Fútbol

Cuando el aliento surge de la cancha

En caso de resultados felices, el mérito será del equipo gracias a los jugadores

La Razón / Lorenzo Carri / La Paz

01:18 / 01 de junio de 2012

El público tiene reacciones que nadie maneja y desde 1993 vive insatisfecho, en el límite del temor y de la desilusión, a un paso de la crítica. Un resultado adverso lo desalienta tanto o más que a cualquier otro público de Sudamérica. La confianza, la seguridad y la ilusión de ganar emanan del campo de juego; son producidas por los jugadores y tienen eco en las tribunas y en millones de personas a la distancia. No creo en el efecto inverso.

La insistencia periodística ha obligado a Gustavo Quinteros a formular frecuentes declaraciones en esta tensa etapa de preparación para los partidos con Chile y Paraguay. En cierto momento, el DT manifestó a los cronistas que la intensa preparación (técnico-física-científica) de los dos rivales demostraba que el seleccionado nacional se había ganado el respeto de sus adversarios.

Un poco menos enfático, y algo desilusionado, el señor Quinteros dijo días después que el método chileno (entrenamiento en el norte más sofisticadas cámaras de ambientación), y las dos semanas de “vida paceña” del elenco paraguayo, iban a quitarle a Bolivia su ventaja natural (los 3.600 metros de altitud sobre el nivel del mar). La condición de local en Miraflores perdía su importancia —creímos interpretar— y había que prepararse para dos difíciles cotejos, mano a mano.

(Es bueno el punto de vista porque, en caso de resultados felices,    el mérito será del equipo y, por supuesto, de quien lo prepara. Pero es peligroso porque si los resultados no son satisfactorios… ¿en qué queda el estadio Hernando Siles como escenario natural e histórico de la selección?). Fue entonces cuando el técnico insistió en la necesidad del apoyo del público concurrente, aliento que considera vital, determinante, importantísimo.

No es nuestro propósito polemizar sobre algo tan subjetivo. Recordamos (porque viene al caso) aquella angustiosa tarde del 10 de marzo de 1963, cuando el  seleccionado verde perdía ante Ecuador     —que supuestamente era el rival más fácil del Sudamericano— y se multiplicaban las voces agoreras sobre lo que esperaba al equipo de  Danilo Alvim, de Wilfredo Camacho, de Víctor Agustín Ugarte… (Con un público silencioso, el equipo local empató y ya saben ustedes lo que vino después).

Recordamos otra fecha más cercana (22 de agosto de 1993), cuando la selección, de la que formaba parte el actual entrenador del elenco nacional, vencía económicamente a Venezuela por 1-0 y el público —exultante tras las victorias ante la misma Venezuela en Puerto Ordaz (7-1), ante Brasil, Uruguay y Ecuador, y acariciando una clasificación histórica— despedía al dueño de casa entre reclamos y quejas al término del primer tiempo. Después, Bolivia metió seis goles en la segunda etapa, se impuso (7-0) y Estados Unidos 1994 ya no estuvo lejos.

El público tiene reacciones que nadie maneja (no le atribuyan al periodismo más influencia de la que en realidad tiene), y desde 1993 vive  insatisfecho, en el límite del temor y de la desilusión, a un paso de la crítica.

Un resultado adverso (que conspire contra la nueva clasificación al Mundial) lo desalienta tanto o más que a cualquier otro público de Sudamérica. No olvido que en 2008, hubo una asistencia enorme en el cotejo Bolivia-Chile, pero la derrota (0-2) —y era, como el de mañana el quinto cotejo— derivó en una concurrencia (tres días después) de solamente 10 mil personas que vieron el triunfo (4-2) sobre Paraguay, uno de los mejores partidos del equipo en la anterior eliminatoria.

Sigo creyendo que la confianza,  la seguridad y la ilusión de ganar emanan del campo de juego; son producidas por los jugadores y tienen eco en las tribunas y en millones de personas a la distancia. No creo en el efecto inverso, aunque respeto todo criterio en contrario.

Permitan otros recuerdos. En 2008, miles de fanáticos brasileños alentaban a voz en cuello a su seleccionado, que en 90 minutos de pachorra igualó en Río de Janeiro con la selección boliviana. Y miles y miles de fanáticos argentinos enronquecieron animando a la selección argentina en La Plata y en la cancha de River Plate, en Buenos Aires, hace unos meses, nada más, pero los albicelestes no pasaron de dos empates famélicos ante nuestro elenco.

Como “esto es fútbol” —apelo a la obvia frasecita— creo esencialmente en aquello que veo en el rectángulo y en el juego de los futbolistas.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia