Fútbol

La Iglesia reconoce la autoría de indígenas

Esta nota fue publicada  el 11 de junio de 2010 en L’Osservatore Romano

Oficial. L’Osservatore Romano es el diario del Vaticano. En 2010 publicó la nota ‘Cuando los guaraníes inventaron el fútbol’.

Oficial. L’Osservatore Romano es el diario del Vaticano. En 2010 publicó la nota ‘Cuando los guaraníes inventaron el fútbol’.

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:16 / 05 de septiembre de 2014

sobre los orígenes del fútbol abundan las hipótesis. Que nació en Inglaterra en el siglo XIX es archisabido. Pero en el otro lado del canal de La Mancha comenzó el fútbol moderno, mientras que es notorio que con una pelota redonda siempre se ha jugado: en la antigua Roma, en la América pre-colombina y en la Europa moderna. Las variantes, por lo que se sabe, eran muchas, más o menos parecidas a las especialidades actuales: se jugaba con las manos, con los pies, utilizando las caderas, con una cuerda o una red que dividía el terreno, con palas, haciendo pasar la pelota por anillos circulares colgados en las paredes. Y el juego tenía muchas finalidades, de las lúdicas a las rituales, a menudo practicado de formas brutales, que dejaban dolorido y a veces seriamente herido a quienes lo practicaban. En las culturas americanas anteriores a la llegada de Colón esta práctica estaba muy extendida, según testimonian los hallazgos arqueológicos y las ruinas de los lugares donde se jugaba.

Pero tenemos un testimonio preciso e inequívoco que nos dice que el uso no ya de un juego genérico con el balón, sino de una actividad singularmente parecida al fútbol moderno existía, no ya en tiempos remotos, sino con toda probabilidad en el siglo XVII e incluso a mediados del siglo XVIII. ¿Dónde? Precisamente en Paraguay, el país cuya selección jugó contra Italia —campeona del mundo— el partido inaugural del Grupo F del Mundial sudafricano.

Pero vayamos por orden y refiramos ante todo el testimonio. Que es el siguiente: “Solían también jugar al balón, que, aun siendo de goma llena, era tan ligero y rápido que, una vez que lo golpeaban, seguía rebotando algún tiempo, sin pararse, impulsado por su propio peso. No lanzaban la pelota con las manos, como nosotros, sino con la parte superior del pie desnudo, pasándola y recibiéndola con gran agilidad y precisión”.

Por tanto: jugaban con una pelota de goma ligera y elástica, tirándosela el uno al otro con los pies y no con las manos. Jugaban exactamente al fútbol. Como nosotros. Pero ¿quién se divertía de este modo? Los indios guaraníes en las Reducciones jesuitas de Paraguay, que florecieron desde principios del siglo XVII hasta mediados del siglo XVIII. Y ¿quién nos lo relata con tanta precisión? Un padre jesuita que pasó varios años de su vida en la Reducción de San Ignacio Miní, una de las treinta Reducciones esparcidas por el Paraguay colonial, al sur de la ciudad de Asunción. Un religioso que conocía el mundo guaraní mejor que España, donde había nacido, y que podía hablar de él con certeza absoluta.

Se trata de José Manuel Peramás, un catalán nacido en 1732, que estudió en el gran colegio de los jesuitas de Córdoba —hoy las ruinas del complejo han sido declaradas por la Unesco patrimonio de la humanidad— y, después de algunos años de servicio en las misiones entre los guaraníes, se vio afectado, junto con todos sus hermanos, por el decreto de expulsión que lo obligó a dejar para siempre el mundo indio de las colonias españolas de América. Después de un viaje penoso, que duró meses, llegó con los demás jesuitas expulsados al Estado pontificio y se le acomodó en Faenza. El relato de esta odisea, Diario del destierro, que volvió a publicar en 2008 la Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, es un clásico muy conocido entre los que estudian la historia de la Compañía de Jesús.

En Faenza el padre Peramás escribió dos libros en latín sobre las Reducciones. El segundo se titula De vita et moribus tredecim virorum paraguaycorum y fue publicado en 1793, pocos meses después de su muerte. En el larguísimo prólogo de esta obra (cuya traducción española apareció separadamente, primero en Argentina y más recientemente en Paraguay, con el título Platón y los guaraníes, Asunción, Centro de estudios paraguayos “Antonio Gulasch”, 2004), aparece, en la página 97, la inesperada referencia citada, que describe la práctica del juego del balón entre los guaraníes dentro de las Reducciones.

La obra de Peramás, hay que admitirlo, tiene un abierto propósito apologético, al estar basada en la hipótesis de que las treinta Reducciones eran casi la aplicación histórica concreta del estado ideal anhelado por Platón en la República y en las Leyes. Pero la finalidad glorificadora no impide al jesuita reconstruir fielmente, durante su sufrido exilio en Faenza, el estilo de vida guaraní del que había sido guía y partícipe durante su largo ministerio pastoral, con observaciones, señalaciones y juicios que ha retomado toda la historiografía reciente sobre el tema, tanto de lengua española como de lengua portuguesa. En definitiva, el jesuita catalán es una fuente que los estudiosos se cuidan de subestimar y que más bien citan con diligente atención. Un estudioso ítalo-canadiense, Stelio Cro, sitúa su obra en el género utópico, pero luego siente el deber de añadir que “es única en ocho siglos de escritos utópicos”, porque no se basa en la imaginación sino en un hecho real, acontecido, del cual el autor que escribe había sido testigo directo y protagonista en primera persona.

Por lo tanto, la alusión al juego del balón practicado por los guaraníes de formas increíblemente parecidas al juego moderno del fútbol (usaban, dice, una pelota de goma dura que rebotaba arrastrada por su peso y se pasaban de un jugador a otro con el empeine, con gran habilidad y precisión) no puede ser sino la fiel descripción de lo que había visto en la gran plaza central, delante de la iglesia y de las casas, que dominaba cada una de las treinta Reducciones.

En resumen, los guaraníes de hace tres siglos seguramente ya jugaban al balón con maestría. En el fondo, son los descendientes de los verdaderos inventores del fútbol.

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