Fútbol

La manía de mordernos la cola

Hace 15 años los frutos de Tahuichi y Enrique Happ rindieron al máximo

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:13 / 08 de junio de 2012

Las razones de nuestros males futbolísticos están a la vista desde hace aproximadamente dos décadas, cuando todo parecía promisorio. Pero no hay visos de que alguna dirigencia piense en el mediano y largo plazo, para recuperar, por lo menos, una cierta dignidad competitiva.

Dejé de escribir sobre fútbol boliviano luego de mantener una columna durante cinco años (1998-2003) en la que entre otras cosas batallé a brazo partido para combatir las picardías de Guido Añez, entonces presidente de la llamada Liga del Fútbol Profesional Boliviano. A continuación reorienté mi abordaje periodístico acerca del tema a partir de las apasionantes incidencias de torneos internacionales de distintos calibres, con jugadores y equipos que irrumpen y nos sorprenden, con seleccionadores y directores técnicos que hacen del fútbol un gran soporte para aludir asuntos vinculados a la condición humana, desde la identidad cultural hasta los orígenes genéticos del talento.

Y decidí tal cosa porque se había convertido en una casi maniática y obsesiva práctica repetir lo que hoy se vuelve a poner sobre el tapete a propósito de la actuación y derrota de nuestra selección frente a Chile, relacionadas a todos los porqués de nuestras desgracias y nuestra condena perpetua al fracaso. Gracias al colega y amigo Ramiro Siles, editor de los productos periodísticos deportivos de este diario,  de a poco volví sobre mis pasos para enfocar las actuaciones de Bolívar y The Strongest en la última versión de la Copa Libertadores de América, y así, ahora con el pie metido en una trampa que yo mismo me puse, no sé cómo salir del reingreso a este campo sembrado de mediocridad, argucias, y shows televisivos en que abundan los imitadores y los cultores de los lugares comunes, que hablan demasiado para decir nada.

Repetir cantaletas para rectificar puede ser estimulante, pero repetir luego de constatar que retrocedemos es atentar contra la creatividad y la salud mental de uno mismo. En ese ámbito, en el de la repetición machacona atestada de ejemplos, dijimos en incontables circunstancias que estamos así porque no hay estructura dirigencial y consecuentemente no hay estructura deportiva, desde las escuelas y los colegios del sistema educativo nacional hasta las canteras y las divisiones menores y juveniles amateurs y profesionales.  De esto hablamos y escribimos durante dos décadas y a veinticuatro horas del partido frente a Paraguay, cerramos la semana habiéndonos mordido la cola como lo hicimos en los tiempos en que todavía creíamos en aparecidos, milagreros y salvadores espirituales.

No estamos en las mismas que hace 15-20 años porque en esos tiempos, los frutos de Tahuichi y Enrique Happ rindieron al máximo, y a partir de la Copa del Mundo jugada en Estados Unidos en 1994, teníamos a los valores de esa selección nacional, actuando en ligas competitivas muy visibles, desde Carlos Trucco hasta Julio César Baldivieso, pasando por Marco Etcheverry y Erwin Sánchez, y con los antecedentes acumulados por Milton Melgar que ya había jugado en Boca Juniors y River Plate.  Éstos que llegaron a ese mundial, ya habían demostrado su capacidad en la eliminatoria del 89 cuando por un solo gol-diferencia Bolivia quedó afuera de Italia 90. Bolivia perdía-empataba-ganaba porque competía, porque utilizaba la altitud de La Paz como aliada de su calidad, de individualidades  que estimulaban nuestro entusiasmo y de un funcionamiento colectivo que llevó a la verde a jugar por impensadas latitudes del planeta.

La Bolivia bajo la dirección de Gustavo Quinteros le ha ganado solamente a la bisoña Cuba en quince partidos de empates y derrotas, y esto significa que no ha encontrado unas características de juego y un equipo base para proyectar una manera de plantarse y moverse en el campo, por lo que no es casual que el seleccionador le haya dicho a Marcas Plus (lunes 28 de mayo) que a los jugadores les cuesta muchísimo asimilar lo que se les inculca para encontrar una forma de progresar en la cancha sin cometer errores que cuesten partidos como los expuestos por la defensa y los volantes de contención frente a Chile.

Se sabe que el travesaño, los parantes, los rebotes absurdos y el árbitro también juegan y para ello hay que estar preparados. Si a la suerte no se la ayuda, todo quedará en otro intento que no prosperó como aconteció hace seis días, y quedará claro, sin lugar a mucha especulación, que se cuenta con un muy discreto plantel en el que el esfuerzo termina siendo vano si no existen las mínimas condiciones competitivas frente a rivales de mayor fuste en los que figuran estilo de juego, funcionamiento colectivo para defender y atacar, habilidades individuales, resistencia y potencia física.

Bolivia no podrá contar con ritmo competitivo en esta eliminatoria que conduce a Brasil 2014 porque sus jugadores no están preparados en las coordenadas del alto rendimiento. Conseguirá probablemente actuaciones algo mejores en ciertos momentos, y volverá una y otra vez al desconcierto cuando, además de sus carencias técnicas y su endeblez física y táctica, se manifieste la falta de concentración y equilibrio emocional generando tarjetas rojas y amarillas, con esa propensión a perder los estribos cada vez que un arbitraje no sea el correcto.

Paraguay llega al partido, en cambio, luego de prepararse en La Paz durante casi un mes y seguramente intentará con sus cerradas líneas de cuatro, sus buenos cabeceadores,  y su vehemencia para ir a las pelotas divididas, conseguir nuevamente por lo menos un empate. De Bolivia hay que esperar que la alineación de mañana intente corregir lo que se hizo muy mal frente a los chilenos. Lo que sí es seguro es que si hay triunfo nos evadiremos de nuestras crónicas debilidades por unos días. Hasta la próxima vez.

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