Fútbol

Qué sería del Tigre sin Pablo Escobar

Néstor Craviotto supo proponer un partido de visita basado en el orden y contraataque

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:24 / 06 de febrero de 2015

Un jugador determinando las posibilidades de triunfo de todo un equipo? En el caso de The Strongest es así porque Pablo Escobar no solamente se constituye en su mejor exponente por virtudes de juego, sino por ese perfil de liderazgo que influye tanto especialmente en los más jóvenes cuando se trata de desafíos mayores como el de jugar una Copa Libertadores. El The Strongest campeón con cuatro de cinco títulos, esto ya no admite debates, será recordado en la historia como el Tigre del Pájaro Escobar.

A riesgo de parecer un aguafiestas y de convertirme en candidato a pertenecer a la brigada de los disconformes, aunque mis hermanos atigrados puedan reclamarme acremente, me resulta imposible ejercer ese llamado periodismo de camiseta, más próximo a la arenga de tribuna que a las lecturas rigurosas del juego, tan venidas a menos hoy en Bolivia en la radio y en la Tv, con narradores lambiscones que exhiben horribles muletillas como el “de pronto”, encaje o no encaje en el contexto de las frases que se esfuerzan en hilvanar.

Escucho los entusiasmos de los stronguistas que andan inquietos y hasta obsesivos con la cuenta regresiva que conduce al martes 10 de febrero, fecha en la que el equipo gualdinegro podría hacerle morder el polvo de las incomodidades que provoca la altitud de La Paz al muy discreto Morelia de México y de esa manera romper con la siempre negada vía de la primera fase de Copa Libertadores hacia la instancia de grupos donde las cosas comienzan a tornarse interesantes para las hinchadas eufóricas que circunscriben sus expectativas a ganar sin importar el cómo.

Una cosa es el planteamiento y otra el desempeño de un equipo, y en ese marco, Néstor Craviotto supo proponer un partido de visita basado en el orden y en el contraataque, y casi todo el volumen de juego pasando por los pies de Pablo Escobar que es la mitad más uno del equipo, con las disculpas respetuosas para todos sus compañeros que sin el Pájaro guaraní manejando los hilos, los ánimos y los momentos decisivos de The Strongest, el equipo de Achumani estaría imposibilitado de exhibir tan grandes pretensiones competitivas.

Escucho demasiado nacionalismo, un dirigente utiliza la palabra “espectacular” —otra muletilla— para referirse con algarabía a la participación boliviana en el máximo torneo sudamericano, tirando flores también para San José de Oruro y Universitario de Sucre, y pienso que no hay cosa más riesgosa desde fuera del campo, que empacharnos de ilusiones excesivas próximas a la demagogia, cuando bien sabemos, si nos pretendemos serios, que la calidad futbolística de los clubes de nuestra América ha decaído notablemente en los últimos años y para tal cosa, solamente es necesario mirar tres partidos al hilo de la Libertadores recién inaugurada, panorama en el que de todas maneras, los bolivianos, en términos generales,  continuamos situados por debajo de argentinos, brasileños, uruguayos y paraguayos.

El fútbol boliviano de nuestros equipos ligueros en la arena internacional es predominantemente de aguante, contención y sacrificio. No asoman los rasgos de calidad y oficio competitivo como nos lo mostrara el gran Bolívar de los 80, los 90 y principios de este nuevo siglo, que saltaba a los campos repartiendo exquisitez, con figuras de muchísima mayor jerarquía que las de la actualidad y por eso, con este cuadro de situación, está claro el porqué de la afirmación relacionada con la Escobar dependencia, o en el caso de los de la vereda de enfrente, de la Callejón dependencia e incluso la Sánchez Capdevila dependencia, estos dos últimos, profesionales que respetan sin concesiones su profesión y dignifican cargados de legitimidad el oficio futbolístico.

Si el planteamiento de Craviotto hubiera funcionado como él quería, el Tigre debió ganarle cómodamente al Morelia, pero lamentablemente, detrás de Escobar, Castro y Wayar estuvieron algo por encima de la media de un cuadro muy limitado que tiene en la línea de fondo problemas de marca muy serios con Centurión y Marteli, y por elevación ni hablar del central paraguayo que dejó pasar un centro debido a su insuficiente salto para evitar el empate que sellaría definitivamente el marcador.

Futbolísticamente, en términos dominantes, Morelia 1 The Strongest 1 fue un partido técnicamente gris, disimulado para el caso de los nuestros, por el oficio con el que se mueve Escobar para gravitar en los últimos metros, infelizmente no bien acompañado por Ramallo,  que de las muy pocas opciones de las que dispusieron los de Achumani, marró dos, una por mal control de balón y la segunda por una equivocada decisión de asistencia cuando el capitán atigrado se encontraba en fuera de juego para recibirla.

Es muy bueno festejar triunfos y abrigar esperanzas, cuando tenemos el antecedente del Bolívar semifinalista de la anterior versión del torneo, o el del mismo The Strongest quedando afuera en octavos de final en la definición por penales. Es alentador poder jugarles a los mexicanos de tú a tú en su casa, y  lograr demostrar que el fútbol es once contra once y es en la cancha donde desaparecen las gigantescas diferencias económico-financieras con las que trabajan unos y otros. Tiene que ser motivo de alegría estar al borde de pasar de la fase uno a la de grupos, objetivo que sería por primera vez logrado por un equipo nuestro. Pero todo esto contiene un peligro que se llama exitismo o celebración prematura, y que cuando las cosas no resultan como las soñábamos terminan astillando las expectativas de los aficionados de manera más penosa y en la que el desconsuelo vuelve a marcar tantas jornadas con resultados negativos.

La rica y multiforme historia de The Strongest sellada por su multifacética influencia en el imaginario social de La Paz va a quedar marcada a fuego en la década recorrida por Pablo Escobar, que si algún defecto tiene es el de pasarse de rosca en los reclamos a los árbitros, pero que en contrapartida posee todas las virtudes que un futbolista profesional necesita: Compromiso, dedicación, compañerismo, y para hacer la diferencia frente a los adversarios, capacidad para diferenciarse por talento y eficacia a la hora de concretar triunfos.  Esto es lo que rescato, entonces, del debut atigrado en esta Libertadores, la influencia personal en todo un grupo que por supuesto está llamado a ser el protagonista del partido de vuelta frente a los mexicanos en el Hernando Siles y que de conseguir el resultado esperado, volvería a pintar de oro y negro al país futbolero.

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