Fútbol

Paridad, tensión, pasión y esperanza

Será la decimoséptima eliminatoria sudamericana. Arrancó en 1954. Antes las selecciones iban invitadas. Algunas desistían

El brasileño Kaká y el argentino Jesús Dátolo van al cabezazo en un partido de eliminatoria en 2009 disputado en Rosario.

El brasileño Kaká y el argentino Jesús Dátolo van al cabezazo en un partido de eliminatoria en 2009 disputado en Rosario. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza - periodista argentino

00:00 / 05 de octubre de 2015

El Mundial es como un viaje de egresados, la eliminatoria es la carrera que se debe cursar para conseguir el pasaje. El premio y el esfuerzo previo. Y los partidos son las materias que hay que ir aprobando para graduarse. Se vienen los dos primeros finales. El jueves comenzaremos a ver quiénes estudiaron y quiénes deben mejorar. Los que logren hasta el cuarto mejor promedio, recibirán el diploma. El quinto deberá dar un examen adicional, que no es difícil, contra el mejor de Oceanía.

“La eliminatoria es una guerra sin muertos”, la definía con acierto un amigo ecuatoriano. Antiguamente lo era. Cada salida al exterior significaba una aventura; desde el viaje hasta los factores climáticos, las presiones y agresiones, el encontrarse con un balón desconocido o un campo en pésimas condiciones… Ahora son más serenas y previsibles, hay menos trampa y más garantías, la televisión es un fiscal riguroso, el reglamento es más severo. El visitante está protegido. Ganar afuera ya no está vedado para nadie; tampoco conlleva peligros.

La tarde que Colombia dio el histórico golpe del 5 a 0 en Buenos Aires, el público argentino, siempre temido por su fanatismo —y aún dolido por el baile—, terminó aplaudiendo al equipazo aquel de Pacho Maturana. Wbeimar Muñoz, prestigioso comentarista radial, contó hace unos días una anécdota bellísima de esa jornada que entró en los anales del fútbol: “Después de terminado el juego alargamos la transmisión por horas y ya bien entrada la noche fuimos con Édgar Perea, Hernán Peláez y Marco Antonio Bustos a cenar a la calle Corrientes, toda llena de restaurantes. Ni pasamos por el hotel, fuimos directo desde el estadio de River y llevábamos puestas las camisetas naranjas con el logo de Caracol adelante y la palabra Colombia detrás. Entramos en ‘Arturito’, a media cuadra del Obelisco. Estaba colmado; la gente nos reconoció como colombianos, se puso de pie en todas las mesas y empezó a aplaudirnos. Al principio no entendíamos qué pasaba, es que no estábamos habituados a esas cosas que generan los grandes triunfos. Sentimos un orgullo tremendo. Fue tan emocionante que nos quebramos hasta las lágrimas”. El premio a una vida trashumando detrás de la pelota con un micrófono o una máquina de escribir.

Ya para los 90 era todo más civilizado. O más regulado y mejor controlado. Y ahora, descabezado el aparato de poder que rigió el fútbol sudamericano durante años, más diáfano aún. El que tiene argumentos para ganar, puede hacerlo donde sea. El único imponderable son los árbitros. No son superiores a los de hace 40 o 50 años, pero al menos cuentan con mejores elementos (el intercomunicador, el aerosol), más colaboración (el cuarto árbitro), otra preparación y los está mirando el mundo. Lo que no significa que sean totalmente confiables. La última buena camada fue la de Larrionda, Elizondo, Óscar Julián Ruiz, Carlos Chandía, el brasileño Simón, René Ortubé, Roberto Silvera. No hay un establishment que ejerza presión sobre los jueces. Queda por saber quién es mejor con la pelota.

Será la decimoséptima eliminatoria sudamericana. Arrancó en 1954. Antes las selecciones iban invitadas. Incluso algunas desistían del convite. El anterior premundial con diez equipos fue el de Sudáfrica 2010. Brasil terminó primero con 33 puntos y Uruguay fue quinto con 24. Significa que para tener chances de ir a Rusia hay que sumar alrededor de 25 puntos. No es grave, representa el 46% de los 54 en juego. Una vez más, la carrera promete ser de una paridad meridiana.

Habrá que ver qué es esta nueva Bolivia de Julio César Baldivieso, que ha dejado apenas diez elementos del plantel de Copa América. La situación institucional de la Federación Boliviana, con su cúpula encarcelada, ha hecho estragos deportivos. Se cortó abruptamente el proceso de Mauricio Soria, que tuvo matices ponderables (aunque se dice de él que es un hombre de carácter feroz) y Baldivieso arrancó con el bochornoso 0-7 frente a Argentina. También con las divisiones y entredichos. A la distancia, Portugal parecía una alternativa componedora. A la falta de figuras se suman las renuncias o imposibilidades de cinco que eran titulares fijos: el capitán Raldes, Marcelo Martins, Martín Smedberg (revelación en Chile), Danny Bejarano y el excelente Romel Quiñónez. Inquietante el vaticinio de Ricardo Fontana: “No creo que Bolivia tenga chances de ir al Mundial de Rusia en 2018”. Y aguda reflexión: “Tenemos que ser realistas. Sé que no gustan estas declaraciones, sin embargo se supone que somos los últimos en Sudamérica y si somos los últimos, ¿qué tendríamos que hacer para tratar de emparejarnos un poco con algunos? Trabajar el doble que las demás selecciones; sin embargo nosotros trabajamos la mitad”.

F uera de Bolivia, el resto mantiene su nivel. Argentina es la de siempre, con sus alegrías y decepciones; pero no es fácil, fue primera en cuatro de las últimas cinco clasificatorias. Chile viene de lograr la máxima gesta de su historia, cuenta con grandes jugadores y un técnico ganador, de estilo ambicioso. Colombia debe levantar, pero sigue contando con muchos futbolistas capaces y también un entrenador de alto nivel. Y Uruguay, siempre estamos sobre aviso, dejará todo en cada partido. Es su ADN: la lucha. También cuenta con un conductor excelente como Tabárez. Acaso la gran novedad de esta eliminatoria sea Brasil, no solo porque vuelve a remar sino porque ahora es un equipo común como los otros. El jogo bonito es un recuerdo amarillento, narrado por mayores de 50, y tampoco tiene a los monstruos de antes. Los Pelé, Garrincha, Coutinho, Gerson, Jairzinho, Rivelino, Tostao, Carlos Alberto, Zico, Sócrates, Falcao, Junior, Romario, Ronaldo, Ronaldinho (la lista es interminable) son ya comentaristas o entrenadores. O incluso excomentaristas y exentrenadores. Apenas asoma Neymar, quien pese a todo el soporte mediático y marketinero está bastante lejos de aquellos. Y además Ney no jugará las dos primeras fechas.

Luego vienen Ecuador, siempre respetable y en proceso de renovación, que presentará por primera vez en una eliminatoria a Miler Bolaños, sensacional armador-goleador del Emelec. En Quito va a ser temible como siempre la tricolor. Venezuela, de interesante presentación en la Copa América y dirigida por un gran Noel Sanvicente. Ya no veremos a Juan Arango, quien cerró su ciclo en la vinotinto. Perú, crecido espiritual y futbolísticamente desde el ingreso de Gareca, y la incógnita de Paraguay, al que no le advertimos un recambio importante de jugadores y con el que Ramón Díaz la va a tener brava.

Acá no hay Maltas ni Andorras, todos están en condiciones de ganar y perder contra todos. Por eso es la eliminatoria más difícil del mundo. Y la más apasionante.

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