Fútbol

Sin formación, imposible un fútbol exitoso

Bolivia llegó a USA 94 porque contaba con jugadores de categoría incuestionable

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

01:42 / 12 de septiembre de 2014

Si Colombia volvió a emprender un proceso de veinte años y Alemania uno de diez, ¿por qué Bolivia tendría que clasificarse a un mundial como por arte de encantamiento? Los futbolistas bolivianos, con estatus de seleccionados, están muy debajo del promedio sudamericano hoy. Así de triste, así de cierto y así de frustrante.

El presidente Evo Morales encontró, por fin, la explicación inicial de por qué Bolivia no es competitiva en los deportes en la mayoría de las disciplinas con estatus olímpico que se practican en Bolivia. Asistió a un acto en el que fue testigo de la mala condición física de los profesores de Estado en la materia, y no tuvo mejor idea que compararlos con las mujeres embarazadas por su incapacidad para saltar vallas. ¡Eureka! El Primer Mandatario, sin proponérselo, terminó encontrando el primer argumento de nuestras carencias y vacíos en materia de promoción de mentes sanas en cuerpos sanos, que va mucho más allá, por supuesto, de un voluntarismo persuadido que todo pasa por el espíritu de lucha.

El alarmismo francotirador de algunos opinadores, más los enfoques plañideros y pseudomoralistas de gran parte de la televisión deportiva, insisten en que el problema boliviano pasa por las ganas, los nombres y los hombres situados en los distintos estamentos de funcionamiento del fútbol boliviano. Siguen mirando la cúspide de la pirámide y se niegan, por comodidad y porque la rigurosidad exige un esfuerzo intelectual más allá de la rutina, que el problema consiste en que, desde fines del siglo XX y principios del actual, en nuestro país se ha dejado de producir progresivamente valores preparados para la alta competición internacional, lo que significa haber desatendido la base de esa pirámide que ocuparon en su momento con gran solidez, escuelas como Tahuichi en Santa Cruz y Enrique Happ en Cochabamba.

En la década de los 90 a Bolivia le fue más o menos bien porque estaban los Rimba, Cristaldo, Soria, Baldivieso, Melgar, Sánchez y Etcheverry. Años más tarde, ya con dificultades inocultables, la nave fue mantenida hasta donde se pudo con los Botero, Gatty Ribeiro, Colque, Galindo y alguno más. Pero conforme transcurrieron las dos primeras décadas de esta nueva centuria, los buenos jugadores aspirantes a trascender fronteras dejaron de emerger en el país, al extremo que el principal valor que milita en nuestra selección absoluta, Marcelo Martins Moreno, es producto formativo del Brasil y no de Bolivia, porque quienes pudieron aprovechar sus condiciones en el club Oriente Petrolero no le vieron futuro; es decir, además de ya no formarse jugadores de calidad en Bolivia, la falta de ojo en un club de tan grande importancia en nuestro medio dio lugar a que el actual goleador del Cruzeiro y del torneo brasilero se marchara muy temprano del país, para encontrar la plataforma que le dio estatus internacional.

Si la primera gran conclusión, en sentido de que sin formación no hay competición exitosa posible, se convirtiera en consenso periodístico para exigir, a ese nivel, los grandes remedios que necesita nuestro fútbol, los medios estarían subiéndose al carro de las soluciones a partir de las demandas a los estamentos correspondientes, superando el lamento boliviano caracterizado por la falta de perspicacia para entender qué nos pasa y cómo, más o menos, podemos empezar a trabajar en tareas que, por lo menos, demandarán dos décadas, si las cosas se hacen como, por ejemplo, las hizo Colombia para retornar a una Copa del Mundo, o mínimamente la década que necesitó Alemania para madurar una propuesta potenciada por valores formados en sus canteras, que le permitió obtener la última Copa del Mundo. Si Colombia volvió a emprender un proceso de veinte años y Alemania, uno de diez, ¿por qué Bolivia tendría que clasificarse a un mundial como por arte de encantamiento?

Discrepo con Xabier Azkargorta, con quien hemos conversado muchas veces sobre este asunto. Dice él, con toda la experiencia y los fundamentos que lo asisten, que nuestro fútbol tiene entre seis y ocho jugadores que pueden hacer de este nuevo proceso a iniciarse, uno de éxitos, capaz de dar pelea en el concierto sudamericano. No lo creo así. Pienso que hoy no hay un solo futbolista boliviano de exportación que se acerque en algo a las calidades desarrolladas por los Erwin Romero, Ovidio Messa, Carlos Aragonés y los ya citados del 93-94, más algunos que lograron el segundo lugar en la Copa América 97.

Bolívar llegó a las semifinales de Libertadores con una médula espinal sustentada en un paraguayo, un español y un uruguayo. The Strongest alcanzó los octavos de final timoneado por un paraguayo de nacimiento, producto de la formación futbolística conseguida en su país de origen. Se consideraba al portero Romel Quiñónez un candidato a jugar más allá de nuestras fronteras, en realidades futbolísticas más competitivas, como resultado de su gran desempeño contra equipos mexicano, brasileño y argentino en la Libertadores. Hasta ahora no ha sucedido nada en ese sentido, y las señales dicen que todavía deberá permanecer en el medio boliviano, porque la competencia con sus pares de otros países es feroz y todavía se encuentra peldaños debajo de los grandes valores que ya están formando parte de los clubes de élite europea. Conclusión: los futbolistas bolivianos, con estatus de seleccionados, están muy debajo del promedio sudamericano hoy. Así de triste, así de cierto y así de frustrante.

Si en Bolivia se sigue confundiendo el próximo acontecimiento internacional deportivo como único objetivo a encarar, y no se trabaja en el cambio radical de toda la estructura que hace al fomento de la práctica de los deportes desde el pre escolar hasta el amateurismo y de ahí al profesionalismo, seguiremos en la lógica de hacer desfilar chivos expiatorios cada cierto tiempo para autojustificar nuestra incapacidad colectiva como Estado y sociedad para, de una vez por todas, comprender a fondo que el trabajo consistente en los distintos estados formativos en todos los ámbitos, y esto involucra a los deportes,  son los únicos que garantizan la producción de deportistas con posibilidades de competir en primer lugar y de intentar ganar a continuación, con los argumentos que da la calidad y la impecable condición física.

Bolivia llegó a USA 94 porque contaba con jugadores de una categoría internacional incuestionable. Uno de ellos, Erwin Sánchez, llegó incluso a dirigir un equipo portugués, y otro, Juan Manuel Peña, formó parte del Valladolid primero y del Villarreal después, equipo en el que compitió en una Champions League. Desaparecidos don Enrique Happ y Roly Aguilera, las fuentes primigenias de formación futbolística se  debilitaron y como el llamado profesionalismo vive en las aguas de la sobrevivencia y el milagro, donde lo urgente no deja de ser tal para dar paso a lo estructural, tenemos el fútbol que tenemos y que por ahora no muestra señales de transformación si, para comenzar, para los profesores de educación física, o como se les llama popularmente de “gimnasia”, se limitan a instruir trotar alrededor del patio del colegio o los mandan a patear pelota 45 minutos a la semana, mientras ellos quedan enfrascados en recibir y enviar mensajes a través de sus celulares inteligentes.

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