Fútbol

El Tigre se dedicó a celebrar

The Strongest estrenó su condición de único tricampeón de la Liga con un empate 1-1 frente a Bolívar, en el clásico 186 de la Liga.

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Asturizaga / La Paz

06:55 / 17 de diciembre de 2012

Sin otro interés que no sea el festejo por haber encadenado tres títulos seguidos el Tigre fue un equipo adormecido en los primeros minutos, ese tiempo en el que Bolívar fue más no pudo ser traducido en goles porque el estado de la cancha jugó una mala pasada a sus atacantes.

Sin embargo, fue el atigrado el que se puso en ventaja en el marcador con una buena definición de Pablo Escobar, quien con un zurdazo clavó la pelota en el ángulo izquierdo del arquero Romel Quiñónez.

La jugada previa fue una avivada de Alejandro Chumacero, aprovechó una falla de Christian Vargas y desbordó hasta el final de la cancha por la banda izquierda, mandó un centro que fue mal rechazado por Gabriel Valverde y el capitán atigrado sacó el remate para el 1-0.

La segunda parte fue más atractiva, hubo movimiento y el Tigre estuvo cerca de liquidar en seis minutos hubo dos intentos que causaron susto en la última línea celeste. Primero Harold Reina remató desde unos 20 metros y la pelota salió cerca del poste, y en la segunda Escobar hizo estrellar la pelota en el travesaño.

La tranquilidad para Bolívar la puso Campos con un notable remate a media altura que superó la resistencia de Vaca.

Bolívar se quedó con uno menos por la expulsión de Justiniano y el Tigre creció en el campo de juego. Aunque a un equipo que no se entrene toda la semana no se le puede dar esa ventaja. Un rato después Méndez también vio la cartulina roja.

La fiesta aurinegra empezó en la tribuna y en la cancha, daba lo mismo cualquier resultado y eso irritó a los celestes que empezaron a repartir patadas, producto del juego violento también se fue Gabriel Valverde por una fuerte entrada a Alejandro Chumacero.

En la recta final los equipos esperaron que llegue el último minuto de juego, los atigrados empezaron con su celebración.

El fútbol le abrió cauce a la fiesta

Óscar Dorado, periodista

The Strongest jugó sereno. Seguro de sí mismo. Contento. Abrazado al éxito logrado anticipadamente en Potosí.

Bolívar, en cambio, no fue más que el reflejo de lo que mostró a lo largo del torneo; es decir, un equipo impreciso, irregular y nervioso. Sin un norte en lo colectivo y afectado a raíz de ostensibles mermas individuales ( Lizio representó una muestra patente al respecto).

El campeón anticipado hasta se permitió el lujo de una semana previa colmada de festejos y homenajes, donde la preparación resultó distinta, en exigencia, a la habitual. Sin embargo, ello no se notó en absoluto. Es que los circuitos están asimilados y funcionan, a diferencia del presente que exhibe su adversario. Escobar y Chumacero, por ejemplo, se entienden y operan de memoria. Ayer lo ratificaron. Aparte, es un cuadro tonificado tras su consagración y ello le dota de una valiosa carga de actitud positiva, sinónimo de solvencia.

Bastó que Valverde resbalara para que apareciera Pablo Daniel y firmara la apertura.

La Academia ubicó a Cantero como referencia ofensiva y su presencia, salvo una que otra jugada, resultó virtualmente nominal, escuálida.

Al margen de la ventaja, el Tigre nunca dejó de pensar en el arco de Quiñónez. Y esto tiene que ver, y mucho, con aquello antes anotado: el accionar que no se traiciona porque constituye la identidad, la esencia del desenvolvimiento.

Bolívar mejoró con el ingreso de Álvarez (aunque terminó ofuscado en grado extremo). E instantes después que el horizontal devolviera un remate de Escobar, Campos se animó de media distancia y empató.

Uno perdió a Justiniano. Otro a Méndez; ambos expulsados. Y la tónica del partido no varió, ni siquiera tras los cambios que el señor Portugal ensayó —probando, como durante todo el certamen—  en procura de revertir el marcador. Valverde también vio la roja y el bochorno amenazó con apoderarse del final.

El partido como tal pareció accesorio a través de varios pasajes. El elenco celeste —llamativamente proclive a la infracción—  era el obligado a proponer algo distinto, a exigir, y no lo consiguió. El Tigre, entre tanto, tenía la mente puesta en la celebración y ese derecho era y es, a todas luces, inobjetable.

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