Fútbol

El escondite de los violentos

Un espectáculo deportivo tan popular termina siendo confundido con un asunto de vida o muerte. Hoy deberá pronunciarse la Conmebol sobre la apelación que ha presentado Corinthians.

Brasileños. Los hinchas de Corinthians despliegan una bandera.

Brasileños. Los hinchas de Corinthians despliegan una bandera.

La Razón / Julio Peñaloza / La Paz

03:25 / 25 de febrero de 2013

La resignación como parte constitutiva de la personalidad humana y la vertiginosidad de los tiempos que corren me han enseñado que cuando la vida se asume como tiempo indetenible e inexorable, las pérdidas humanas se van convirtiendo en recuerdos aquietados por ese facilón lugar común que dice “mañana será otro día”. Así de estremecedora e inmodificable es la vida, y es con esa sensación que percibo la muerte del adolescente Kevin Beltrán, víctima de la estupidez disfrazada de celebración, cuando los torcedores corinthianos perdían la cabeza con el gol de Paolo Guerrero que a los 6 minutos inauguraba el marcador en el Jesús Bermúdez de Oruro.

Hoy deberá pronunciarse la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) sobre la apelación que ha presentado el club Corinthians, el tercero con mayor hinchada del planeta (tiene tres veces más adeptos que la población total de nuestro país) luego del dictamen que señala una muy dura sanción que obligaría al Timao a jugar a puertas cerradas los partidos que le correspondan en los próximos sesenta días. Intuyo que la Confederación considerará la disminución del castigo, pero de ninguna manera será levantado dada la gravedad de lo acontecido  y que ha derivado en la detención preventiva de doce ciudadanos brasileños ataviados con la camiseta del equipo de sus amores —¿o de sus odios?— que en las próximas horas podrían ser juzgados y sentenciados a pasar algunos años en la cárcel de San Pedro de la ciudad de Sebastián Pagador.

Otro episodio de violencia, desatado nada menos que en la zona de vestuarios del estadio Morumbi cuando se disputaba la última final de la Copa Sudamericana entre Sao Paulo y el Tigre de Argentina ha derivado en multas de cien mil dólares para cada uno de estos equipos por los sucesos en los que incluso fue denunciado un oficial de Policía que habría desenfundado su arma de reglamento para disparar al aire con el propósito de amedrentar a los visitantes que ya no volvieron a la cancha para disputar el segundo tiempo, lo que condujo a los organizadores a montar el acto de premiación al campeón que en los primeros cuarenta y cinco minutos ganaba 2-0, resultado con el que se decretó la finalización del partido.

La amenaza del Corinthians de retirarse de la Libertadores si la Confederación no revisa un dictamen que los brasileños consideran demasiado severo —ninguna sanción deportiva disciplinaria alcanzará para devolverle la vida a Kevin, como a cualquier otra víctima de la violencia vinculada al fútbol— ha encontrado eco en la parcialidad que ya tiene compradas sus localidades para los tres partidos —105 mil entradas vendidas— que su equipo jugará como anfitrión por la Copa Libertadores que ha amenazado con invadir masivamente las inmediaciones del estadio Pacaembú en caso de que la decisión de impedir espectadores en dichos encuentros sea mantenida sin matices. Si tal cosa sucediera, la plaza Charles Miller que se encuentra enfrente del escenario deportivo que nada más tiene capacidad para 40 mil espectadores, podría convertirse por unas horas en zona de guerra donde nuevamente podría estallar la violencia lo mismo que la bengala que pulverizó el cráneo de Kevin Beltrán.

Hinchas desaforados y empresarios pragmáticos pueden terminar consolidando el fútbol en perfecto escondite desde el que se canaliza la propensión más sectaria y abyecta de aquellos que profesan su militancia futbolística en la que un espectáculo deportivo tan popular termina siendo confundido con un asunto de vida o muerte. Para el caso del partido entre San José y Corinthians de vida y muerte.

Estos hechos tienen que preocupar a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) que deber encarar un arduo trabajo psico-social y de seguridad, si no quiere que la Copa del Mundo del próximo año se convierta en el caldo de cultivo de acontecimientos desgraciados como el que nos ocupa, peor si el Scratch no consigue el título, cosa perfectamente posible en el juego de las probabilidades.

San José, víctima de la inoperancia

Si dos de los hinchas brasileños detenidos en Oruro, acusados de responsabilidad por la muerte de Kevin Beltrán, portaban un par de mochilas que contenían bengalas, significa que los organismos de seguridad correspondientes, encabezados por la Policía Boliviana, no cumplieron una tarea lo suficientemente rigurosa que impidiera que estos aficionados-enajenados ingresaran en el estadio orureño.

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A San José puede haberle faltado experiencia y cuidado por los últimos detalles para organizar la logística del partido contra Corinthians por un torneo del tamaño de la Copa Libertadores de América, pero no tiene, para nada, desde donde se vea, responsabilidad directa en la trágica muerte de este joven de 14 años de edad que llegó ilusionado desde Cochabamba para ver a su equipo.

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Para sus próximos partidos por el torneo internacional (Millonarios y “Xolos de Tijuana”), los santos deberán honrar su cualidad y ejercer como es debido la responsabilidad ineludible que tienen como club anfitrión y de esa manera prevenir para no lamentar. 

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