Fútbol

Un ‘gol de camarín’ le dio la confianza para la clasificación

El primer ataque de Bolívar derivó en un tiro de esquina, ahí nació la apertura de la cuenta. A partir de entonces fue un partido todo celeste

Freno. Un jugador de Católica impide el desplazamiento de Ronald Eguino.

Freno. Un jugador de Católica impide el desplazamiento de Ronald Eguino.

La Razón / Jorge Asturizaga / La Paz

05:39 / 18 de abril de 2012

Bolívar comenzó ganando con un gol de vestuario, eso le dio tranquilidad para terminar jugando a placer frente a un desdibujado Universidad Católica. La diferencia pudo ser mayor, nadie se hubiera sorprendido si eso pasaba en el estadio Hernando Siles.

Una de las muchas virtudes que tuvo la Academia anoche fue la tranquilidad con la que afrontó el lance. Esa calma llegó con el gol ni bien comenzó el partido. Si se compara el cotejo de anoche con un combate de boxeo, fue un golpe directo al mentón del rival, al que lo dejó aturdido, pues tardó mucho en recuperarse, intentó acercarse al arco de Marcos Argüello, pero éste, cuando fue requerido, respondió bien.

Cuando parecía que el chileno iba a luchar por dar la vuelta al marcador, la Academia volvió a sentar supremacía en la cancha, se volvió a posesionar y aplicó otro golpe, casi decisivo para dejar a Universidad Católica fuera de combate. Wálter Flores fue el encargado de poner las cosas en orden con un zapatazo desde unos 35 metros.

Ese tanto terminó de abrochar la clasificación del celeste a los octavos de final, con esa diferencia a favor el equipo se dedicó a tocar, los jugadores mostraron algunos lujos para romper la racha adversa de 12 años sin clasificar de equipos bolivianos en Copa Libertadores de América.

 A ratos, el chileno intentó meterse de nuevo en el partido, un tiro de Gazale pegó en el travesaño cuando el arquero celeste parecía vencido. Ni bien se reanudaron las accione, la Academia  liquidó el pleito. Damián Lizio volvió a mostrar sus dotes técnicas con una exquisita definición, el argentino “colgó” a Toselli para poner cifras definitivas al encuentro.

Faltaba mucho por jugar y Bolívar pudo ampliar la diferencia, faltó puntería para un mejor resultado. El celeste disputó su mejor partido en el certamen en condición de local, sin pasar apuros selló su clasificación. Fue más sencillo de lo que tal vez habían pensado los jugadores de Hoyos.

Los datos

Remates

Los tiros de media distancia fueron la llave que utilizó Bolívar para llegar hasta el arco de un Cristopher Toselli inseguro, quien lució muy dubitativo.

Atacantes

Guillermo Hoyos puso todo lo que tenía en ataque para ganar. En el banco de suplentes había gente con vocación de marca. Los de ofensiva estuvieron todos en la cancha.

Flores, clave

Un solo mediocampista para robar pelotas en el medio. El capitán se bastó solo para cortar el juego rival. Incluso hizo un gol.

Pudo golear

Ever Cantero tuvo opciones para aumentar. El paraguayo falló en la puntada final.

A paso de parada lo hizo trizas - Óscar Dorado Vega

Bolívar supo arrollar al rival. Y lo aniquiló en los momentos precisos: al comienzo de una y otra etapa. Si algo pretendió Universidad Católica (en función de sus específicos intereses), no se advirtió jamás. El local, en cambio, la tuvo siempre clara. Presión, anticipo y recuperación pronta del balón fueron algunos de los argumentos que le permitieron hacer suyo un partido clave. Un partido para ganarlo —y lo consiguió con enorme claridad—, más allá que sus números respaldaran la opción del empate.

Todo se facilitó con el madrugador gol de Frontini. El zapatazo de Flores afirmó la consecución del propósito y el lujito de Lizio —figura en un cuadro con varios rendimientos sobresalientes— fue como la guinda sobre la torta.

Las ocasiones de aumentar se sucedieron. Cantero, Arce y Campos pudieron dar lugar a una goleada histórica. Fue un cotejo en el que el segundo episodio sobró —excepción hecha de la anotación de Lizio— porque lo esencial estaba resuelto desde bastante antes.

Bolívar quebró, al fin, una especie de maldición que impedía superar la fase de grupos. Es cierto que la chance estaba al alcance, pero era necesario consumarla. Y en ese plano el conjunto respondió no sin esfuerzo colectivo, pero también con la autoridad que la circunstancia demandaba. En otras palabras, le hizo sentir al oponente que no estaba dispuesto a dejar pasar el tren y en ese afán nada mejor que la eficacia.

Es verdad, también, que en algún pasaje quedó al descubierto —como sucedió la pasada semana, en Santiago— la soledad de Wálter Flores para cargar sobre sus espaldas el peso de la contención. La Academia propuso un mediocampo donde abundó el buen pie y de pronto, sobre todo apuntando al futuro, hizo falta una dosis de apoyo en la marca.

El triunfo que en el marcador es inobjetable también refleja un desarrollo que ubicó a Bolívar como dueño absoluto de la situación. Y eso empequeñeció todavía más lo paupérrrimo de una Católica desorientada, por decir lo menos.

Óscar Dorado Vega es corresponsal en Bolivia de Fox Sports.

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