Fútbol

¿Hombres antes que futbolistas?

Las grandes escuelas de fútbol del mundo se nutren de la ética y el respeto al otro

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

01:23 / 31 de octubre de 2014

Se ha tomado con una notable frivolidad y pragmatismo el violento incidente producido entre un entrenador y un futbolista a pocos minutos de jugarse un partido de la Liga. Como bien dijo alguien que parece saber mucho de política en el contexto futbolero boliviano, hay que dejar pasar los días para que las aguas retornen a su cauce y nos olvidemos todos que esto pudo haberse convertido en una tragedia.

La persona. Primero la persona y después el físico nuclear, el químico industrial o el futbolista. Eso dice cualquier manual de formación humanística. Si tenemos claro que las grandes escuelas de fútbol del mundo se nutren, en primer lugar, de un conjunto de preceptos de convivencia emparentados con la ética y el respeto al otro, sabremos con mayor facilidad por qué el Ajax de Holanda produjo alguna vez un genio llamado Johan Cruyff y el Barcelona otro, de nombre Lionel Messi.

No sé si los holandeses leyeron a pedagogos como Santiago Coca, y supongo que en La Masía y en las escuelas formativas del club catalán algo sabrán de él, pero lo que sí se puede percibir a varias leguas es que hay una formación integral que con toda seguridad incide en la maximización de las virtudes y los rendimientos de quienes terminan conquistando los territorios del fútbol de élite.

Si se convive en un ambiente en el que imperan el respeto, el compañerismo y la solidaridad, si esos patrones de comportamiento son inculcados desde la infancia en la casa, en la escuela y en el centro formativo de fútbol, es casi seguro que de un escenario de esas características será más improbable que emerjan sujetos que con toda liviandad aludan a la reputación de la novia del compañero de trabajo o que éste responda con su mal entendida hombría haciendo insinuaciones inapropiadas acerca de las características físicas de la hija de uno de sus entrenadores.

Si uno se esmera en formarse sólidamente, con la guía de los padres y los maestros, aprende cosas elementales, paralelamente a lo que pueda acumular en materia de argumentos para manejar la pelota. Si se escucha cierta música, se lee cierta literatura y se mira algún tipo de películas que no siempre sea la comedia hollywoodense clase b, es más probable que la construcción de eso intangible que se llama visión del mundo, contribuya a una mayor riqueza de criterios y matices para responder mejor al desafío que toque a continuación; pero si la vida diaria se reduce a la conversación sexista y discriminatoria, a ir a la peluquería para pedir un corte lo más parecido posible al de CR7, o a jugar a los naipes a escondidas de un cuerpo técnico en una concentración, es casi seguro que esa escuálida cotidianidad podrá influir negativamente en el próximo desafío deportivo.

Si al fútbol se juega como se vive, si se es hombre antes que futbolista, no significa ser macho por sobre todas las cosas, no resulta concebible que un rompedor de tabique nasal termine premiado jugando los últimos minutos de un partido, marcando un gol para su suerte, cuando no han transcurrido ni dos horas de su “hazaña”, convirtiendo los mordiscos de Luis Suárez en casi juegos infantiles. Si así se vive en ciertos reductos del fútbol doméstico, así se juega, con olímpica mediocridad edulcorada por alguna retórica cada vez más resquebrajada por la contundencia de los hechos que terminan restándole credibilidad al mensajero de turno.

Al otro lado de este esférico planeta, al momento de ser contratado por el Olympique de Marsella (OM), Marcelo Bielsa les pasó a los directivos una lista de jugadores para fichar. Faltándole el respeto sin más, los marselleses no solo que no buscaron a ninguno de los solicitados por el entrenador argentino, sino que contrataron otros futbolistas como diciendo, arréglatelas con éstos. Los convencionalismos dirían que el inclasificable entrenador rosarino tiraría la puerta para no volver, pero no hizo eso, y en silencio, con absoluta discreción, sin quejarse por nada, comenzó a trabajar con el material humano conformado por jugadores de origen africano y francés poco conocidos. Resultado: El OM acumuló ocho triunfos —recién perdió en la última fecha— y encabeza la tabla de posiciones de la Liga francesa, y se convirtió en la sensación de temporada, eclipsando el protagonismo del Paris Saint-Germain (PSG).

Si el individuo que abomina la excusa en el discurso, pero la utiliza cuando necesita hacer uso de alguna, y por el contrario, el que pide algo, no recibe lo que solicita razonablemente y de todas maneras inventa, en tremenda adversidad, la forma de obtener resultados de la nada, queda mejor explicado lo que significa eso de hombres antes que futbolistas y que efectivamente al fútbol se juega como se vive, unos pontificando códigos de honor y a continuación apañando conductas salvajes, y otros inventando con su talento y capacidad soluciones para recorrer rutas plagadas de dificultades. Ganar en la adversidad tiene que ser más meritorio y apasionante que hacerlo rompiendo la correspondencia entre lo que se dice y se hace.

Ya se sabe que en la alta competición, cuando el balón comienza a rodar en el campo, un incontable paquete de argucias se despliega para apocar al rival y ante esta realidad, sería ridículo, de una ingenuidad innombrable, pretender que en el feroz mercado de piernas futboleras se deban imponer la consideración, la delicadeza y la discreción. Lo grave es que este conjunto de hechos en los que la maña es parte del juego psicológico en un partido, haya quedado enraizado en el que unos compañeros de trabajo se dicen en el vestuario lo que sea a título de bromas y buen humor.

Hecha la odiosa comparación, tenemos en el desigual medio futbolístico boliviano, dobles discursos para escoger, en el que parece nomás irremediable que el código de ética es utilizable cuando conviene y archivado, o por lo menos relativizado, cuando ciertos intereses materiales se deben defender a capa y espada en desmedro de los valores de respeto y civilizada convivencia, mientras Bielsa, Guardiola, Ancelotti o Simeone se siguen disparando a sitios que para nosotros son cada vez más estratosféricos

No hablo aquí de vigilancias, controles, espionaje, castigos. Hay futbolistas, entrenadores y gente vinculada al fútbol en general a la que le tienen sin cuidado estas gratuitas reflexiones. Están interesados solamente en algunos objetivos poco trascendentes, en la efectividad de sus equipos, en ganar como sea, aunque un compañero pudiera haber estado al borde de una conmoción cerebral.

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