Fútbol

El día en que Martins lloró

Los jugadores de la selección boliviana estaban anímicamente destrozados, con los rostros inundados de tristeza.

El día  en que Martins lloró. Foto: Fox Sport

El día en que Martins lloró. Foto: Fox Sport

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñalosa / La Paz

00:00 / 01 de abril de 2013

Te lo dije” fue la arrogante frase de un pretencioso colega que cree descubrir el agua tibia cuando recita un par de lugares comunes sobre táctica futbolística. Le respondí de manera seca y cortante, para inmediatamente trasladarme al vestuario de Bolivia y tener la suerte de encontrar a Sergio Galarza que ya estaba cambiado para marcharse y pude desahogarme ofreciéndole un abrazo por el extraordinario partido jugado frente a la Argentina de Messi, pero esa tarde del martes 26 de marzo, especialmente de Di María.

Galarza es un apellido histórico del fútbol boliviano y en alguna medida, gracias a la trayectoria señalada por su padre Luis y su tío Arturo, Sergio supo recorrer la senda dejada por sus mayores para aprender los secretos de la custodia de la portería con suficiencia y la autoestima en su sitio, tal como lo demostró en esos dos mano a mano, con Palacio en la primera etapa y con la Pulga casi al finalizar el partido, más otras atajadas y despejes notables que evitaron la que hubiera sido una derrota más dolorosa que el 1-1 final.

Marcelo Martins, mientras tanto, se cambió rápidamente y prácticamente había salido desconsolado, adelantándose a sus compañeros, mientras el periodismo histérico pretendía hacer de las suyas dando como cierta la versión de que el delantero renunciaba a la selección, asunto por él mismo desmentido ya de retorno en Santa Cruz de la Sierra esa misma noche.

Apenas se metió en la boca del túnel, Martins, autor de la apertura del marcador con soberbio cabezazo, se desató en lágrimas, mientras un fastidioso operativo de seguridad se desplegaba para hacer posible la visita del presidente Morales al vestuario argentino y cumplir con el sueño de entregarle una plaqueta y un poncho a su ídolo Lionel Messi, más unas bolsitas con souvenirs e información gubernamental al resto de la plantilla albiceleste que se insinuaba presurosa por subirse al bus para escapar de La Paz, ciudad de pesadillas, incomodidades respiratorias y esta vez un empate que olía a desquite del 1-6 de hace cuatro años.

Suelo no escribir sobre nuestro fútbol, pero mi privilegiada situación me obliga a decir lo que ninguno de los periodistas bolivianos destacados a la zona de vestuarios y a la conferencia de prensa de los entrenadores percibió: Los jugadores de la selección boliviana de fútbol estaban anímicamente destrozados, con los rostros inundados de tristeza porque sentían que lo habían dado todo, que habían desplegado sus mejores esfuerzos por conseguir el triunfo y de esa manera quitarse el mal sabor de la goleada en Colombia y vislumbrar luz por una rendija, cara a los próximos partidos frente a Venezuela, en La Paz, y Chile, en Santiago. Los shows televisivos de horas más tarde volverían a las andadas con el consabido catálogo de puestas en escena morbosas, comodonas, irrespetuosas y facilistas, propias de quienes miran el asunto desde afuera sin militancia o por lo menos natural simpatía con la verde. Nada. A matarlos. Al técnico, a la dirigencia, y a todas las víctimas propiciatorias, hablando como siempre, de todo menos del desarrollo del juego mismo.

Mientras el mandatario Morales, contento con haber logrado el cara a cara con el “10” del Barcelona, pasaba de largo por el vestuario boliviano, y Xabier Azkargorta se disponía a asistir a la conferencia de prensa de rigor, repasaba momentos del partido y volví a la misma conclusión de siempre: Con sistemas de juego parecidos, los rivales se llevaron el resultado que buscaban, mientras los nuestros naufragaban en los intentos de romper el par de barreras defensivas bien consolidadas en la segunda etapa que les servían luego para pasar al contraataque sofocado por Galarza y ese marcador central llamado Edward Zenteno al que muy pocos prestaron atención por su gran tarea en la línea de fondo compartida con Ronald Raldes.

El día en que Martins lloró, dimensioné lo fácil que es hablar desde cualquier púlpito mediático sobre un fútbol con grandes limitaciones como el boliviano, y en el que sus jugadores más destacados siguen en la lucha, con todas las dificultades que ello implica para enfrentar el sábado a Brasil y certificar que siempre hay una próxima vez para una nueva batalla. Este es nuestro fútbol, al que queremos cambiarle el destino, por uno de compromiso entre todos los que jugamos limpio, combatiendo, por ejemplo, a ciertos piratas parapetados en los sets televisivos.

Con Brasil, y luego pensar en Venezuela y Chile

Jugar con el anfitrión de la Copa del Mundo 2014 en Santa Cruz de la Sierra será de una gran utilidad para la selección boliviana y para los ajustes que necesita ensayar el técnico Xabier Azkargorta con miras a los encuentros por eliminatorias a disputarse en junio.

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El partido ha sido programado para el sábado 6 de este mes desde las 15.30 en el estadio Tahuichi Aguilera. Y según el acuerdo previo, la selección brasileña vendrá con futbolistas que actúan dentro de su país, debido a que como no es fecha FIFA, no puede tomar en cuenta a los que juegan en el exterior.

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En el caso de Bolivia, la FBF todavía hace gestiones para que alguno de afuera pueda estar. La lista será anunciada por Azkargorta este lunes, sin los futbolistas que actúan en Copa Libertadores de América.

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Será además una oportunidad para homenajear a los jugadores campeones sudamericanos de 1963 que precisamente conquistaron el título en el estadio Félix Capriles de Cochabamba frente a la selección verde amarilla.

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