Fútbol

Tan lejos de la alta competición

Eliminatorias. Bolivia cayó frente a Chile, una selección que tiene en sus filas a jugadores del primer mundo del fútbol

Un pasaje del partido en el cual Bolivia perdió.

Un pasaje del partido en el cual Bolivia perdió.

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:13 / 04 de junio de 2012

El arbitraje del ecuatoriano Alfredo Intrigao fue horrible y el partido en sus primeros tramos, cuando Bolivia promete tocar el cielo con las manos porque arranca como un vendaval, fue afeado por las malas decisiones desde el silbato que contribuyeron a que pasado el susto de los momentos iniciales, Chile consiguiera equilibrar sus líneas demostrando superioridad técnica y táctica. Es decir, el arbitro hizo un mal trabajo, pero sería demagógico señalar con el dedo a quién nada tiene que ver con el retroceso que el fútbol boliviano comenzó a experimentar hace 15 años, cuando en 1997 jugó la final de la Copa América y la perdió en la mismísima altitud paceña contra Brasil.

Bolivia perdió el sábado contra Chile porque tuvo al frente a un equipo conformado por valores que se hallan instalados en las grandes ligas europeas, entrenados y habituados a otro nivel de exigencias. Sólo dos traslaciones de balón, una a cargo de Matías Fernández (Sporting de Lisboa) y la otra de Alexis Sánchez (Barcelona), fueron suficientes para comprobar que los volantes de contención bolivianos parecían conos de entrenamiento y no profesionales rigurosos consigo mismos, como sí demostraron serlo estos visitantes que le ganan a nuestra selección por tercera eliminatoria mundialista consecutiva en nuestros ya para nada inexpugnables 3.600 metros sobre el nivel del mar.

Jugadores técnicamente capacitados, algunos de ellos de incuestionable categoría, tácticamente ordenados, sabedores de los tiempos en el desarrollo de un partido, ya saben cómo moverse en el Hernando Siles, y saben mejor todavía que Bolivia comienza a desplomarse a partir del minuto 20 porque sus limitaciones están relacionadas no con malas rachas o malas tardes, sino con su distanciamiento de la preparación de alto rendimiento que abre las puertas a la alta competición. Bolivia juega a lo que puede, y si no puede ganar ni en La Paz, es porque ya ni siquiera está en condiciones de competir ya que perder exponiendo un cierto patrón de juego y algunas virtudes que permitan dar batalla más allá de las buenas intenciones, sería otra cosa.

Bolivia tiene jugadores que actúan en el exterior, pero ninguno de ellos milita en equipos de primer orden internacional, y los que tenemos aquí son los que buenamente lucharon hasta donde pudieron en la última versión de la Copa Libertadores de América y es justamente en este capítulo en el que hay que detenerse rehuyendo el facilismo triturador por grados de responsabilidades, pues cuerpo técnico y futbolistas hacen lo que está a su alcance y eso significa, después de haber espectado el desastre contra el equipo de Borghi, que el techo del fútbol boliviano se encuentra a muy pocos metros del suelo.

En una cultura de la culpa tan católica como la nuestra, sería fácil empezar a repartir palos a diestra y siniestra, pero el problema no comienza en el campo de juego, sino —¡vaya descubrimiento!— en la estructura y andamiaje del fútbol amateur y pseudoprofesional en el que pululan dirigentes de pacotilla, y  truanes oportunistas que ni      siquiera se toman la molestia de darse una vuelta por Caracas para preguntarles a los venezolanos cómo están haciendo para sostener un ritmo competitivo tan interesante desde la pasada Copa América y que ahora se encuentran metidos en la pelea por los primeros puestos de estas eliminatorias que conducen a Brasil 2014 empatándole a Uruguay en Montevideo.

No es Quinteros el culpable, no es Pedriel, no es Wálter Flores, ni siquiera Jhasmany Campos que cometió una de esas tonterías en las que se desnuda la falta de profesionalismo, obteniendo una tarjeta amarilla que le niega su presencia frente a Paraguay. Los responsables de este nuevo fracaso son quienes se niegan a aceptar que el fútbol se hace con procesos y proyectos, con escuelas y canteras, con profesores y no sólo directores técnicos, pero mejor no sigo porque a partir de aquí podríamos internarnos en el túnel de las obviedades y eso está bien para unos cuantos animadores televisivos que creen decir mucho sobre el asunto y son nada más que los promotores escénicos del autoengaño cada vez que juega nuestra selección.

El espíritu de Chumacero

El volante atigrado nos recuerda el espíritu combativo de Luis Cristaldo. Cómo se nota su entrega, su empeño por ser un profesional de verdad. Contra Chile pudo haber cometido algunos errores, pero produjo varias jugadas en ataque que fueron desperdiciadas especialmente esa del primer tiempo en que Jhasmany Campos no pudo empalmar en la puerta de la meta chilena.

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Bolivia fue un equipo enmarañado cada vez que recuperaba la pelota. Le costó una barbaridad encarar estratégicamente los intentos ofensivos en los que no se explotó debidamente a Juan Carlos Arce que estaba predispuesto a jugar por la banda con agresividad, mientras en el otro extremo nunca hubo entendimiento entre Jhasmany Campos y Pablo Escobar.

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Eso de jugar con un solo delantero resulta complicadísimo cuando los abastecedores de balones no encuentran las conexiones necesarias y fue en ese sentido que lo de Pedriel resultó improductivo, cosa que no se pudo corregir porque Andaveris ingresó cuando ya era muy tarde y el destino final del partido ya estaba marcado.

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