Fútbol

Neymar se convirtió en una pesadilla para la Academia

El astro brasileño fue el principal culpable de la noche negra bolivarista. También Ganso —autor de dos goles— jugó un gran partido para Santos

Ataque. Neymar intenta superar a Frontini (6), Rodríguez (2) y Flores (16).

Ataque. Neymar intenta superar a Frontini (6), Rodríguez (2) y Flores (16).

La Razón / Jorge Asturizaga / La Paz

03:54 / 11 de mayo de 2012

Santos prometió venganza por aquel episodio en La Paz, donde   a Neymar le lanzaron un plátano en el partido de ida jugado en el estadio Hernando Siles, y se tomó la revancha en la cancha, con la pelota, y jugando a ratos con lujos le pintó la cara a la Academia.

La hinchada celebró, alentó a su equipo y presionó al Bolívar, que vivió en Santos la peor pesadilla de su historia en la Copa Libertadores de América. La bandera que desplegó un grupo de hinchas con un mensaje en español lo decía todo: “Aquí, en Vila Belmiro, la respuesta está dentro del campo de juego” y eso cumplió a cabalidad el equipo, exhibiendo un fútbol con alta dosis de calidad y precisión.

Neymar se cansó de hacer lujos, bicicletas, toques hasta con la espalda que irritaron a más de un celeste que apeló al juego brusco para frenarlo. Él guió el baile que Santos le dio a la Academia.

La más vistosa acción fue cuando el astro bajó la pelota con la espalda tras un pase largo para que el balón quedase en poder de Juan, éste le devolvió y Neymar hizo una bicicleta para superar a Wálter Flores, quien en su intento por detenerlo llegó a tocarlo en la cara con la mano.

Neymar manejó la batuta, fue una especie de director de orquesta, sin embargo Ganso tampoco desentonó, en realidad con menos juego vistoso fue el mejor jugador de la cancha, además convirtió con un par de notables definiciones dos goles, uno de ellos, el tercer tanto de su equipo, con taco incluido mandando la pelota lejos del alcance del pobre Argüello.

Los celestes, que —salvo el técnico Ángel Hoyos— no hablaron al final del encuentro, tendrán que admitir que en octavos les tocó un rival de más fuste que los que tuvo en la segunda fase. Prueba clara es que Unión Española, que ganó el Grupo 3 casi paseando, también terminó fuera, eliminado por  el argentino Boca Juniors.

Los datos

Destacado

Todas las miradas cuando juega el Santos van sobre Neymar, pero el equipo tiene también a Ganso, otro dotado de alta calidad técnica.

Lleno total

Se jugó el partido con tribunas completamente llenas. Hubo un grupo de hinchas de la Academia que alentó al equipo durante los primeros minutos del lance. Luego sufrió.

Pudo ser más

A pesar de la diferencia, Santos no bajó su producción y continuó en la búsqueda de más anotaciones. En la recta final, el arquero Marcos Argüello alcanzó a desviar al menos tres pelotas con destino de gol.

Claure agradece y anuncia que se irán varios

Después del octavo gol de Santos, Marcelo Claure dejó el palco del estadio Vila Belmiro donde se había acomodado junto con sus invitados para ver el partido, no esperó el final ni fue a los vestuarios —como en otras ocasiones—; más bien se marchó del estadio rumbo al aeropuerto de Sao Paulo para emprender el retorno a Miami, en donde reside.

Antes de que la aeronave alzara vuelo en Brasil les escribió a los jugadores un mensaje público, agradeciéndoles su esfuerzo y a la vez anunciando que varios de ellos ya no seguirán en el plantel que armará para la próxima temporada.

“Hay muchos de ustedes que no estarán en Bolívar para la próxima temporada y les quiero agradecer por toda su entrega y sacrificio de estos últimos 15 meses. Todos han demostrado que son grandes jugadores”, dice una parte del texto.

Pidió a los jugadores ser fríos al momento del análisis, de lo positivo y lo negativo de este proceso al mando del DT Hoyos. Admitió que “la gente se acuerda de lo último y en este caso esta derrota del 8 a 0 será algo que quedará como algo muy negativo”. De lo bueno recordó que es la mejor campaña en la Copa en los últimos 12 años.

¿Fútbol ? No, un tsunami - Óscar Dorado Vega

Es muy complejo referirse a un partido como el de anoche. Y lo es porque ante semejante desnivel de fuerzas los argumentos técnicos eluden el esbozo de análisis. La ilusión de Bolívar apenas duró cinco minutos, aquellos en los que el equipo se paró en terreno contrario, intentó manejar la pelota y dejó entrever cierta disposición para presionar. Después de eso se topó con un alud incontenible, una avalancha de tormento. Y no es que el Santos emergiera como una manifestación colectiva impresionante. No. Fueron sus individualidades las que aparecieron —cada una a su turno— para explotar, sin misericordia, a un endeble, lento y desconcertado oponente.

Lo simple en estos casos es identificar fallas y personificarlas con nombre y apellido. Este columnista prefiere referirse a un colectivo que luego de ese breve lapso inicial perdió contacto con el balón, no achicó espacios, defendió particularmente mal —demasiado mal— y sintió cada cachetazo como una auténtica tortura.

El término japonés se vincula con que en el importante puerto (tsu) brasileño el oleaje (nami) adquirió visos de desastre. Es que el Santos desbordó como quiso y en los mano a mano ganó nueve de diez. La parte final comenzó tal como concluyó la anterior. Tiro que iba al arco entraba...

Apenas traspuesto el cuarto de hora la cuenta llegó a ocho. Una terrible película de terror. Si hubiera sido boxeo alguien, seguramente, hubiera lanzado la toalla para detener semejante masacre. Era fútbol y la obligación de completar lo que el reglamento establece fue siempre de la mano con la propuesta del local.

No pudo ser más lúgubre la despedida copera de Bolívar. Sin embargo, habrá que reconocerle lo hecho. Dejó atrás —a no olvidarlo, en medio de la crítica facilista— larguísimos años sin que un elenco nacional traspusiera la fase de grupos. Supo ser un cuadro interesante, sobre todo en calidad de visitante, excepción hecha de lo acontecido en la víspera. Claro, en el recuerdo esta goleada calará hondo. Y vaya uno a saber si será justo. Acaso corresponda señalar que la expresión fantasmal de la Academia que pisó el estadio Urbano Caldeira fue una sombra, un remedo, como aquel Santos —permítase la asociación, salvando las distancias— que ante Barcelona, en diciembre de 2011, padeció algo parecido. En dimensión de cifras y carencia de respuestas.

Óscar Dorado Vega es corresponsal en Bolivia de Fox Sports.

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