Fútbol

El contradictorio fútbol argentino

Las canteras de los argentinos se han convertido en fuentes de exportación directa

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

01:58 / 10 de abril de 2015

Grandes jugadores en Europa y grises equipos en casa propia. Ésa es la gigantesca contradicción que produce el fútbol rioplatense hoy, tal como lo está demostrando River Plate en la vigente Copa Libertadores, en la que depende de lo que haga el Juan Aurich peruano para poder acceder a la siguiente fase del torneo. Los grandes equipos de grandes jugadores ya no son moneda corriente desde hace por lo menos una década en una realidad futbolística donde la pasión no tiene comparación posible con otras latitudes.

Lejanos y difusos quedaron los días en que River Plate regalaba buen fútbol a las plateas mundiales y esto se hace extensivo al resto del fútbol argentino que hoy cuenta con un torneo nacional en el que compiten treinta equipos, última gran decisión tomada por Julio Grondona como presidente de la AFA, antes de su deceso producido el pasado año, pero que en términos de calidad está generando más dudas que certezas acerca de su futuro.

Recuerdo solamente once nombres riverplatenses de distintas épocas en las últimas cuatro décadas: Javier Mascherano, Hernán Crespo, Pablo Aymar, Javier Saviola, Marcelo Gallardo, Juan Pablo Sorín, Ariel Arnaldo Ortega, Enzo Francescoli, Ramón Díaz, Daniel Passarella y Norberto Alonso. De los nombrados, Díaz fue años más tarde el entrenador más exitoso de la historia del equipo de la banda roja, Passarella un exitoso técnico primero y un desastroso dirigente luego con el que semejante club tuvo que soportar la humillación de descender de categoría, Gallardo es el actual director técnico y Francescoli el director deportivo. Acabo de citar a una verdadera constelación, de la cual Mascherano se encuentra en la cresta de la ola con su rendimiento en la selección y en el Barça, y con esto queda constancia de la decisiva contribución del equipo millonario al fútbol sudamericano y mundial. 

Las señales enviadas con la obtención del último título del torneo doméstico y la conquista de la última Copa Sudamericana, nos permitían presagiar una transición fluida y coherente de lo que fue el trabajo de Díaz y lo que prometía Gallardo, que llegaba con el antecedente de haber trabajado con reconocida solvencia al frente de Nacional de Montevideo, hasta que llegó el día en que River debutaba en la Libertadores, regresando al torneo mayor de Sudamérica luego de muchísimos años, perdiendo con San José en Oruro (2-0), momento desde el cual inició su andadura sin conocer triunfos, logrando en su último partido un esforzadísimo empate en Monterrey frente a Tigres (2-2) en los cinco minutos finales del tiempo reglamentario.

Con los equipos argentinos históricos está sucediendo que sus canteras se han convertido en fuentes de exportación directa hacia el fútbol europeo, lo que significa que muchos de los chicos entre los 14 y 17 años con mejores condiciones mostradas en las divisiones juveniles de esas grandes instituciones, salen directamente hacia equipos del viejo mundo en los que terminan de formarse para saltar luego a las primeras divisiones en las que se juega al más alto nivel competitivo del planeta. En este contexto, no llamará la atención, por lo tanto, que sea un paraguayo —Ortigoza— el autor del gol del campeonato con el que San Lorenzo logró la última Libertadores y que un uruguayo —Mora— haya sido la figura y el autor del gol del empate contra los mexicanos, prolongando la supervivencia de los de Núñez, con el inquietante antecedente de no haber ganado un solo partido de los cinco ya disputados en el principal torneo del continente.

El fútbol argentino se convierte, con esta nueva realidad, en una flagrante contradicción de su propia identidad y destino, pues mientras cuenta con futbolistas instalados en el top 50 de la calidad de élite, paseando talento y efectividad por España, Inglaterra, Francia, Alemania, y muchos otros países europeos, está exhibiendo una calidad más que cuestionable en sus equipos locales, tal como lo viene demostrando River, y para no ir muy lejos, el legendario Huracán que ha retornado a un torneo internacional luego de cuarenta y un años, en unas limitadísimas condiciones competitivas como se ha podido ver también el miércoles que terminó empatado por Universitario de Sucre en  Buenos Aires.

Dice Jonathan Wilson en su magnífica historia de la táctica futbolística —“La pirámide invertida”, 2011— que los europeos trajeron el fútbol hacia América, a fines del siglo XIX, a cambio de nuestros recursos naturales. Es decir se llevaron el oro y otras joyas y nos dejaron una pelota. Para completar el razonamiento, habría que agregar diciendo, que no solo se llevaron la plata de Potosí y otras riquezas durante la colonia, sino que no contentos con haber descubierto las bondades de nuestras fértiles tierras, ahora se llevan los mejores recursos humanos futbolísticos para potenciarlos de manera superlativa como lo hicieron con Lionel Messi, por el cual, el Barcelona FC invirtió muchísimo dinero en el mejoramiento de su estatura y generando un quiebre histórico y cultural casi nunca comentado, ya que el 10 blaugrana tiene la genética rioplatense, ningún paso por el potrero, y toda una inversión de laboratorio y escuela que le ha permitido convertirse en el quinto mejor futbolista de entre los mejores de todos los tiempos. Messi es pues, un producto no de cancha de polvareda sudamericana, sino de impecable verde césped de primer mundo, donde los maestros y entrenadores cuidan hasta el mínimo detalle los diamantes a cincelar.

River Plate no tuvo la jerarquía para desnivelar el juego frente a un Tigres bien agrupado atrás que podía otorgarse la licencia de especular, dada su prematura clasificación como primero en el grupo.  Hizo prevalecer su localía, incitando a la desesperación a los rojiblancos que muy pronto perdió a uno de sus ordenadores por distensión muscular, Leonardo Ponzio, y que no tuvo en Leonardo Pisculichi o en Teo Gutiérrez a los hombres con la jerarquía para desequilibrar las acciones e inclinar la balanza en su favor. Lo contrario, fueron los mexicanos con la solvencia en la portería del ex Newell’s, Nahuel Guzmán, la solidez de Arévalo Ríos al medio y la incisividad de Guerrón en el frente de ataque, los que le dieron tónica al partido que parecía terminaba con un cómodo 2-0 a favor de los anfitriones, que por un par de errores de cobertura defensiva, y el coraje definitorio de Mora, cedieron el empate que mantiene con vida a este equipo que esperará en el Monumental a San José para propinarle la mayor goleada posible, dependiendo de lo que suceda en Chiclayo con el Juan Aurich que debe imponerse a los ganadores del grupo para ser segundo y dejar afuera a los riverplatenses.

El fútbol argentino de los grandes oncenos se encuentra en la lejanía y la opacidad de tiempos que fueron mejores, y esto también explica, qué duda cabe, el ostensible bajón del nivel del fútbol sudamericano de clubes en general y en este adverso contexto, no sería de extrañar que Gallardo y los suyos terminen mirando por televisión a quienes tienen reales posibilidades de pasar a la siguiente fase de una Libertadores, conforme transcurren los años, mejor organizada, pero en los estándares del juego en franco declive.

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