Fútbol

Y ahora fundó el CLUB del TRI…

Análisis The Strongest ha sumado motivos suficientes en  el torneo para avalar  el éxito

La Razón / Óscar Dorado

03:51 / 10 de diciembre de 2012

No es difícil descubrir y resaltar las claves de este campeón multiplicado por tres. Acaso la primera (salvando la obviedad) es que hizo todo mejor que los demás. Porque en cam-peonatos largos —donde se juega de ida y vuelta y tal es que ayer la penúltima y decisiva estación se identificó como la 21°— no hay excusa que valga. El título es del mejor. Y si se consigue, como en este caso, de modo adelantado ni qué decir…

Por eso, qué gratificante resultaría —como se estila en España, donde reconocer al consagrado no deshonra, ni resta orgullo, menos aún dignidad— que en el clásico del domingo hubiera, previamente, un pasillo de reconocimiento ( que de esto el señor Miguel Ángel Portugal tiene referencias) de celestes a aurinegros. Si Barcelona se lo ha tributado a Real Madrid, y viceversa, no hay razón para que el episodio se desdeñe en el añejo y tradicional choque de los grandes paceños. Va como tenue sugerencia, de refilón, en medio de esta columna, que desgrana el fundamento del cuadro que ayer, en Potosí, volvió a festejar.

Y a la hora de reanudar el análisis inherente al origen de la nueva conquista es imprescindible aludir a eso que en fútbol suele llamarse “encontrar el equipo”. Mérito de Eduardo Villegas (cada vez más estudioso) y sus colaboradores, sin duda. Porque —así suene a contradicción— los conductores técnicos se enfrentan a una dificultad sobredimensionada para consumar este propósito en la medida en que cuentan con mayor cantidad de fichas auténticamente útiles, capaces de solucionar problemas y generar variantes. The Strongest se mostró, he aquí otra de sus fortalezas, con un estupendo banco de suplentes, posiblemente digno de sana envidia de parte de otros entrenadores del medio.

Entonces, hombres que no hace mucho fueron regulares titulares (Enrique Parada, Ernesto Cristaldo, Luis Hernán Melgar, Rodrigo Ramallo, etc.) debieron conformarse en esta campaña con alternar eventualmente. No es un dato menor. A ellos se sumaron Andrés Jemio, que, cuando le tocó, supo reemplazar correctamente a Daniel Vaca; Delio Ojeda, alterno de lujo para el centro de la zaga; un polifuncional como Daniel Chávez; y Mauricio Saucedo, que hasta ahora no apareció como el refuerzo esperado, pero debe pensar seriamente en tomarse revancha en 2013.

En otro sector de esta edición aparecen los números —incuestionables, irrebatibles— de una campaña caracterizada por la regularidad. El Tigre asomó parejito. Solvente. Equilibrado. Y cuando, en la recta final, dejó entrever ciertos baches en la mitad de la cancha, sobre todo para recuperar el balón y añadir dosis de media distancia en los remates, el estratega apeló a Sacha Lima. Asunto resuelto. Válido como ejemplo, entre otros.

Daniel Vaca ratificó sus antecedentes; Diego Bejarano se encaramó como la mayor revelación del elenco; Marco Barrera y Luis Méndez formaron un dúo sólido, que no decayó cuando Ojeda debió entrar; Jair Torrico, al igual que su compañero de banda, marcó y se proyectó; Wálter Veizaga es el peón que no brilla a la vista pero rinde; está señalado el rol de Sacha Lima; Alejandro Chumacero terminó de consolidarse y ya es gran figura; Nelvin Soliz constituye el complemento necesario en el circuito de tres cuartos hacia adelante; Pablo Escobar crea, hace muchísimos goles (vaya atributo…) y, en suma, encarna el liderazgo dentro y fuera del campo; Harold Reina respondió con una interesante cuota de efectividad, ni bien se adaptó. Es la síntesis básica de la estructura que, como es usual en el fútbol, puede provocar uno que otro cuestionamiento individual, pero en el debate global y cualitativo no admite peros.

Y si quiere más, añada ingredientes como base física, disciplina táctica (para saber aprovechar, por caso, los espacios), fortaleza mental (acentuada desde hace unas cuantas jornadas, a despecho de la ansiedad), riqueza técnica, un adecuado clima interno y algo que no puede faltar en ninguna formación del Tigre: entereza a toda prueba, férreo carácter, bravura a raudales, no sin aplomo en gran dosis.

También alcanzó matiz inocultable la mesura, más allá del propósito cuasi obtenido. El champán no se descorchó anticipadamente, como correspondía. Y la consigna de la prudencia prevaleció, aunque las consultas del periodismo, lógicamente, apuntaran una y otra vez hacia el hasta ahora desconocido Tri…Derrotó dos veces, y con autoridad, al escolta presente. Ganó el clásico de la rueda inicial. Sólo perdió una vez como local (Wilstermann) y dos fuera de La Paz (Universitario y Blooming). Acumuló 13 victorias. Ostenta el ataque más productivo. Motivos suficientes para avalar el éxito. Es un Tigre, cómo negarlo, de espalda ancha…

Por supuesto que a tiempo de escarbar en el terreno de las virtudes surge la tarea de Kurt Reintsch San Martín, el presidente, y su directorio. Los resultados también se cosechan al margen del rectángulo. La vieja máxima de este deporte es perfectamente aplicable al caso. El titular heredó deudas al por mayor. No sólo las afrontó. Fue pagando, tapando huecos y asumiendo obligaciones de la actualidad (una planilla mensual que sobrepasa los $us 100 mil). Aparte, continúa afanado en dotar de mejoras al complejo de Achumani. No es poca cosa. Al hombre, parece, lo acompaña la suerte. Ésta, sin embargo, va acompañada de trabajo, dedicación y adecuada percepción, como la que en la víspera dio lugar a que miles de aficionados compraran entradas a precio de promoción, sin sufrir, además de las horas de viaje, el consabido capricho tarifario de los revendedores.

Sí, The Strongest instauró  — enhorabuena, como regalo navideño a su afición— el Club del Tri. Que acepta nuevos socios, aunque la vara está bastante alta y da la impresión de que pasará buen tiempo para que haya, requisito competitivo mediante, otra inscripción. Los antiguos griegos enseñaron el valor de lo cíclico. Este, originado en el Apertura 2011-2012, continuado en el Clausura de la misma temporada y rematado en el Apertura que bajará la persiana en seis días, es de alto vuelo y el 0-2 revertido en el Víctor Agustín Ugarte no hizo más que sumar otro reflejo del espíritu imperante. Sí, como se preveía, hubo vuelta olímpica y celebración antelada. Se escribió una historia que no tiene calco. De esas labradas sobre la base esencial del alma futbolera, argumento sin licencia de invencible, pero que, matizado de amarillo y negro, le cae como anillo al dedo a este plantel. Histórico. Notable. Inolvidable. Y todos los adjetivos que se adecuen a la circunstancia. Homenaje al mérito y a la virtud. También a la justicia, no ajena, como se comprobó, al juego de juegos.

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