Fútbol

Un Madrid generoso y espectacular

Clásico español El Real Madrid le ganó al Barcelona en los planos físico, técnico y táctico; además, con un trabajo aéreo eficaz

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:22 / 27 de octubre de 2014

Habían transcurrido casi cuatro minutos cuando la primera pelota que tuvo en sus pies Luis Suárez se convirtió en un perfecto cambio de frente para que Neymar la recibiera, se corriera hacia el centro y consiguiera un disparo rasante al palo izquierdo de Casillas para inaugurar el marcador. El Barcelona arrancaba a toda máquina un partido que conforme fueron pasando los minutos, desnudó un cansancio acumulado de tanto jugar bien que comenzó a producirse hace un par de años, lenta e imperceptiblemente, desde que Tito Vilanova le pasara la posta a Jordi Roura por emergencia, y éste cerrara el Ciclo Guardiola para que Gerardo Martino se hiciera cargo de un equipo que llegaba de cinco temporadas consecutivas marcando el récord de la regularidad de altísimo rendimiento como ningún otro club lo había hecho en la historia.

Las acciones progresaban más o menos parejas, muy de ida y vuelta, hasta que fue demasiado evidente que Andrés Iniesta no incidía prácticamente en nada a la hora de orquestar la administración de la pelota, y que Xavi Hernández tampoco estaba en su día, lo que dejaba nuevamente en la orfandad a Lionel Messi que junto a Neymar navegaban hacia ningún lado en el Santiago Bernabéu con un Sergio Busquets impreciso y secundario en las ejecuciones de primer pase y una línea de fondo en la que destacó Jéremy Mathieu por la proyección, pero que también formó parte del desconcierto cuando correspondía retroceder, cada vez que este sólido Madrid de Ancelotti inauguraba una y otra vez, salidas de balón por la banda de Marcelo y encontraba la precisa repentización de James, Benzema y Cristiano para asediar al portero Claudio Bravo que necesitó de la autoexigencia y la multiplicación de piernas de Gerard Piqué y Javier Mascherano a fin de evitar un marcador final abultado.

Luis Enrique se fió demasiado del rodaje y la experiencia del debutante 9 uruguayo, que llegaba de un largo castigo producto de una conducta atípica y sobrecogedora y esto se notó debido a que después de la asistencia para la apertura de la cuenta, pasó a ser un actor menor, que por más recorrido y oficio que se le conozca, se encontró con un debut de vara demasiado alta, si se tiene en cuenta que los merengues están paseándose la liga española de una goleada a otra, y en la Champions, nada más setenta y dos horas antes, cumplían una notable faena frente al Liverpool en Anfield.

Cuando el Barcelona queda descafeinado, no hay intérprete que le ponga los suficientes bríos para lidiar contra la adversidad, tal como le sucediera en la Champions 2012-2013 frente al Bayern Munich de Jupp Heynckes, y como le pasó el sábado, cuando luego del 1-1 saltó a disputar la segunda etapa frente a unos leones de la recuperación, impresionantemente concentrados en las acciones que los condujeron a un triunfo sin objeciones y en el que no solo destacaron los ídolos de la grada que venden camisetas por millones, sino los obreros para algunos invisibles que con su vocación, rompen el negativo estereotipo de equipo autosuficiente, y que volvió a evidenciar que las estrellas solo pueden brillar en un cielo despejado por luchadores como Carvajal por banda derecha, Isco en el medio bien respaldado por la claridad de Modric y Kroos, por ejemplo robando un balón a Iniesta que terminó en los pies de Benzema y así convertía el tercero, y un James Rodríguez con envidiable visión periférica y una capacidad de marca que pocos jugadores creativos están en condiciones de exhibir en el fútbol de élite.

El Real Madrid le ganó al Barcelona en los planos físico, técnico y táctico. Primero por su sistemática anticipación para recuperar, segundo porque en los tránsitos de una a otra zona del campo se impusieron el control en velocidad y los pases a los compañeros mejor situados con perfil para invadir el área blaugrana, y tercero —aquí está lo más significativo— porque sus jugadores, conscientes de sus cualidades, no salieron a la cancha con la instrucción de esperar para fabricarle slaloms a Cristiano, sino que decidieron apostar a la posesión de la pelota tratando de articular movimientos en bloque sin apelar a las escapadas de su goleador, sino más bien a lo que hasta hace un tiempo hacía el Barcelona: triangular y vaciar a sus rivales para quedar cuatro contra dos como sucedió por lo menos en media docena de oportunidades en los segundos cuarenta y cinco minutos.

La superioridad madridista quedó redondeada con un trabajo aéreo eficaz en las dos áreas que rindió frutos con el frentazo de Pepe para anotar el segundo gol y con los despejes a cargo de Sergio Ramos que salió casi siempre airoso cada vez que los culés no encontraban espacios para filtrar balones, y terminaban obligados a tirar centros o sin otras opciones que disparar desde fuera del área para encontrar a un Iker Casillas que recordó con sus estiradas por qué, durante varios años, fue considerado el mejor portero del mundo.

Para cuando Gareth Bale regrese al onceno, James Rodríguez volverá a ser la referencia del medio hacia la izquierda, y podrá seguir su carrera en la búsqueda de consolidarse como el manejador de los hilos tal como lo hace en la selección colombiana de José Néstor Pekerman, con el aditamento de un llamativo replanteo del rol que ejerce CR7 que ha comenzado a dispararse menos y está mejorando en el juego asociado para las asistencias a Benzema o a quien toque, equilibrando, de esta manera, la eficacia del personalismo con la solidaridad de equipo.

De esta manera quedaría atrás, ojalá que así sea, el Madrid de las megaestrellas apostando a la verticalidad exageradamente pragmática y de contraataque, dando lugar a la consolidación de este otro en el que hay un notorio giro hacia el manejo de la iniciativa, considerando la gran calidad técnica de la gran mayoría de sus actores, mientras en la Ciudad Condal, Enrique tendrá que reajustar clavijas muy severamente si pretende aspirar a mantener la punta y el objetivo de ganar nuevamente la Liga, cosa difícil si no se resuelven los problemas ya inocultables en el corazón del estilo de un equipo que hizo del pase perfecto, el principal argumento para hacer estragos y que el sábado exhibió tal fragilidad que Messi quedó, parafraseando a Osvaldo Soriano, triste, solitario y final.

Julio Peñaloza Bretel es periodista. Responsable de Historia y Estadísticas de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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