Fútbol

Se empató solo

Fue un arranque promisorio el de Bolívar: toque, circulación, llegadas, un juego vivaz que sorprendió a los xeneizes. Sin embargo duró un suspiro. Lentamente comenzó a perder agresividad y protagonismo.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

03:25 / 11 de marzo de 2016

Paradojas… Mientras en Buenos Aires River y Sao Paulo jugaron para The Strongest, en La Paz Bolívar lo hizo para Boca. Lo tenía sentido, aturdido, y lo dejó levantarse y agrandarse hasta empatar. La igualdad es un premio para el equipo auriazul, que aún sin fútbol ni ideas pugnó todo el segundo por un resultado decoroso y un castigo para los celestes que regalaron todo: campo, pelota y posibilidades.

Hay que recordarlo siempre: los partidos terminan cuando el juez da los tres pitazos, no antes. Bolívar creyó en la inercia del resultado, Boca en el milagro. Se dio lo segundo. Tuvo, también, la suerte de que el juez uruguayo Andrés Cunha diera 4 minutos de adición cuando no había sucedido nada que lo ameritara. Ni lesionados ni detenciones ni conatos. La explicación es bastante simple: el que perdía era Boca.

Fue un arranque promisorio el de Bolívar: toque, circulación, llegadas, un juego vivaz que sorprendió a los xeneizes. Sin embargo duró un suspiro. Lentamente comenzó a perder agresividad y protagonismo.

Mantuvo la sensación de superioridad el tremendo golazo de Erwin Saavedra con un derechazo de una belleza técnica que invita a verlo una y otra vez. Pero nunca lo reafirmó Bolívar. En lugar de asentarse y rematarlo, se fue diluyendo de a poco. Gago tuvo en el minuto 32 el gol servido y le pegó con los cordones. Fue un aviso de que Boca mostraba signos vitales.

El segundo tiempo desmejoró aún más la imagen de la Academia. Fue entregando la pelota y retrocediendo cada vez más progresivamente hasta situarse en las inmediaciones de Romel Quiñónez. Ruben Insua, viendo que el medio campo era un dique desbordado, intentó reordenarlo con el ingreso de Wálter Flores. No funcionó. Nadie contenía, nadie aguantaba la pelota, Boca se animaba de a poco. Sebastián Palacios se deglutió el gol dentro del área en el minuto 90 y pareció que era el último estertor boquense, pero a los 93 y fracción Sánchez Capdevila —por lejos el mejor bolivarista— atropelló con cierta torpeza desde atrás a Tévez a treinta metros de su arco (totalmente innecesario) y le obsequió un tiro libre que era como conceder el último deseo a un condenado. Y Carrizo lo transformó en un salvoconducto.

Lo sorprendente es que, en su propia casa, Bolívar se vio superado físicamente por Boca, que terminó más entero, dominando. Del medio hacia adelante, todos mal en Bolívar. La defensa no tuvo firmeza ni aguante. Un triunfo celeste dejaba a Boca muy mal posicionado y a Bolívar con buenas chances de clasificación. Faltó corazón para defender la ventaja. Ni le dieron a Saavedra la oportunidad de meterse en la historia con ese cañonazo colosal.

Jorge Barraza es periodista argentino.

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