubes de primera división (en varias ciudades), la selección nacional , y realizó otras actividades.

La buena tarea en el vecino país fue su mejor carta de presentación.

“Armó los equipos de fútbol, básquetbol, ciclismo, atletismo y se fueron a Bogotá”, cuenta Julio, hijo.

A su retorno también empezó a dedicarse al periodismo, otra de sus pasiones que ya había desarrollado en Uruguay, su país natal y en Perú. Surgió entonces la Corporación Deportiva Borelli, “a la que le dedicó gran parte de su vida desde que llegó a Bolivia”.

Radio, prensa escrita, hizo de todo.  “Relataba partidos al ras de la tierra, eso ya no lo hace nadie”.

En esas épocas también empezó a entrenar “fue técnico de la selección boliviana, asistió al Sudamericano de Chile (1945), fue a la Argentina, dirigió varios clubes; pero el mayor equipo que ha tenido fue Always Ready”.

Para el “millonario”, trajo varios jugadores de la Argentina, la mayoría de Belgrano de Córdoba, y “sin ningún costo. Muchas veces hizo de papá, los ayudaba a todos”.

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