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Doña Cecilia, la casera de jugos de Bolívar

Es la casera del primer plantel. Cuerpo técnico y futbolistas acuden a ella por las mañanas para consumir zumos de fruta con leche o agua. Su quiosco es blanco con verde y está adornado con fotos de ella con los futbolistas.

Doña Cecilia prepara deliciosos jugos para jugadores del club Bolívar. Foto: Archivo

Doña Cecilia prepara deliciosos jugos para jugadores del club Bolívar. Foto: Archivo

La Razón Digital / Jaime Ayllón / La Paz

12:30 / 07 de marzo de 2018

Bolívar es como su familia, en la que los jugadores son sus hijos. “Algunos de los chicos me hacen sentir bien porque me dicen ‘mami’”, dice doña Cecilia, la juguera que atiende a los futbolistas celestes en las afueras del estadio Libertador de Tembladerani.

Es la casera del primer plantel. Cuerpo técnico y futbolistas acuden a ella por las mañanas para consumir zumos de fruta con leche o agua.

“Antes, al frente del estadio tenía alquilada una tienda donde los jugadores juveniles venían incluso a servirse el desayuno. Con el tiempo también lo hacían Luis Gatty Ribeiro, Marcos Sandy, Joaquín Botero, Miguel Mercado, Limberg Gutiérrez, Óscar Sánchez y otros. Siempre venían a tomar sus jugos vitamínicos”, cuenta doña Cecilia.

Debido a que el alquiler del local era alto “me salí de ahí y empecé a atender al frente de la canchita, pero en 2001, don Óscar Montes —quien era el ayudante de útiles del plantel— me dijo que por qué no habría un quiosco en la misma acera antes del ingreso al estadio, él me ayudó a pedir el permiso respectivo al presidente del Bolívar, quien no tuvo problemas y autorizó que utilizara el lugar donde ahora estoy, tras realizar todos los trámites con la Alcaldía”.

Su quiosco es blanco con verde y está adornado con fotos de ella con los futbolistas.

Con el tiempo se hizo popular entre ellos.  “Se acercaban a tomar su juguito, muchos se encariñaron conmigo y me regalaron cuadros del equipo, se hizo mayor amistad y hasta me permitieron ingresar al vestuario llevando sus pedidos, fue gracias a la gestión de William Ferreira, Wálter Flores y Juan Carlos Arce, por eso tengo ingreso hasta los ambientes donde se sirven el desayuno”, narra.

Los futbolistas consumen zumos de naranja o de pomelo, “no tienen que contener azúcar, lo mismo que los vitamínicos con yogur, entonces en eso tengo que tener mucho cuidado. El más exigente era Gastón Sirino, le gustaba mucho que la fruta fuera fresca, aunque en ese sentido no hay problema porque a diario la compro. Los precios de mis productos tampoco son caros”.

Con varios jugadores tiene una linda relación. “Claro, me encariñé demasiado con ellos, para mí son como mis hijos y Bolívar es como mi familia. Ellos siempre son muy educados, muy cariñosos, me hacen sentir bien y la amistad que tengo es linda. Los jugadores me colaboran en todo al igual que los miembros del cuerpo técnico”.

  • La señora Cecilia muestra las fotografías de recuerdo que tiene con futbolistas de Bolívar de diferentes épocas. Foto: Miguel Carrasco

Un día que no olvida es cuando el médico de los juveniles, Freddy Patty, aceptó atenderla porque tenía algunos dolores. “Como no tengo seguro médico aceptó revisarme, desde entonces a veces me colabora”.

Varios de los jugadores también la han apoyado.

“Sin duda alguna, porque desde el momento en que llegué a este lugar para instalar mi negocio incluso me ayudaron a pagar parte del kiosko. Don William (Ferreira) siempre estuvo pendiente de ello al igual que don Wálter (Flores). Ellos me dieron un dinero que habían recaudado entre todos y así me colaboraron”.

El exdelantero de Bolívar, el ecuatoriano Carlos Tenorio, le sorprendió una mañana al obsequiarle una licuadora. “Era muy atento, muy cariñoso y yo, aparte de la atención que le daba, se lo barría la calle justo en el lugar en donde dejaba estacionada su vagoneta, que se la cuidaba”.

“Aparte, Tenorio también cada fin de mes me regalaba 100 bolivianos, me decía ‘anda a comer lo que te guste’. Fue muy bueno conmigo y siempre lo recordaré”.

Asimismo, el zaguero Ronald Raldes “de pronto un día se acercó con una caja y me entregó una licuadora y una sumidora, es un señor de buen corazón. Recién nos conocimos y me expresó su cariño, por ello le doy las gracias”.

“En general todos andan pendientes, preguntándome cómo me siento, si algún momento no atiendo al día siguiente se acercan y me preguntan por qué no vine y les tengo que explicar. Se encariñaron mucho conmigo, son muy cariñosos. Todos son buenos“.

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