Fútbol

El fútbol del incidente y del disparate

Cantado El español Real Madrid se coronó campeón mundial de clubes, con muchas diferencias sobre el San Lorenzo argentino.

Karim Benzema del Real Madrid trata de superar la marca de Julio Buffarini de San Lorenzo. Foto: AFP

Karim Benzema del Real Madrid trata de superar la marca de Julio Buffarini de San Lorenzo. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza / La Paz

04:12 / 22 de diciembre de 2014

Como estaba cantado, el Real Madrid consiguió el Mundial de Clubes subrayando una superioridad que figuraba en los papeles y se confirmó en el juego y el resultado final, sobre un San Lorenzo de Almagro ilusionado e insuficiente de argumentos futbolísticos para intentar equiparar las más que obvias diferencias que precipitaron a Carlo Ancelotti, apenas concluida la final, a etiquetar a su equipo como al mejor del mundo  —en el Madrid son especialistas en membretes— en una clara demostración de su incesante interés por parecer lo que todavía no es si nos fijamos en qué lugar dejó el listón el Barça de Guardiola-Vilanova.

Al día siguiente, con el ritualismo que invariablemente ejerce su oficio —camina de izquierda a derecha y viceversa, se pone de cuclillas, se sienta en la caja de hielos, profiere incendios contra la falta de puntería de sus delanteros, celebra con los puños hacia abajo—, Marcelo Bielsa sufrió los 94 minutos en que su equipo, el Olympique de Marsella, logró derrotar al Lille, con una producción muy incisiva durante los 20 primeros minutos y bastante caótica durante el tiempo en que se mantuvo el transitorio empate, y de esta manera el dueño de casa en el Velodrome se mantiene en la punta del torneo francés con tres puntos de diferencia sobre su escolta, el Paris Saint Germain (PSG). Qué manera de tomarse en serio un partido diría incluso el más desprevenido que lo hubiera visto.

Mientras esto acontece al otro lado del Atlántico, por aquí las cosas no pueden salir del marco del incidente y el disparate. Repasando lo sucedido durante este año que en nueve días dejará de ser, hemos tenido pequeñas joyas de hojalata como la de The Strongest sin calcetines para un partido internacional, el mismo The Strongest, en Cobija, sin indumentaria alterna, utilizando ropa de calle y números pintados con aerosol porque no había otra. También hubo un par de cuchilladas para un par de árbitros en Sucre en castigo por no haber impartido (in)justicia en favor de Universitario. Un arbitraje internacional corregido en instancia disciplinaria posterior fue verbalmente impugnado por Bolívar —sin fundamento sólido— a raíz de la habilitación del jugador Romagnoli (San Lorenzo) para semifinales de Libertadores, y en el mismo Bolívar, el propietario del Club y su principal empleado ejecutivo se dieron cabeza con cabeza sin disimulo, pues mientras uno sancionaba a Rudy Cardozo solo con tres partidos luego de haberle reventado la nariz al ayudante de campo, Vladimir Soria, el otro lo desautorizaba dejando fuera por todo el resto de torneo al violento Rudy, disparatadamente premiado por su entrenador al que instó, cuando decidió mandarlo a la cancha en los tramos finales del partido contra San José, a homenajear a quien había pateado en el suelo un par de horas antes. Increíble: hasta Azkargorta terminó fagocitado por el folklórico fútbol “profesional” de Bolivia.

    

Fútbol liguero: Torrico (celeste), de Blooming, domina la pelota ante la presión de Amílcar Sánchez, de Wilstermann, en el partido disputado por la fecha 20, el 6 de diciembre.

Seguramente la anécdota más sonada y controvertida del año fue la de Mauricio Soria, entrenador de Blooming, que en la ciudad de Potosí se despachó en conversación indebidamente grabada, una frase que terminó suspendiendo su contratación como seleccionador nacional y que hasta el cierre de esta columna había renunciado a Blooming y no estaría en el banco en el Tahuichi Aguilera en el partido de ayer contra Bolívar.

El que se lleva la flor en estas andanzas de dimes y diretes, de acusaciones sin pruebas, y sin disculpas posteriores, es el administrador propietario de Bolívar Administración e Inversiones (BAISA), quien afirmó con una sobrecogedora falta de sustento, “corrupción total en el fútbol boliviano” a raíz de la expulsión, según el señor de Miami equivocada, sufrida por el español José Luis Sánchez Capdevila. A partir de ese momento comenzaron a tejerse conjeturas sobre dudas acerca de la rectitud de los clubes que aspiraban al título nacional. Dijeron que Blooming y The Strongest entregarían sus partidos a Bolívar y Oriente, en otras palabras, que lo que fuera a suceder en Santa Cruz de la Sierra y La Paz ayer a la tarde, pasaría por un tráfico de ofrecimientos para ganar-perder en pos de la facilitación al podio de uno u otro.

De fútbol se continúa sin hablar. Todas estas historietas deben ser candidatas a formar parte de una antología de lo que precede a cada partido y sus correspondientes consecuencias. No importa cómo juegue cada equipo. Si Azkargorta es defensivo y conservador lo mismo que Villegas, si Soria es un verdadero loco e irresponsable para decidir encarar ofensivamente a sus adversarios, o si Baldivieso tiene un plantel tan limitado que como Víctor Hugo Andrada le aconsejó leyera porque de táctica no sospechaba, peor arrastrando xenofobia contra los futbolistas que nacieron en el oriente, o que no nacieron en Cochabamba, según como se prefiera interpretar.

¿Calidad en el juego? ¿Figuras? ¿Mejores partidos del año? Para qué meterse a tan morosa búsqueda si con esta chismografía es suficiente. El fútbol boliviano liguero es un lamento, una inacabable fuente de pintorescas situaciones, pero que de fútbol en el estricto sentido tiene cada vez menos y si nos refiriéramos a sus mecanismos políticos que ciertamente lo distraen de sus obligaciones de generar proyectos deportivos sólidos y sostenibles, no alcanzarían las páginas de Marcas Plus para registrarlo.

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