Fútbol

Juego fuerte y arbitraje permisivo

Se juega muy fuerte en Inglaterra, consecuencia del estilo dominante muy físico que proponen la mayoría de los equipos.

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:02 / 20 de abril de 2015

Cheikhou Kouyaté es el nombre del mediocampista senegalés, nacido en Dakar, que juega en el West Ham, que pudo haberle provocado una rotura ósea en pleno rostro a David Silva del Manchester City. Transcurrían 66 minutos del partido y en una acción en la que el africano disputaba el balón con el español, no encontró mejor recurso en plena carrera que meterle un codazo en el pómulo izquierdo a su adversario, lo que provocó zozobra con una interrupción de aproximadamente diez minutos hasta que se concretara el reemplazo —ingresó Nazry—, mientras el importantísimo organizador ofensivo de los citizens era trasladado a un hospital para establecer la gravedad del golpe.

En un partido en el que los dirigidos por Manuel Pellegrini dominaron las acciones de principio y fin y en el que terminaron imponiéndose por un ajustado marcador (2-0) que no refleja la diferencia de rendimientos entre unos y otros, Kouyaté debió ser expulsado sin dubitaciones del campo, pero al árbitro le pareció suficiente con mostrarle tarjeta amarilla, sanción benevolente si se tiene en cuenta la evidente mala intención del jugador que pudo haber derivado en una desgracia que habría dejado al habilidoso Silva fácilmente un par de meses fuera de las canchas, y que gracias al diagnóstico final se estableció que no hubo fractura y las consecuencias del artero golpe no pasaron a mayores.

Se juega muy fuerte en Inglaterra, producto del estilo dominante muy físico que proponen la mayoría de sus equipos y como las acciones en cada partido se suceden con esa vertiginosidad que hace de cada partido un duelo muy intenso, se suele incurrir muchas veces en una exagerada permisividad cuando los contactos no son consecuencia de las jugadas, sino de la mala fe de algunos futbolistas como lo demostró Kouyaté contra Silva. De esta manera, tenemos que para jugar en la Premier hay que estar revestido de dobles y triples capas protectoras musculares de cada uno de sus protagonistas, porque de lo contrario, cada fecha provocaría un tendal de heridos.

L uego del visionado del codazo contra Silva, las autoridades del fútbol inglés deberían revisar la decisión arbitral y evaluar si no corresponde en este específico caso una suspensión de por lo menos dos partidos, atendiendo a que se debe penalizar, en primer lugar, la mala intención antes que la gravedad de los golpes, consecuencia de oscuros comportamientos como el de Kouyaté, y esto hay que trasladarlo a equipos de otras ligas como la española que tiene al épico Atlético de Madrid jugando al filo del reglamento, utilizando tácticamente ciertas faltas en la zona central del campo con la intención de quebrar los circuitos de sus oponentes que pretenden imponer supremacía con la tenencia del balón.

Tal cosa sucedió en la ida contra el Real Madrid por cuartos de final de la Champions League, y a cada falta cometida, Diego Simeone reaccionaba desde la línea de cal  como si sus jugadores fueran unos angelitos que estaban siendo sancionados con el cadalso, cuando él sabe perfectamente por qué su plantel marca como marca, con futbolistas concientizados en que si no funciona el quite lícito queda el contacto que implica una posible infracción para evitar que los de enfrente encuentren los caminos para vulnerar la puerta custodiada por Oblak.

La intensidad y ritmo con el que se juega en Europa ha hecho que los arbitrajes privilegien la fluidez del juego, tratando lo más posible de no interrumpir las evoluciones de los protagonistas, cosa que ha derivado en haber creado el hábito de no sancionar todas las infracciones cometidas, a veces al extremo de desproteger las humanidades de los más habilidosos y esto se ha hecho tan normal que en cada balón detenido o tiro de esquina, los forcejos entre delanteros y defensores nos regalen imágenes de empujones, jalones, o codazos en el aire que son sancionados cada vez con menor frecuencia, lo que genera, muchas veces, la anotación de goles, previas faltas en ataque o infracciones que exigen pena máxima que se pasan por alto.

S i ejercitamos una mirada comparativa entre lo que sucede en Europa, sobre todo en Inglaterra, ni qué decir en Italia y algo en España, con lo que pasa en este lado del mundo, las diferencias son mayúsculas cuando observamos que los aficionados sudamericanos tienden a creer que el menor contacto implica falta y sanción, y nuestros jugadores tienden a irse contra la humanidad del juez principal del partido con una facilidad pasmosa para reclamar de la peor manera lo que cobró o dejó de cobrar.

David Silva debió dejar el campo del Etihad Stadium con un inmovilizador en el rostro y asistido por un tubo de oxígeno. Se trata de una pieza fundamental en el andamiaje del City, pues su aporte como media punta termina siendo decisivo en los metros de definición en un equipo que en las últimas cinco fechas ha sufrido un enorme bajón que lo ha relegado al cuarto lugar de la tabla de posiciones. Para más datos, se especulaba que Silva figura como una de las principales opciones del Barcelona para la próxima temporada, una vez que la despedida de Xavi Hernández hacia el fútbol árabe es una realidad, y la zona de gestación blaugrana se quedaría sin un recambio de jerarquía para Iván Rakitic. Silva pudo haber quedado con la mandíbula hecha pedazos, menos mal que esta vez la mala leche de su adversario no fue lo suficientemente contundente.

Julio Peñaloza Bretel es periodista. Encargado de Historia y Estadística de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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