Fútbol

Fuera de cancha, Bolívar cuenta con un ‘trío de oro’

Trabajadores. Óscar Montes, Lino Vargas y Omar Rocha son los funcionarios más antiguos de la Academia vinculados al primer plantel

La Razón / Jaime Ayllón

00:00 / 09 de julio de 2012

Los tres ya son patrimonio de Bolívar. Le han dado al club buena parte de sus vidas. Y hoy por hoy siguen firmes. Son los trabajadores más antiguos del club relacionados con el primer plantel, con los muchos equipos que vieron pasar y a los que les prestaron atención.

Óscar Montes llegó hace 38 años, es el asistente de útiles. Vio pasar a las más grandes figuras que tuvo Bolívar desde entonces. En sus manos tuvo los cachos de las mayores estrellas del club y es quien mejor conoce el vestuario celeste.

Lino Vargas está hace 25 años. Su función es la de kinesiólogo. Es el primero que entra a la cancha para asistir a un jugador si se lesiona. Veloz como un rayo, maletín en mano.

Y Omar Rocha ya lleva 22 años en la Academia. Es licenciado en fisioterapia. Hombre clave en la curación de jugadores. Gracias a su buena labor se ha ganado la confianza de muchísimos de ellos que no quieren a otro que no sea él si se trata de un tratamiento en su área.

Los tres han vivido de cerca las grandes alegrías y también los golpes recibidos en Bolívar.

Montes comenzó como portero en las viviendas del club en la calle Indaburo. “Conseguí el trabajo gracias a un amigo taxista, Roberto Rada, que era quien recogía casi todos los días al contador del club, don René González. Un día, en 1974, yo estaba con ellos, todavía se jugaban los partidos de la Asociación, y me preguntó si quería trabajar. Entonces me dio la pega”.

ÇEn 1978 el utilero del club, Manuel Vallejos, tuvo problemas con el entrenador Freddy Valda, “y como yo era amigo del kinesiólogo Jaime Tórrez, él me avisó que necesitaban personal, me recomendó y desde esa fecha soy el utilero del plantel”.

Montes anota que “todos deben pensar que el trabajo es fácil. No, hay que tener mucho cuidado y responsabilidad. Pero al mismo tiempo es bastante divertido porque estás en contacto con ídolos del fútbol, jugadores a los que la gente quiere, todos diferentes uno del otro y también exigentes. A cada uno hay que saber comprender”.

Tiene un montón de anécdotas para contar, pero dos de ellas son las que nunca olvida. “La primera vez que fui a Brasil embalamos todo el material, resulta que llevé de uno de los jugadores sólo la zapatilla derecha, no la izquierda. Entonces allí tuvieron que comprar unos cachos”. Y la otra: “Fue en Copa Libertadores, hasta dijeron que me había tomado, y no fue así. Después de un arduo día de trabajo, con ayuda de mi esposa terminé a las 03.00 de embalar todo. Me eché un rato, ese fue mi error, porque cuando desperté eran las 07.00 y teníamos que estar en el aeropuerto a las 05.00. Un dirigente, don Fernando Dips, tuvo que llevar todo el material al día siguiente”.

Vio pasar a ídolos como Chichi Romero, Ovidio Messa, Carlos Aragonés, Luis Gregorio Gallo, Erwin Sánchez o Marco Etcheverry, “gente muy sencilla, muy simple, que nunca se complicaba con nada”.

Según Montes, “antes, cuando se usaban sólo botines negros, era fácil porque se compraba betún y cepillos y los lustrabas, listo. En cambio ahora, con estos cachos modernos, de colores, es más complicado, porque primero tienes que lavarlos y luego lustrarlos o pasarles tinte. Igual lo hacemos con cariño”.

Vargas se sumó al cuerpo técnico el 29 de mayo de 1987, cuando empezó la etapa de Jorge Habegger. Recomendado por el  técnico de menores, Abdul Aramayo, fue a prueba por tres meses y se quedó para siempre.

“Necesitaban un masajista o kinesiólogo, yo había trabajado en clubes de la Asociación, donde me conoció el profesor Abdul. Estaba en Chaco Petrolero y el profe me dijo si quería venir a Bolívar, no lo pensé dos veces, acepté y hoy todavía sigo”.

“Pasaron tan rápido los años”, dice Lino Vargas, quien guarda “grandes recuerdos, porque, entre otras cosas, conocí países a los que nunca pensé que llegaría, todo eso gracias al fútbol. Además hice amigos que fueron grandes cracks, como Carlos Borja, Jorge Hirano, Jorge Olaechea, Carlos Trucco, Tomas N’Kono, Erwin Sánchez, Marco Etcheverry, Vladimir Soria. Todos pasaron por mis manos, siempre me dieron un buen trato y nunca perdieron la humildad”.

Más allá de su labor, el estar pegado al banco de suplentes le lleva a vivir los partidos con gran intensidad. Cuenta que más de una vez no se controló y por reclamar fue expulsado.

“Una vez, en Copa Libertadores, se habló mucho de un supuesto chequesito, cuando el árbitro recogió y se llevó un papel al bolsillo. Yo, inexperto, le fui a gritar aquello, y me botó. Cometí un gran error al hablar alegremente de lo que sucedió, así que fue una lección de vida”.

Lino Vargas recuerda a los muchos técnicos que pasaron por Bolívar: “todos dejaron huella”. Y habla de uno en especial, el argentino José Omar Pastoriza, con quien hizo una buena relación. “Cuando se fue me quiso llevar a trabajar con él a Argentina”.

Omar Rocha llegó por invitación del técnico Jorge Habegger. Antes de ello trabajaba en un centro privado de fisioterapia donde asistían varios jugadores. Ahí conoció al entrenador, con quien primero trabajó en la selección nacional que fue a la Copa América de Brasil en 1989, y en 1990 llegó a Bolívar, tras haber sido aprobado su proyecto por el médico y dirigente Félix Romano, fallecido hace poco.

“Bolívar me permitió ganar experiencia, formarme mucho más en lo profesional, me abrió las puertas para ir a la selección y estar en el Mundial de 1994 en Estados Unidos. Fui a tantas otras partes, pero además incursioné en otras disciplinas, así que este club me ayudó a agrandar mi espectro profesional”.

Ha visto de cerca lesiones de jugadores importantes. Por ejemplo, de Marco Etcheverry: “Conocida como la triada maldita, fue una lesión en la que se rompió el ligamento cruzado anterior, el medial y los meniscos, además de parte del ligamento externo de su rodilla. Costó muchísimo la rehabilitación, pero Marco volvió al fútbol”.

Rocha ha visto de todo en materia de lesiones. Y ha atendido a un montón de futbolistas. Le ha tocado vivir con ellos momentos difíciles, pero la recompensa ha sido grande cuando, tras superar sus lesiones, pudieron volver a la cancha. Esa es la mayor satisfacción que él tiene.

Montes, Vargas y Rocha son inseparables. El otro gran equipo que tiene Bolívar. Mientras los jugadores ganan en la cancha, ellos lo hacen afuera y desde hace mucho son los campeones. De eso no quepa duda.

Perfil

Nombre: Óscar Montes

Fecha de nacimiento: 16 de julio de 1955, en Huancané, Sud Yungas

Trayectoria: Es utilero de Bolívar hace 38 años

Está casado con Mireya Antelo, tienen tres hijos: Olber (futbolista y actualmente funcionario en la escuela de fútbol), Patricia y Adam (abogado). Montes piensa jubilarse en unos dos años más.

Perfil

Nombre: Lino Vargas

Fecha de nacimiento: 29 de septiembre de 1953, en La Paz

Trayectoria: Kinesiólogo de Bolívar hace 25 años

Lino está casado con María René Loza. Sus hijos son Adam y Maicol. “El fútbol te deja grandes amigos, tanto al interior del club como afuera. Y te enseña muchas cosas”, sostiene.

Perfil

Nombre: Omar Rocha Flores

Fecha de nacimiento: 19 de mayo de 1961, en Coripata

Trayectoria: Es fisioterapeuta, trabaja hace 22 años en Bolívar

Omar tiene cuatro hijos: Yomara, Sdenka,  Omar Isrrael y Gabriel Omar. En su profesión tiene una maestría y un doctorado. Agradece a todos los médicos con los que trabajó en la Academia.

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