Fútbol

Ilusión, odisea y frustración

Es larga la lista de futbolistas bolivianos esperanzados con jugar en clubes del exterior, pero terminan regresando al país sin hacer realidad su mayor anhelo.

A medias. Alcides Peña (segundo de la derecha) con el empresario Silvio Fontana y los dirigentes del club Al Ettifaq de Arabia Saudita, donde el futbolista se entrena pero no juega. Foto: Silvio Fontana

A medias. Alcides Peña (segundo de la derecha) con el empresario Silvio Fontana y los dirigentes del club Al Ettifaq de Arabia Saudita, donde el futbolista se entrena pero no juega. Foto: Silvio Fontana

La Razón / Jorge Asturizaga / La Paz

03:27 / 15 de febrero de 2013

El 28 de enero, Alcides Peña viajó hasta Damman, Arabia Saudita, en la frontera con Bahrein, con la ilusión de jugar en un fútbol que le reporte mayores beneficios económicos. Han pasado 18 días sin que su situación haya sido resuelta, porque el delantero de Oriente Petrolero, si bien se entrena en el club Al Ettifaq, todavía no puede jugar oficialmente debido a que la transferencia no termina de cerrarse.

Es uno de los ejemplos de futbolistas bolivianos ilusionados por irse al exterior, pero que tienen que pasar una odisea para ver su sueño hecho realidad, o en algunos casos más bien se quedan  con los crespos hechos y al final se ven obligados a regresar.

Dos futbolistas que afrontaron esa mala experiencia en los últimos meses son los bolivaristas Rudy Cardozo y Jhasmani Campos, casualmente ambos pretendidos por el club Alania de Rusia. El primero se marchó en agosto del año pasado, pero regresó porque no pasó la revisión médica. Y hace poco, Bolívar anunció la cesión a préstamo de Campos por seis meses. A diferencia del caso anterior, la información dada a conocer dice que el jugador superó la revisión médica y hasta fue incluido en la delegación para una pretemporada en Turquía, pero apareció una lesión que le impidió seguir en actividad.

Extrañamente el Alania le instruyó al futbolista recuperarse en Bolivia, volvió a Santa Cruz pero lo hizo para quedarse. Todos los acuerdos fueron disueltos.

En 2009, Jhasmani ya pasó por esa situación. Entonces fue a Brasil, estuvo en el Bahía; sin embargo luego de una semana decidió regresar con las manos vacías.

Desde hace unos años, Silvio Fontana —el hijo de aquel notable zaguero de The Strongest, Ricardo Fontana— contacta a jugadores para llevarlos a clubes de países que no tienen mucha tradición futbolística, donde les ofrecen buena plata. Varios han confiado en él, y así como algunos firmaron, otros se quedaron con las ganas.

Fontana hijo ganó credibilidad cuando llevó nada más y nada menos que a Diego Maradona a la dirección técnica del Al Wasl, de Dubai.

Historias. Ahora el empresario de futbolistas lucha por cerrar la transferencia de Peña al Ettifaq y cuando se le pregunta las razones para que las operaciones de futbolistas bolivianos se tornen tan complicadas y en algunos casos se desvanezcan, no duda en calificar a algunos clubes bolivianos como “envidiosos”, porque ponen muchas trabas para la cesión de los jugadores. “Conozco sus actitudes, sólo trato de ayudar y espero que se den cuenta”, dice.

Por ejemplo, acusó a Nacional Potosí de poner trabas antes de dar el visto bueno para ceder al colombiano John Obregón al club Veracruz, de la segunda división del fútbol mexicano, y la negativa de Universitario para dar vía libre a la partida de Juan Eduardo Fierro a un club de Serbia, con el que el futbolista tiene todo arreglado.

“Obregón debía salir de Potosí pagando la rescisión, pero después su presidente (Mario Condori) solicitó incluir una cláusula de reconocimiento de 40 mil dólares de una futura operación, sólo así dio la venia para hacer su traspaso”, cuenta Fontana.

La lista de jugadores que vieron frustradas sus ilusiones de jugar en el exterior es larga. Otro ejemplo: en 2009, Ronald Rivero viajó a Israel, sin embargo lo hizo sin acompañante y se encontró con una serie de dificultades, empezando por el idioma. Regresó al país y prometió manejarse solo en futuras negociaciones.

Cuando estaba en Bolívar, Miguel Hoyos también viajó a Ucrania para jugar en el FC Karpaty, pero después de tres semanas en ese país volvió para terminar su contrato con la Academia. Después tuvo la posibilidad de jugar en Israel y se repitió el desenlace.

Otros dos casos son los de Didí Torrico y Helmut Gutiérrez, el primero tenía que marcharse a Polonia, pero a medio camino decidió volver. En Lima, donde debía realizar sus trámites de visa, puso punto final a la operación.

Gutiérrez, por su parte, viajó hasta Usbekistán después de que el entonces presidente de La Paz FC, Mauricio González, le presentara una propuesta. Estuvo dos semanas, jugó un amistoso, pero  su rendimiento no convenció.

Carlos Vargas y Julio César Cortez pasaron por la misma experiencia. Se fueron a Marruecos, sin embargo su retorno fue rápido debido a que no hubo acuerdo en los términos económicos.

Augusto Andaveris debía jugar en China, cedido por La Paz FC. Como en los casos anteriores su regreso se adelantó.

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