Fútbol

Messi, Neymar y Suárez, los tres compadres

Messi es Messi, lo máximo. Ney es magia pura, fantasía y velocidad. Suárez es ambición, potencia, dinámica

El brasileño Neymar y el argentino Lionel Messi celebran uno de los goles anotados frente al Levante.

El brasileño Neymar y el argentino Lionel Messi celebran uno de los goles anotados frente al Levante. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza - periodista argentino

00:00 / 16 de febrero de 2015

Messi para Neymar, la baja como los dioses, arranca por izquierda, frena, engancha, toca para Suárez, media vuelta del uruguayo, entra al área, mira el arco, prefiere pasarla para Messi que viene a la carrera, zurdazo seco de Leo y gooooooooollllllll del Barcelona, gooooooooollllllll, uno más del tridente sudamericano...”.

El discurso de los narradores, con variantes en la acción y en los finalizadores, comienza a repetirse en España y en las cadenas de televisión internacionales. Messi-Neymar y Suárez: ¿cuánto vale este trío de compadres...? ¿Cuántas veces se juntó a tres cracks de este porte en un solo equipo...? Y aquí no hay marketing, esto es fútbol sin cuento. Después del célebre tridente Xavi-Messi-Iniesta que deslumbró al mundo durante al menos cinco años en la era Guardiola, devino el inevitable ocaso por la veteranía del excepcional capitán (sin duda el más grande mediocampista español que hayamos visto) y por la declinación física de Iniesta, ha desaparecido la chispa de su juego, pero sobre todo la fortaleza para respaldarlo. El genial tocador se ha ido retrasando en el campo y perdió gravitación.

Después de aquella iluminación que fue el ciclo de Pep llegó el crepúsculo, la noche, la caída... Y cuando el Fútbol Club Barcelona parecía implosionar, envuelto en críticas, denuncias, decisiones desafortunadas y gastos estratosféricos, apareció otra luz que vino del campo, también en forma de tridente: el conjunto Messi, Neymar y Suárez.

En septiembre pasado titulamos una columna “Messi-Neymar: nace una dupla de oro”. Aún no debutaba el uruguayo por la sanción del Mundial, pero ya se advertía que podía acontecer algo grande entre los otros dos guitarristas. Sucedió un hecho infrecuente entre dos estrellas: se quieren. Tienen una empatía notable y se notó desde el primer día. Lo delata la celebración de cada gol: son los dos primeros que se buscan para abrazarse, son los dos últimos que vuelven al medio para reanudar el juego, siempre a las risas, abrazados, comentándose algo. Cuando se da esa química entre dos cracks, las jugadas fluyen, el gol aparece.

Como decía Di Stéfano, “el fútbol no es solo juntarse en el vestuario y salir al campo, hay que ser amigos, para que se dé un gran equipo tiene que existir la amistad”.

Empieza a manifestarse en el Barça. Y en esto el mérito mayor es de Ney, que desde el primer día aceptó con humildad absoluta el liderazgo de Messi y su fuerte carácter. Son totalmente diferentes: Ney es expansivo, gracioso, inquieto, hablador... Leo es más cerrado, serio, sereno y silencioso. Quizá por ello mismo se complementan. El brasileño le arranca al argentino sus mejores sonrisas. Que Messi le haya dejado un penal a Neymar habla del afecto que le profesa. Era una mala noche del “11” frente al Villarreal, llevaba errado mucho en el juego, sobre todo pases. Y Messi le dejó el tiro para que se rehabilitara. Lastimosamente, el portero del Villarreal le ahogó el grito.

La fiscalía que investiga el pase de Neymar ha valuado la transferencia en 109,7 millones de dólares, un dineral; pero en fútbol, si la compra sale buena, el dinero no interesa. Menos en estos clubes elefantísticos.

En octubre debutó, por fin, Luis Suárez. Volvió de las sombras, del oprobio de la sanción. Le costó horrores; no adaptarse al club o al plantel, sino al juego. El Barça es un club de estilo muy definido, la posesión y el toque son sagrados. El que viene de fuera debe someterse a ese dogma. El charrúa llegaba de un fútbol lineal, frontal como el inglés, de pases largos, corridas y centros o remates al arco. En Cataluña hay que llegar tocando, armando, tejiendo. Y le costó. Incluso por sus propias características. Suarez es más a la uruguaya, de fuerza y entrega, de no aflojar nunca, aunque se trata de un grande del fútbol, y para alcanzar tal dimensión se precisa siempre una dosis importante de técnica, de movimientos armónicos. Los tiene. Además, Suárez en Liverpool era el “Llanero Solitario”. En el Barça se avanza en bloque, persuadiendo.

Después de ser goleador europeo de la anterior temporada, se le ha negado el gol en esta. Y ha tenido racimos de ocasiones. Está con 8 tantos, lejos de los 23 de Neymar y de los 37 de Messi. Pero fiel a su estirpe, no ha bajado la guardia, y de última se está destacando por su voluntad, por abrir brechas y por sus asistencias: 12, bastante más que las 4 de Neymar, y no tan abajo de las 19 de Messi. Pero, además, la presencia de Suárez generó un problema en todos los técnicos rivales: si Messi necesita dos custodios y Neymar y Suárez uno y medio cada uno, ¿cuántos defensas deben poner...? El uruguayo es un peligro siempre. Hostiga, complica, está siempre al acecho, es pujanza, amor propio. Tomó la decisión de su vida al dejar un club donde lo amaban (Liverpool) para irse a España, pero empieza a vislumbrarse que acertó. El Barça también. Cuando esta historia del trío termine de escribirse, los 81 millones de su pase tal vez sean una anécdota. También tiene buena onda con Messi. Toman mate juntos en el camarín, se pasan generosamente la pelota, tienen los códigos rioplatenses... Es una sociedad más incipiente pues recién lleva unos meses. Con Neymar hay un año más de trato y conocimiento.

Messi está haciendo la mejor temporada de su carrera por regularidad, por goles y por asistencias, pero sobre todo por juego. Desde agosto viene en un nivel como jamás le hemos visto a un futbolista. Se retrasó definitivamente en el campo y ahora arma el juego del equipo, define los circuitos de ataque, hace unas paredes y unos pases magistrales y asiste con maestría de oráculo. Es el jugador total, el gran titiritero. La derrota en enero ante la Real Sociedad fue el punto de partida para una reacción general. El equipo no ha parado de ganar. Y el trío de crecer. Messi le ganó el pulso al técnico con demostraciones de fútbol sublimes. Y dando todo.

Suárez es ambición, potencia, agresividad, dinámica, movimientos de distracción, remate fuerte de derecha y gol; Ney es magia pura, fantasía, velocidad, un control deslumbrante de balón, el remate bajo y preciso al segundo palo que casi siempre es gol (le falta mejorar el pase, su gran defecto); Messi es Messi, una definición en sí mismo; lo máximo que se le puede exigir a un jugador. Un trío sudamericano que nos enorgullece y que apenas comienza a desgranar los primeros capítulos de su historia. Si será dorada lo dirán los títulos.

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