Fútbol

Antes y después del ‘Cholo’

Simeone ha cambiado la vida del club, de sus hinchas, ha mutado incluso la fisonomía de la Liga española, antes bipolar

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

00:40 / 09 de febrero de 2015

El 21 de  diciembre de 2011 el Albacete Balompié venció al Atlético  de Madrid 1-0 en el Vicente Calderón y lo eliminó de la Copa del Rey 2011-2012. Era el acabóse. Ya le había ganado 2-1 en la ida. Apenas iban los dieciseisavos de final del torneo. En la Liga, el cuadro colchonero rozaba los puestos  de descenso. Eran tumbos y golpes de todos lados. El club  decidió cesar al entrenador Gregorio Manzano y aplacar el  incendio llamando a un ídolo de la afición: Diego Simeone,  bicampeón de Liga y Copa en 1996 como jugador, figura y  bandera de los hinchas por su garra.

Dos días  antes, Simeone renunciaba como técnico de Racing tras ser  subcampeón argentino. Dos días después era presentado en  Madrid. Nunca olvidarán los atléticos aquella caída ante  el Albacete, jamás recordarán con tanto cariño una  derrota, pues esa eliminación les hizo tocar fondo y  permitió el arribo del hombre que cambiaría la historia de  la institución. Desde el día en que llegó y con el mismo  plantel que daba vuelco tras vuelco. El Atlético de Madrid estaba hundido futbolística y espiritualmente. Sin  triunfos, sin títulos, la grandeza perdida a la vuelta de  una esquina, el orgullo pisoteado, el Madrid humillándolo  en cada enfrentamiento, la masa rojiblanca triste y  entregada. Desde aquel día aciago del Albacete a este  sábado glorioso del 4 a 0 al Real Madrid han pasado poco  más de tres años mágicos, de alegría en alegría, de  asombro en asombro. Es difícil hallar en la historia  del fútbol un resurgimiento tan increíble de un club solo por la llegada de un entrenador. Simeone ha cambiado la vida del club, de sus hinchas, ha mutado incluso la fisonomía de  la Liga española, antes bipolar. Lo ha reinstalado como un  grande de Europa. Ha devuelto el coraje (antiguamente característico) a una entidad que arrancaba vencida los  partidos, más frente a su gran rival. La transformación ha  sido de tal magnitud que el libro de oro del Atlético se puede  dividir en dos capítulos: antes y después del Cholo.Tan absoluta y vergonzante era la  paternidad blanca sobre los de Manzanares que los hinchas madridistas enarbolaron en noviembre de 2011 una pancarta  humillante: “SE BUSCA RIVAL DIGNO PARA DERBY DECENTE”.

Ahora es tan espectacular el viraje del enfrentamiento que  tal vez el cartel lo pongan  los de enfrente.“Quiero un equipo agresivo, fuerte,  aguerrido, contragolpeador y veloz. Eso que nos enamoró  siempre a los atléticos. Vamos en busca de lo que fue  nuestra historia”, proclamó Simeone el día de su  presentación, un mes después de aquella pancarta burlona.

¡Vaya si lo ha logrado! Y con un presupuesto que está  lejos de los del Barcelona y el Madrid. ¿Qué les dice el Cholo  a sus jugadores...? ¿Cómo son sus charlas técnicas...?  Quién sabe... Transforma en guerreros a todos los que le  llevan. Los convence de luchar, de dar el 110 por ciento. Y  de jugar... Lo que se percibe desde fuera es una excelente  sintonía con sus muchachos, les golpea el pecho cuando  entran y cuando salen, y todos felices, agrandados,  convencidos. Cuando hace un cambio, el que sale abraza al que entra; cuando marcan un gol, lo celebran como hermanos.

Se advierte una mancomunión que los pone a tiro de  cualquier hazaña. Los títulos ganados cuentan, desde  luego, pero esto va más allá, es la refundación del Atlético como club grande. Ha retomado su orgullo, su casta  combativa, su espíritu indomable. El milagro se produjo  desde el banco. El 4 a 0 fue por aplastamiento. Y generoso. Pudieron ser seis. Con actitud, intensidad y juego. El Madrid no puede argumentar que le pegaron patadas;  le pegaron sí un baile que no olvidará en años. Se habla  mucho de la defensa de hierro del Atlético; se pasa por alto  su mediocampo, que posee gran toque de balón: Gabi, Tiago,  Koke, Arda, Raúl García,Mario Suárez, todos tocan bien,  con criterio, al pie. “Es el fuerte nuestro, tenemos gente  de gran manejo en el medio”, confidenció una vez Simeone.

Todo cierto. Y la tocan con personalidad, sin miedo de  perderla, que es como se evidencia el  carácter. “Vamos a ir a ganar la Liga al Calderón", prometió Ronaldo el día de la  eliminación de la Copa del Rey, también ante el Atlético.  No fueron, se quedaron en el Bernabéu. El portugués fue un  fantasma, lo que se le critica en los partidos importantes.

El actual Balón de Oro muestra una involución importante  de su juego: en sus años dorados en Manchester, incluso en  su comienzo en España, participaba mucho del juego,  arrancaba de más atrás, desbordaba por la punta derecha, servía centros, hacía diagonales, ayudaba en el armado  ofensivo, era un jugador sumamente activo, colectivo y  desequilibrante. Desde hace un año y medio o dos su aporte se reduce a esperar que sus compañeros elaboren una jugada  para que él la aproveche en el área. Ha pasado a ser un  pescador. Se mide su juego solo por los goles, pero no  colabora con el equipo, lo usufructúa. Individualísimo y  ausente. Y los goles hay que ver a qué rival, cómo, si de  penal o de empujada; y qué gol, si el primero o el  quinto. José Félix  Díaz Hernández, columnista de Marca, no buscó la diplomacia con CR7: “No sería justo señalar a todos los madridistas en eso de dejarse llevar, pero los que más  ganan, los que presumen de tener Balones de Oro en su casa o  anticipan que pueden lograrlo algún día, se deben dar  cuenta de una vez que esto del fútbol exige  esfuerzo, unión y,  sobre todo, entrega.

Mientras no aparezcan estas cualidades, el Real Madrid está condenado al fracaso. Con Balones de  Oro, pero rotundo y sonoro  fracaso. Cristiano Ronaldo escribió una de las páginas más  tristes de su  historia como madridista. Con una nefasta actitud, se dejó  llevar sin más. Ni ganas, ni condición, pero como se sabe titular, pues no pasa nada”. Un tiro al  arco del Madrid en toda la tarde. En el minuto 81, disparo de Illarramendi que además se iba afuera, pero rozó la  mano de Moyá y fue córner. Ancelotti le juega al Atlético con tres arriba: Bale, Benzemá y Ronaldo. Y el trámite se  da siempre igual: todo del Atlético, que gana por  superioridad en el medio. A los cuatro volantes se le  agregan Juanfrán y Siqueira, que suben y apoyan siempre, y Mandzukic, que baja y pivotea. Total: casi siete rojiblancos para tres merengues. De allí nace la superioridad en todos los clásicos. Algún día se van a separar el Cholo  y el Atlético. Nada dura para siempre. Pero este paso no se olvidará nunca, ya es  historia.

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