Fútbol

Siete juveniles al matadero

A ninguno de los dueños de las decisiones le importó mellar la autoestima que se podría generar en chicos ambiciosos por escalar

El grupo de siete jugadores que mandó a la cancha el sábado Universitario de Sucre, frente a Bolívar.

El grupo de siete jugadores que mandó a la cancha el sábado Universitario de Sucre, frente a Bolívar. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza - periodista

00:00 / 13 de abril de 2015

Si un equipo boliviano, por más que sea desatinadamente gestionado y su entrenador exponga reiterativas opiniones lindantes con la xenofobia, se encuentra a puertas de obtener una clasificación a nueva fase en Copa Libertadores de América, la organización futbolística que maneja el llamado fútbol profesional boliviano, así como sus doce afiliados, deberían agotar todas las posibilidades de reasignar fechas que le permitan al cuadro en cuestión abocarse esencialmente al juego que protagonizará en condición de local contra un rival que en los papeles aparece como más débil —en la ida perdió en casa propia— y que podrían franquearle el paso hacia octavos de final.

El 11 de abril de 2015 quedará grabado en el aficionado del fútbol en nuestro país como el día en que se les cayeron las máscaras a un par de iluminados persuadidos de estar en condiciones de ofrecer lecciones a diestra y siniestra de cómo se deben encarar los destinos de nuestra desportillada primera división y del resto de las instancias de ascenso y amateur que hacen a la estructura de operaciones del balompié hecho en Bolivia.

En efecto, el nonagenario club Bolívar se negó sistemáticamente a reprogramar el partido contra Universitario de Sucre, y como para hacer más desatinada e inconexa su gestión institucional en este puntual aspecto, el administrador propietario de la academia paceña se esforzó por persuadirnos a través del Twitter —ese es el invariable mecanismo a través del cual timonea a Bolívar, ahora desde Kansas City— que estaba solicitando la postergación del juego, pedido que fue desoído por su presidente con sede en La Paz, empleado ejecutivo de BAISA SRL., lo que desencadenó un papelón de repercusiones internacionales, en tanto el entrenador Julio César Baldivieso cumplió con su amenaza de enviar a La Paz a siete juveniles que terminarían facilitando la suspensión técnica del partido, con la previsión de que uno de esos siete manoseados jóvenes llegaba lesionado y aguantaría muy poco en el campo de juego.

De esta manera Universitario perdió el encuentro que debió ser suspendido a los 13 minutos de iniciado, porque no se encontraba en condiciones de armar un equipo de once, justo ahora que hay publicitados planes ligueros de encaminar un campeonato Sub-18, que con este antecedente, aparece como un nuevo fuego de artificio que facilitará otro mareo de perdiz, escondiendo durante el segundo semestre del año el principal vacío del fútbol boliviano consistente en la alarmante falta de formación de base y en la casi inexistente generación de nuevos valores que debieran nutrir a las divisiones infanto-juveniles de clubes ligueros y los que vienen más abajo, nucleados en las asociaciones departamentales.

No sé los nombres, apellidos y edades de esos jóvenes que llegaron sin sentido alguno para disputar un juego que por anticipado se sabía, no concluiría en el tiempo reglamentario. A ninguno de los dueños de las decisiones le importó el daño a la autoestima que se podría generar en chicos ambiciosos por ir escalando instancias para llegar algún día a jugar en las divisiones mayores de algún club del país y de esta manera se consumó una vergüenza que ha dado un par de vueltas por diarios, televisiones y sitios web de América y Europa, que en distintos tonos se pronuncian entre la ironía y la lástima por lo que sucede con el principal campeonato boliviano, ese desde el que se supone, emergen los valores mejor calificados para conformar la selección absoluta si se tiene en cuenta que con los que actúan afuera no alcanza para armar una lista completa de convocados.

Estaba disponiéndome el sábado a encarar una lecto-escritura del Sevilla 2 - Barcelona 2, ahora que los culés tienen en Mathieu a su nuevo Puyol, me encontré al mediodía de ayer con el trepidante Manchester United 4 - Manchester City 2, pero incurrir en omisión de un tema tan oprobioso para nuestro fútbol que pinta de cuerpo entero a los juanes y los pepes, esas plagas infiltradas en las graderías y en los sets de televisión que se llenan la boca de sentencias y calumnias, sería periodísticamente inadmisible, yo que siempre me he ufanado de ir de frente y sin tapujos, y que tengo la obsesión de que Bolivia adopte, algún día, el paradigma de un proyecto que demandaría mínimamente un par de décadas en su edificación y veinte años más para que podamos recoger los primeros grandes frutos, como le ha sucedido en distintos tiempos a la gran Colombia de Pacho Maturana y Bolillo Gómez y ahora a la de José Pekerman.

Dice Xabier Azkargorta que Bolívar debió encarar en simultáneo el torneo liguero y la Libertadores, cuando su equipo llegó a semifinales del torneo sudamericano, y con esto se comprueba que las medias verdades suelen ser más dañinas y desorientadoras que las mentiras, debido a que el entrenador vasco no dice que su club cuenta con una plantilla a la que le sobran futbolistas, y que la penosa realidad del promedio del fútbol boliviano la expresa justamente un equipo como Universitario, que ha logrado obtener un triunfo y un empate como visitante en la Libertadores. 

Este es el fair play que practica el club más poderoso de Bolivia, este es el fútbol mal programado entre lo doméstico e internacional, esta, en buenas cuentas, es una demostración más de que los disparates se hicieron moneda corriente y qué más da en un campeonato con clubes con “lúcidos” conductores dirigenciales que se inmiscuyen en las tareas del entrenador (The Strongest) o que contratan profesionales a sabiendas de que la norma exige que un mismo DT no dirija a dos equipos distintos en un mismo torneo (Petrolero de Yacuiba) y varios otros que cambian entrenadores cada dos derrotas consecutivas o que deben soportar renuncias de esos mismos entrenadores porque sus jugadores acumulan tres o más salarios retrasados.

La vergüenza está consumada. Y quedará en los registros de nuestra historia en plena mitad de la segunda década del nuevo siglo, que en Bolivia el profesionalismo termina siendo peor que el más austero fútbol amateur de liga barrial, producido por esos mismos que profieren alaridos porque no clasificamos a un mundial o porque ocupamos el puesto 92 en el último ranking FIFA, cuando son ellos con su mirada coyunturalista y sectaria, los que propician cotidianamente, con decisiones como la del sábado, el próximo fracaso.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

Encargado de Historia y Estadística de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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