Fútbol

Lothar Kerscher

Un vitalicio de Bolívar

La Razón / Jaime Ayllón - La Paz

00:00 / 27 de agosto de 2012

Lothar Kerscher es un símbolo vivo de Bolívar. Se hizo bolivarista en los años 50, cuando llegó a La Paz, y desde entonces su corazón es celeste cien por ciento.

A sus casi 80 años (nació el 7 de noviembre de 1933 en Alemania), sigue al lado de su club, apoyando a las divisiones inferiores y trabajando por los niños de la entidad.

El destino quiso que hoy por hoy —muchos años después— estuviera en el sitio en donde comenzó su carrera dirigencial en Bolívar.“Me acuerdo que llegué al club a invitación del señor Guillermo Monje. En 1976 me hice cargo de la escuela de fútbol. Recuerdo que en el viejo Hernando Siles había un lugar en la preferencia donde se sentaban los dirigentes del club. También a mí me gustaba ese sitio, entonces fue ahí que me conocí con Monje y él me llevó al club. Me nombraron presidente de las divisiones inferiores en una época en la que no había presupuesto para atender las necesidades de la escuela, así que teníamos que trabajar mano a mano con Abdul Aramayo (entrenador y formador de niños y jóvenes futbolistas), un hombre, por demás está decirlo, muy dedicado a los chicos. Con él hacíamos maravillas para conseguir los uniformes o las zapatillas para que nuestros equipos se presentaran a jugar en los torneos de la Asociación” de Fútbol de La Paz (AFLP).

Fue un gran colaborador de Mario Mercado Vaca Guzmán. El desaparecido presidente vitalicio de Bolívar lo llevó al Comité de Fútbol: “Ahí estuve muchísimos años”. De manera que vio el paso de entrenadores y jugadores, con quienes hizo grandes relaciones.

“Para mí uno de los mejores técnicos extranjeros que llegó a Bolívar fue Jorge Habbeger, y entre los nacionales está Ramiro Blacutt, profesionales que no solamente obtuvieron logros, también trabajaron en la organización y mejoramiento de las divisiones menores. Y entre los jugadores, pasaron tantos y buenos, aunque no puedo dejar de nombrar a Carlos Borja, Vladimir Soria, Marcos Sandy, Marco Etcheverry, Erwin Sánchez y más atrás, Carlos Aragonés y Ovidio Messa, entre otros. Todos ellos hicieron historia en el club”.

Don Lothar llegó a Bolivia —desde Alemania— en 1947. Primero a Potosí, luego a Oruro, donde se sintió atraído por San José. Y finalmente aterrizó en La Paz. “Desde entonces le tomé mucho cariño a Bolívar”.

Tiene muchísimos recuerdos y también grandes anécdotas. Entre otras, debe ser el único dirigente de club que también fue entrenador del primer plantel. Y como su pasión por Bolívar no tenía límites, se prestaba a ser un buen  colaborador en todos los ámbitos. Una vez incluso fue asistente de útiles.“Claro que sí, me di algunos gustitos como dirigir el equipo profesional en cinco partidos consecutivos. Resulta que hubo un problema  con el entrenador de entonces a quien Mario (Mercado) decidió rescindirle el contrato. Entonces me preguntó ¿qué hacemos ahora? y yo le respondí: ‘hasta traer otro DT yo me hago cargo’, y así fue que dirigí durante cinco fechas. Le ganamos a Petrolero en La Paz, empatamos con San José en Oruro, ganamos el encuentro que nos tocó jugar en Sucre y perdimos otros dos partidos. Después llegó el profesor Freddy Valda”.

Tuvo, por tanto, la dicha de dirigir a notables jugadores como Carlos Aragonés y Luis Gregorio Gallo.“También hice la función de utilero, fue cuando nuestro utilero perdió la combinación aérea en un viaje a Cochabamba. Así que me puse a ayudar y recuerdo que al final del partido que jugamos en el estadio Félix Capriles todos los jugadores tiraban sus poleras, sus medias, sus cortos y sus cachos, que yo comencé a recoger. De pronto, se dieron cuenta y me ayudaron, todos me entregaron su uniforme de manera ordenada”.

Lothar Kerscher es un dirigente de la vieja guardia, de los que quedan muy pocos. De aquellos que, sin tantos recursos, se dieron modos para sacar adelante a sus clubes y al fútbol boliviano en general.

Recuerda a Mario Mercado Vaca Guzmán, a Rafael Mendoza que fue por muchos años presidente de The Strongest; a Alberto Alem, Roberto Paz, Roly Aguilera o Enrique Happ. “Le aportaron grandes cosas al fútbol y entre Aguilera y sobre todo Happ, con sus academias fortalecieron a nuestro fútbol dotándolo con gente de talento y capacidad técnica, algo que hoy en día ya no se da”.

En la actualidad ve dirigentes esforzados, pero en ningún caso como aquellos nombrados que “hicieron una gran labor”.Kerscher, que a diario está cerca de la realidad de la escuela de fútbol del club, identifica algunos problemas por los que no surgen nuevos valores en La Paz.

“La razón es muy simple, aquí no hay canchas de fútbol. En Bolívar, algún rato tendríamos que hacerle un monumento a la cancha de Tembladerani, que alberga al equipo profesional, a la división preprofesional y a la escuela de futbol. Por supuesto no es suficiente, porque bajo esas circunstancias, ya sea el técnico o el formador, más están pensando en que el tiempo no les pise, controlando su reloj para ver si ya es hora y tienen que dejar la cancha para que otros entren en ella. Para formar jugadores lo primero es contar con una buena infraestructura, que lamentablemente no hay. Esos escenarios con césped sintético (que proliferan en La Paz y otras partes del país) no tienen el mejor ni el más adecuado material, además para trabajar en ellas hay que pagar un alto alquiler, siendo que deberían ser un verdadero aporte para la práctica deportiva en niños y jóvenes”.

Ve también que “muchos entrenadores de los primeros equipos, por asegurar su fuente laboral,  buscan sólo resultados y prefieren traer foráneos, lo que significa que no les dan paso a los jóvenes valores. No tengo nada contra los extranjeros, pero antes llegaban muchos de renombre y lo hacían bien, dejaban enseñanzas; en cambio ahora, de diez que vienen dos serán buenos y ocho son del montón”.

Dice que Bolívar, con Óscar Villegas a cargo de las divisiones inferiores, “está trabajando muy bien y de a poco se están aportando jugadores al primer plantel, además que se está formando una gran camada que pronto dará buenos frutos”.

Asimismo considera que en el fútbol boliviano de hoy “los jugadores son más exigentes en la parte económica” sin ser futbolistas notables como los de antes.

Al futbol de hoy —recalca— le falta mucho para llegar a ser profesional, “porque todavía uno ve actos de indisciplina, por ejemplo, siendo que un atleta de alta competición debería cuidarse. Y también falta formación desde las bases, además que a éstas no se les da en las asociaciones opciones verdaderas de campeonatos competitivos y serios”.

Piensa diferente a algunos entrenadores, dirigentes y jugadores, que ven grandes problemas en los arbitrajes y les echan la culpa a los referís cuando a sus equipos no les va bien.

“Yo sé que a muchos no les va a gustar mi opinión, pero últimamente se escucha muchas quejas en contra de los árbitros. A mí me parece inaudito y voy a dar un ejemplo: cuando un hijo o una hija da un mal paso, los padres dicen que es consecuencia de las malas compañías sin ponerse a pensar que ellos son los responsables por tener la obligación de orientarlos y guiarlos. En el fútbol es una cosa similar: un árbitro toma la decisión drástica de expulsar porque por lo general el futbolista es malcriado. Entonces es una obligación de los dirigentes enseñarles a los jugadores a comportarse bien, dentro y fuera de la cancha. Si eso ocurre las cosas van a cambiar”.

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