Fútbol

El gran fútbol está en Europa

Papá no era Argentina, menos Brasil. Papá es Alemania y llegó en plan de llevarse la Copa

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:21 / 18 de julio de 2014

Casi 450 jugadores de los 736 que disputaron el Mundial juegan en Alemania, Inglaterra, España, Francia e Italia, de los cuales, todos los mejores sudamericanos, forman parte de sus grandes, medianos y pequeños equipos. La materia prima nacida a este lado del mundo, termina perfeccionada en el viejo continente.

Brasil decime que se siente, tener en casa a tu papá” se convirtió en el himno callejero en las ciudades de Brasil, entonado hasta el límite de la cargosería por los invasores bonaerenses que fueron nuevamente derrotados por su bestia negra, que no solo acaba de ganarle una segunda final a Argentina, sino que ya le había amargado la vida en 2006 eliminándola por penales y en 2010 despachándola a casa con un incuestionable 4-0.

Papá, en realidad, no era Argentina, y menos Brasil. Papá es Alemania y llegaba en plan de llevarse la Copa, objetivo que se hizo más nítido luego de que Holanda y Chile acabaran con el reinado español, que además de haber acusado recibo de la abdicación de Juan Carlos de Borbón, tuvo que enterarse que la dorada época de una selección exquisita por juego y triunfos había llegado a su fin, uno porque los ciclos deben terminar naturalmente y dos porque Vicente del Bosque parece no haber hecho lo suficiente para prolongar algo más, la supremacía de una roja que ha sido extraordinaria y ha dejado una imborrable impronta en el fútbol del nuevo tiempo.

Estoy en desacuerdo con los absolutismos en el fútbol, un hábitat en el que prevalece la relativización en todos sus capítulos, y por ello eso de moverse en la ambivalencia de lo mejor y lo peor para evaluar, me parece un erróneo punto de partida y para ilustrarlo acudo a los siguientes ejemplos: El mejor mundial desde la perspectiva de la competitividad —extraordinaria fase de grupos como nunca se vio— y probablemente uno de los peores en materia de arbitrajes. El mejor mundial por la cantidad de porteros que evitaron se superara la marca de 171 goles, ídem a la de Francia 98, y probablemente uno de los peores en materia de lesiones con un jugador quebrado en tibia y peroné, otro en una vértebra lumbar y varios otros con dolencias que les impidieron seguir jugando, producto también de la fatiga muscular que producen temporadas cada vez más extenuantes.

Brasil 2014 no ha sido el mejor, porque no hay mejor o peor mundial, pero ha sido sin duda el que ha puesto con más clara evidencia asuntos más trascendentes que el de esa manía del mercado de elaborar ranking para todo. La vigésima Copa del Mundo ha servido para demostrar que los proyectos futbolísticos exitosos como el de Alemania solo pueden estar basados en procesos de largo plazo, sostenidos por políticas de fomento a la práctica deportiva con la que las asociaciones nacionales exitosas son debidamente respaldadas por los gobiernos de sus Estados, tal como lo ha demostrado el nuevo tetracampeón.

Lo ha confirmado Dilma Rouseff para evitar dudas y siembra de especulaciones innecesarias y desgastantes: “El Estado no quiere intervenir en el fútbol que debe seguir estando en manos privadas, pero sí quiere ayudar a mejorar las cosas”, en clara alusión al tremendo fracaso que ha significado la participación del Scratch encabezado por un seleccionador que pretendía aferrarse al cargo como una garrapata, y al que no le quedó otro camino que dimitir ante una cuidadosa exhortación de la CBF.

Alemania y Holanda llegaron con los conceptos ajustados rigurosamente a las características de sus plantillas. El primero consiguió el título y el segundo, desdiciendo de manera coherente su perfil histórico de las últimas cuatro décadas, quedó afuereado por la impredecible definición en la tanda de penales, mientras que Argentina tuvo que cambiar el plan porque a Sabella el equipo no le funcionó de la mitad para adelante como creía que podía y se vio obligado a jugar en largo y de contraataque, mientras que Brasil, inculcado hasta la obsesión con el orden que comienza en la línea de fondo, fracasó con estruendo en la zona de la cancha que más énfasis había puesto el cuerpo técnico, confiado en que adelante se disponía de suficiente pólvora para no solo depender de Neymar.  He aquí la gran diferencia: Mientras los grandes exponentes europeos ejecutaron sus libretos tal como los habían previsto, los históricos sudamericanos pusieron en evidencia que individualidades inconexas en la zona de gestación no necesariamente generan grandes equipos, lo que sí lograron, en cambio, Costa Rica, Colombia, Chile y México que futbolísticamente fueron nítidamente superiores a los padres históricos del fútbol sudamericano, alcanzando rendimientos que los sitúan entre las diez selecciones que mejor fútbol expusieron.

El mejor fútbol en esta última década, como nunca antes, se está practicando en Europa, como se puede advertir no solo en sus mejores selecciones, una campeona del mundo y la otra tercera del torneo, sino en los equipos de países con ligas competitivas que no tuvieron participación protagónica con sus equipos nacionales, pero en cambio cuentan con campeonatos de alta competencia en los que actúan los mejores futbolistas procedentes sobre todo de América y África, que alcanzaron niveles de calidad indiscutibles, como las ya citadas Costa Rica, Colombia, Chile y México, y a las que hay que agregar a Ghana, Argelia, Irán y Nigeria, que con su participación archivaron, ojalá que definitivamente, eso de que los  grandes ganan solo con el peso histórico de sus colores. 

El fútbol sudamericano ha ganado por la emergencia de selecciones que van a buscar un gran salto cualitativo en la Copa América a jugarse en Chile el próximo año, y ha perdido por un indisimulable declive de los grandes de siempre de los que en alguna medida hay que diferenciar a Argentina que con cambio abrupto de planes en medio torneo se las arregló con mucho de coraje para tapar sus debilidades, y lograr así llegar a la final en la que perdió frente a un equipo ampliamente superior en el rendimiento general expuesto en sus siete partidos.

Volvemos al fútbol del vecindario, y quedará mejor constatado eso de que Sudamérica podrá producir grandes figuras que son perfeccionadas en el continente de enfrente, pero que sus equipos más competitivos, tanto en Copa Libertadores como Sudamericana, exhiben calidades muy inferiores a lo que están haciendo cada vez con mayor claridad, en materia de ligas locales, Alemania, Inglaterra, España, Francia e Italia, en primer lugar.

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