Fútbol

Portugal, el vigilante

Juego Limpio El técnico de Bolívar les ha prohibido a sus jugadores que simulen faltas o pierdan tiempo en la cancha

El técnico de Bolívar Miguel Ángel Portugal

El técnico de Bolívar Miguel Ángel Portugal

La Razón / Julio Peñaloza - La Paz

00:00 / 23 de julio de 2012

No lo pudo evitar: Miguel Ángel Portugal llegaba muy comportado y prudente hasta que Bolívar perdió, cuando los académicos presumían que tenían ganado el torneo de invierno. Su tono y palabras eran muy controlados y respetuosos en todas sus comparecencias públicas, pero luego del 1-2 frente a Wilstermann y la impericia en los penales, en lugar de conservar la línea, lanzó, como quien no dice nada, una casi desapercibida excusa en sentido de no estar acostumbrado a las triquiñuelas. En lugar de reconocer la superioridad del rival por lo menos con el silencio, justificó implícitamente la derrota sindicando a los rojos de vulneración del fair play. Falso. Los aviadores le ganaron a Bolívar en La Paz porque jugaron mejor tal como sí reconocieron varios de los derrotados, cosa que, repito, no hizo el director técnico. ¿Quién enseña a quién?

Esta declaración lleva a pensar que Portugal no dirigió a lo largo de su discreta carrera a “hombres antes que futbolistas” sino a querubines caídos del cielo (sobre el tema debe conocer bastante, los libros de Santiago Coca se utilizan mucho en la Escuela Nacional de Entrenadores de la que se graduó) porque no de otra manera se entiende la prohibición con advertencia de sanciones económicas a sus dirigidos lanzada el viernes “si sus jugadores se tiran al piso”. Lo que sí está claro es que los futbolistas bolivaristas, munidos solamente de una elemental honestidad intelectual, reconocieron que “no se puede jugar tan mal”, mientras su técnico-maestro lanzaba esta cortina de humo que solamente se tragarán quienes ingenuamente no se percatan de que los que hablan bajito pueden resultar más proclives a la falta de autocrítica.

Para completar la dosis de moralina, al técnico celeste le salió el colonialista del alma: “En Europa se privilegia al espectáculo” dijo, afirmación hecha sin matices (Marcas–La Razón, sábado  21 de julio, página 3). Si es así, don Miguel Ángel, ¿qué se privilegia en la salvaje América del Sur?, ¿Las triquiñuelas? ¿O prefiere llamarle argucias? ¿O sería mejor malas artes? En todo caso, en aras de explicitar la verdad, a Bolívar le expulsaron dos jugadores en ese partido, a Wilstermann uno. En gran parte de la civilizada Europa en la que los bancos son más importantes que los colectivos sociales, pasan cosas peores como la trama corrupta del calcio italiano o la buena salud y admiración profesada a jugadores como el afroitaliano Mario Balotelli, héroe del Manchester City, digamos un “Harry el sucio” del fútbol que si tiene que arrancarle la cabeza a un rival para favorecer a su equipo no dudará en hacerlo.

Hasta aquí nada significativo pues la conclusión pasa por el lugar común: Desde que se inventaron las excusas nadie ha quedado mal en la vida y a continuación viene lo llamativo, porque el moralista Portugal no lo es tanto al decantarse por el prohibicionismo y la sanción, antes que por la pedagogía y la concientización, a partir del sistema de multas que ha decidido aplicar a sus futbolistas si apelan a todas las mañas que se sancionan en el desarrollo del partido, o aquellos que no se sancionan y atentan contra “el privilegio del espectáculo”.

Pregunta-ejercicio: Pongamos que Bolívar está ganando 1-0 en un partido definitorio. Que si le empatan queda afuera de la clasificación.  En una incidencia del partido el arquero sale del área a despejar un balón que cae a los pies de un adversario. Como el portero ha dejado la meta desguarnecida, y la única manera de evitar que le disparen a puerta vacía es cometiendo una infracción a cargo de un volante de contención. Falta artera, pero el árbitro no decide expulsión. ¿Portugal castigará a su jugador con una multa por haber evitado que le empaten a su equipo? Si el señor Portugal cree que la demagogia en el medio boliviano es ilegible se ha equivocado y si realmente tiene vocación por la vigilancia, que trate de recuperar el tino: El código de ética se discute puertas adentro, pues lo contrario significa poner en evidencia un paternalismo y subestimación que ningún futbolista que se considere profesional tiene por qué aceptar. Prohibido tirar la pelota a las tribunasA los censores se termina por no creerles ni lo que rezan en misa de domingo. El director técnico Miguel Ángel Portugal le ha faltado el respeto a los futbolistas de Bolívar al haber hecho pública su decisión de acudir a las sanciones económicas en caso de vulneración al código moral que tiene en su cabeza. Como si fueran unos desubicados inconsciente que no tienen noción para manejarse en la vida.

El fútbol es un deporte de contacto físico, y esa característica central hace que la línea divisoria entre lo ético y lo ilícito sea muy ambigua. Por algo se les llama “faltas tácticas” a cierto tipo de contravenciones a las reglas y se encuentran dentro los márgenes de lo admisible con las correspondientes sanciones según los tamaños de las infracciones.

En la vida real el engaño está asociado con la falta de ética y la corrupción. En el fútbol es una virtud, signo de inventiva, y hasta de genialidad. En el fútbol los amagues son parte del juego, y eso se observa de manera muy nítida en la ejecución de los tiros penales: el arquero se juega a la derecha, y el balón ingresa por el otro extremo de la portería.

Y para los simuladores que quieren inventar penales también hay sanciones dentro del campo, esos que no dudan en tirarla a la bandeja alta de las tribunas para ganar (o perder) tiempo.

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