Fútbol

El Soberano futbolero

En nuestro fútbol ni siquiera muchos de sus jugadores son futboleros

La Razón Digital / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:18 / 10 de octubre de 2014

A los bolivianos nos interesa y gusta el fútbol, pero de ahí a pensar que hacemos de él una causa nacional que compromete a la mayoría de sus habitantes, resulta de un entusiasmo patriotero y nacionalista que no se manifiesta en la cotidianidad. Los bolivianos somos futboleros con nuestro propio balompié de manera circunstancial.

Celebramos hoy los treinta y dos años ininterrumpidos de una era democrática con sombras y luces; y a propósito de tan significativo momento para nuestra historia de nuevo siglo, puede resultar pedagógico y esclarecedor el ejercicio de una mirada acerca de los vínculos del  nacionalismo y un supuesto clamor popular con el fútbol.

Las palabras vinculadas al lenguaje monárquico siempre me han generado desconfianza y, por ello, asociar soberano con pueblo no me cuadra, pues sigue repiqueteando en mi conciencia la concentración de las decisiones autocráticas en la figura del Rey que por derecho familiar sucesorio gobernó territorios durante siglos, y que hoy forma parte del folklore europeo en el que los parlamentarismos y presidencialismos han extinguido prácticamente las prerrogativas dominantes en la Edad Media, cuando la sangre azul era una realidad más que literaria.

El Soberano era el Rey y en la actualidad, se utiliza el título para definir a las colectividades de las naciones inscritas en el Estado de Derecho, en el sentido de que la soberanía reside en las decisiones ciudadanas y que, en el tema específico que nos ocupa, ésta puede ser muy bien utilizada para objetivos de manipulación mediática como hace alguna televisión doméstica que escudada en las redes sociales está pretendiendo instalar en el imaginario boliviano que el fútbol es un asunto de diez millones de habitantes, es decir, de todo el país.

Las groserías manipulatorias con buen envoltorio pueden pasar como creíbles y ésta es una de ellas, debido a que el boliviano no es un pueblo futbolero como lo son el argentino, brasileño, uruguayo o chileno, para utilizar los ejemplos más cercanos, donde las hinchadas manifiestan en la cotidianidad su incidencia social, su influencia política e incluso, en algunos casos, se han transfigurado en hordas que amenazan la seguridad ciudadana de grandes urbes, en las que graderías de estadios y calles aledañas a los escenarios deportivos se constituyen a veces en campos de batalla en los que se producen asesinatos en nombre de una pelota y una bandera.

A los bolivianos nos gusta el fútbol, qué duda cabe. Especialmente practicarlo con entusiasmo de fin de semana, pero el hecho de que sea el deporte más practicado en gran parte del territorio nacional no significa que pueda convertir automaticamente al pueblo boliviano en un pueblo futbolero, porque si así fuera, en este momento de profunda crisis económica en clubes como Blooming o The Strongest, sus militantes estarían movilizados para buscar caminos que contribuyan a superar los paros en los que se encuentran sus primeros planteles impagos hace dos y tres meses.

Si Bolivia fuera un auténtico país futbolero, no tendría solamente a tres hinchadas más o menos organizadas  —San José, Oriente Petrolero, The Strongest—que son las que permiten promedios de asistencia a los estadios que oscilan entre los tres mil y como máximo diez mil espectadores en cada fecha liguera. El que se llamaría futbolero en Bolivia es pues, un futbolero de ocasión. Se manifiesta hincha en algún clásico, de la selección nacional a la muerte de un Obispo, de algún partido internacional más o menos llamativo, o ni eso: Cuando Universitario de Sucre recibió a César Vallejo de Perú (2-2), en el último partido jugado por un equipo nacional en la Copa Sudamericana, el Estadio Patria presentaba tribunas vacías, con menos de la mitad del aforo, y esto, tratándose de un partido clasificatorio de gran trascendencia para el equipo chuquisaqueño.

El futbolero es aquella persona que profesa lealtad al cuadro del que es hincha en buenas y malas, que desarrolla unas capacidades de lectura  del juego y, como la televisión en directo certifica todos los fines de semana, las diferencias de calidad entre lo que sucede en nuestros maltrechos estadios y las catedrales del espectáculo, ha surgido una nueva categoría de seguidor del fútbol a partir, de la oferta de las grandes cadenas en materia de ligas nacionales y en el que internacionales y que significa por lo menos entre seis y ocho partidos en vivo semanales. Ente la comodidad de quedarse en casa para ver lances de Italia, España, Alemania e Inglaterra y concurrir a uno de nuestra muy limitada liga, parece que no habría cómo equivocarse, si se tiene la ventaja de poder abonar una mensualidad de televisión pagada.

En nuestro país el fútbol y su práctica llegan a extremos tan paradójicos que ni siquiera muchos de sus jugadores son futboleros, debido a que en los hechos desprecian su oficio, tal como hace unos días lo han demostrado media docena de jugadores del Club Empresa Minera Huanuni que se emborrachó junto a dirigentes, valiente denuncia de su propio entrenador, el argentino Arnaldo Mansilla, que destapó la olla con nombres y apellidos, y explicó así el motivo de la mala campaña de sus dirigidos en la Copa Bolivia.

Bolívar se dio el lujo de llenar el Hernando Siles por anticipado y a través de ventas por Internet, y así lograr una extraordinaria recaudación en el partido de vuelta por semifinales de Copa Libertadores frente a San Lorenzo. A pesar del  0-5 sufrido en Buenos Aires no cabía un alfiler en el estadio de Miraflores y la recaudación fue extraordinaria. Pasada la emoción de ese expectante momento, a la academia paceña le toca jugar una seguidilla en La Paz en el marco del torneo Apertura 2014-2015.

Seguramente en esas oportunidades también comprobaremos que lo que abundan son los bolivaristas de circunstancia, esos que difícilmente irán a ver un partido contra un rival liguero una tarde sabatina, lo mismo que la mayoría de los hinchas del resto de los equipos, de aquellos que tienen alguna hinchada, porque además no faltan los equipos que tienen solamente unos cuantos tímidos simpatizantes.

Si el fútbol boliviano logra instalar lo importante por encima de lo urgente, si encara de manera concertada y simultánea, la prioridad del trabajo de mediano y largo plazo, seguramente mejorará el interés colectivo por los desempeños de clubes y selecciones. Mientras tanto, seguiremos siendo esos futboleros de ocasión que cuando suena el

“Viva mi patria Bolivia”, se emociona por un momento y después a otra cosa. El fútbol, no es —nunca lo fue— una causa nacional, porque jamás en toda nuestra historia se construyó hasta hoy una cultura del trabajo competitivo que para generar resultados positivos debe contar con dedicación y paciencia. No somos futboleros en el profundo sentido del concepto los bolivianos, y será bueno que asumamos con honestidad autocrítica que fueron otras las generaciones, no las nuevas, las que se desvivían por las distintas divisas nacionales. Hoy los chicos están pendientes de lo que harán el domingo Messi y Cristiano Ronaldo.

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