Fútbol

El Manchester United, con el sello de Van Gaal

El DT se erigió como el estratega más táctico de Brasil 2014. Con la misma idea busca que el club inglés recupere protagonismo

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:00 / 24 de noviembre de 2014

Tan contradictoria como espectacular, la Premier League sigue mandando en lo concerniente al respeto por el ritual del espectáculo futbolístico. No resulta sencillo comprender que en unos estadios que parecen salas de conciertos destinadas a la ejecución de grandes sinfonías, en las que el público exhibe una civilidad y un respeto incomparables con los de otras latitudes debido al discurso que implica los noventa minutos de un partido, actúen equipos que en los desafíos internacionales —Champions, Europa League— aparezcan disminuidos frente a sus adversarios alemanes y españoles, pero que en casa hacen gala de un gran espíritu competitivo y un profundo respeto por los aficionados que acuden a los estadios cada fin de semana para aplaudirlos.

Decidido a enfrascarme a lo que fue el superclásico argentino por semifinales de Copa Sudamericana jugado en La Bombonera, me disponía a ejercer un largo alegato acerca de la mezquindad con que más River que Boca, saltaron al campo para contradecir sin disimulo una forma de ser en el juego que les reporta supremacía en el torneo argentino, pero que en esta oportunidad fue archivada en pos del resultado, haciendo de la falta táctica, la interrupción mañosa y el incidente continuo premeditadamente buscado con el árbitro, el camino estratégico para obtener ese mezquino empate que me puso a dudar acerca de las convicciones del entrenador del equipo de la banda roja, Marcelo Gallardo, de quien se comentan maravillas acerca de un equipo renovado, ofensivo, vistoso y prioritariamente afanado en ofrecer buen juego basado en la tenencia del balón.

Dada la falta de matices futbolísticos que generaron extrañas conjeturas acerca de a quién probablemente le servía más el cero con vistas a los noventa minutos restantes para dirimir la llave, era mejor esperar lo que sucedería en el Emirates de Londres el sábado, en el que Di María se hizo muy parecido a Robben y Rooney interpretó a su compañero Van Persie para sellar un triunfo a lo Van Gaal, a través de un raudo contraataque y un pase gol que permitió confirmar a qué juega esencialmente el exseleccionador holandés, ahora orientado a rehacer un equipo todavía inestable, sacudido por la salida de Alex Ferguson, luego de más de veinticinco años al mando de los Devils de Manchester.

Cansado de hacer el gasto y quedar subcampeón en tres torneos mundiales en tres décadas distintas, Van Gaal se erigió en el estratega más táctico de Brasil 2014 y con similar convencimiento, secundado por el legendario Brian Giggs, se encuentra en fase de construcción para recuperar el protagonismo del más ganador de los equipos ingleses basado en la misma idea futbolística puesta en práctica por la selección naranja, con la que se espera muy organizadamente al rival en campo propio para salir de contraataque con notable eficacia, más si el rival es el suicida Arsenal, fiel a su identidad de quedar riesgosamente adelantado en todas sus líneas como para dejar a sus rivales más veloces e incisivos a tiro de gol, tal como sucedió en un encuentro en el que los de Arsene Wenger repitieron una faena en la que volvió a manifestarse ese mal crónico de elaborar mucho y fallar en la última jugada para equiparar producción de juego con eficacia.

De esta manera, con ese ritmo sostenido durante casi noventa y nueve minutos de juego, ganó el pragmático, perdió el que atacaba con cinco y seis hombres, ensanchando el campo gracias a la calidad técnica de baluartes como Wilshere, Alexis Sánchez y Cazorla, pero que cuando tocaba ejecutar la estocada, se encontraron con David DeGea, uno de esos porteros con los que comienza el sentido coherente de jugar a la ocupación de la cancha frente al adversario, propietario de la pelota, tan ofensivo y metedor, como inefectivo.

La imbatibilidad del arquero español del “Man Unit”, la muralla comandada por el belga Fellaini en la última línea y el aprovechamiento de la velocidad del ángel rosarino, fueron suficientes para frustrar a unos gunners otra vez marcados por esa fatalidad del equipo que hace el gasto, que no capitula en su vocación ofensiva, pero que termina pagándola muy caro en tanto la impaciencia le juega frecuentemente en las últimas temporadas, muy malas pasadas por esa propensión al adelantamiento tan característica en equipos que no admiten que su juego ofensivo puede convertirse en un escandaloso factor de vacíos en la retaguardia que delanteros como Rooney difícilmente perdonan.

Concluido este partido de la Premier, y luego de haber visto durante la semana, Bolivia 3-Venezuela 2 en el Hernando Siles, Boca Juniors 0-River Plate 0, e importantes fragmentos del mal arbitrado Real Madrid 4-Eibar 0, me queda nuevamente la sensación de que la brecha de calidad futbolística entre Europa y Sudamérica se va ensanchando, que los grandes valores salidos de las canteras brasileña, argentina, colombiana, chilena o peruana cambian radicalmente de chip apenas comienzan a formar parte de maquinarias que se desplazan con parejo ritmo y notable intensidad durante los noventa minutos y fracción en que transcurre cada partido, y digo esto, porque aparte de lo garabateado que fue el Boca-River por la Sudamericana, advertí algo infrecuente en el fútbol argentino: gran torpeza técnica, demasiados balones por elevación, muchísimas entregas imprecisas, falta de trabajo en sincronización de movimientos para atacar y retroceder, en suma, juego intermitente y tachonado de astucia antirreglamentaria, sin pelota contra el piso, sin toque… en suma, sin fútbol argentino.

Mientras tanto, en la ciudad Condal, Lionel Messi convertía tres goles para batir otro de sus tantos récords: 253 goles anotados en la Liga española, superando a Telmo Zarra (Athletic de Bilbao) que desde 1955 ostentaba la marca de 251 anotaciones. Con ese aporte, el Barcelona deshacía al Sevilla (5-1) en el Camp Nou, en tiempos de declinación con las últimas reverberaciones del gran equipo edificado por Pep Guardiola-Tito Vilanova, y cuando la prensa de cotilleo diversifica apuestas por ese premio cargosamente promocionado que lleva el título de Balón de Oro.

De todo lo visionado durante el fin de semana, me quedo, sin dubitaciones, con el espectacular Manchester United 2-Arsenal 1, que reafirma la contradicción anotada al principio: Los ingleses que no hacen pie en los escenarios de la competencia internacional con sus grandes equipos, y su escuadra nacional, deben sentirse orgullosos de contar con la liga más competitiva del planeta casi siempre con media docena de equipos peleando los primeros lugares hasta las últimas jornadas del torneo.

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