Fútbol

El ministro, la ‘ley mordaza’ y Señor Fútbol

Romero no puede dejar que su cargo en el Gobierno trascienda hacia el fútbol

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Siles / La Paz

02:59 / 11 de marzo de 2016

Pido —y seguramente no será la única ni la última vez— que se me permita juntar en esta columna tres temas que, aunque son distintos, tienen algo en común: el fútbol. En ningún caso debe interpretarse que tienen que ver entre sí. Por eso, me voy a referir por separado, en primer término, a la implicancia que emerge cuando se mezclan las cosas cuando se es gobierno y futbolero a la vez; en segundo, a una posición reñida con lo que creo es la libertad de expresión; y, en tercero y último, a un ciclo que termina para abrir el camino hacia otro.

EL MINISTRO. Cualquier ciudadano, sea en su vida laboral empresario, ministro u ocupe cualquier otro cargo o desempeñe cualquier profesión, tiene todo el derecho de también ser presidente de un club si una cosa no interfiere o no se mezcla con la otra.

En este caso nadie le puede decir a Carlos Romero que por ser ministro de Gobierno no debería fungir como presidente de Sport Boys, por más susceptibilidades que ello genere. Si su club decidió ponerlo ahí y él aceptó es decisión de ambos.

Es tan válido como que Romero un día sea dirigente de Bolívar y otro de Sport Boys, no hay lío. Como tampoco si un día decide ponerse una camiseta dividida en partes iguales con los colores de sus dos amores futbolísticos. ¿Por qué no? Y si para él, el “matrimonio” de tres —Romero-Bolívar-Boys— es viable, es su elección. No hay delito.

Lo que no puede hacer Romero es dejar —quizás no es consciente de ello— que su cargo gubernamental trascienda hacia el fútbol a partir de que ser Ministro de Gobierno no es lo mismo que serlo de Minería y Metalurgia. Las connotaciones en el fútbol son diferentes. El uno automáticamente se convierte en juez y parte sobre todo en espectáculos en donde hay Policía y ésta debe actuar, como ocurrió el miércoles en el estadio de Warnes.

El problema es que Romero no va como Romero a las reuniones de fútbol, va como ministro. Hace unas semanas, en La Paz, había gente futbolera reunida en un hotel: primero ingresaron a la sala los miembros de la seguridad del funcionario gubernamental, revisaron todo y dieron el okey, y después recién entró él.

Va a las prácticas como ministro, lo hace en las vagonetas de esa repartición estatal, con chofer y miembros de seguridad de ese ministerio. Lo mismo ocurre cuando va a los partidos, ni qué decir en Warnes, donde su equipo es local. También viaja a Santa Cruz con asuntos del ministerio y atiende a la vez las reuniones de su club, todo como ministro.

En cambio, Guido Loayza no hace lo mismo. Tampoco lo hacen César Salinas o José Ernesto Álvarez ni ningún otro de sus colegas presidentes de clubes. Ellos van en su propio vehículo, lo conducen. O por último toman un taxi. Son presidentes de clubes, sean grandes o chicos, pero se dejan ver como ciudadanos como cualquier otro. Nadie impide acercarse a ellos, nadie empuja a quienes están a su alrededor para cuidarlo. Sería bueno que Romero tome en cuenta todo esto. Que no mezcle su función de ministro con su actividad en el fútbol. No tiene por qué aparecer en las imágenes televisivas y en las fotos en un estadio en medio de las trifulcas.

Claro, ni modo que lo gasifiquen a él o a los que están a su alrededor, o a los de su equipo. Mejor sería que se fuera al palco, como un mortal futbolero como todos los demás. Que entre directamente al camarín si quiere alegrarse por la victoria o llorar por la derrota con los suyos.

No es bueno que el resto le tenga miedo, que sus rivales del fútbol vivan susceptibles, que crean que manda gente a presionar a los árbitros por el hecho no tan simple de que tiene un poder que los otros no lo tienen. No es que la gente esté viendo alucinaciones ni hay razón para, por ello, desacreditar a quien opina diferente. El fútbol, ciudadano Romero, es eso: fútbol.

LA ‘LEY MORDAZA’. Julio César Baldivieso no quiere hablar de jugadores que no están en la convocatoria. Es una copia que hace de algunos de sus antecesores. Éstos decían: “No hablo del que no está” y era para no tener que dar explicaciones de por qué no lo ha tomado en cuenta.

Con esa especie de “ley mordaza” no hay caso de conocer los motivos reales o el porqué no están en la lista algunos jugadores que uno cree que deberían figurar, sobre todo si se trata de la selección a la que —según se dice— tienen que ir los mejores.

Por ejemplo, por qué no están Daniel Vaca       —uno de los dos mejores arqueros del país—, Raúl Castro —la figura atigrada del momento— o el naturalizado Nelson Cabrera —al que le apresuraron para que sea boliviano con el argumento de que no hay jugadores nacionales para ese puesto—. La gente quiere saber; nosotros, los periodistas, también, pero Baldivieso y compañía se niegan a decir sus razones.

No es la forma. Que el DT y su entorno sepan que no tienen ni aunque sea sutilmente el derecho de vulnerar las libertades de expresión. Sería, en cambio, distinto que ante una pregunta, Baldivieso responda “no hablo de eso”. Estaría en su derecho, como lo está cuando no atiende el teléfono a unos y sí a otros. Pero de ninguna manera puede lanzarse a decir antes “no quiero que me pregunten” de tal o cual cosa o mandar ese tipo de mensajes. Nosotros, los periodistas, tenemos la obligación de preguntar lo que creemos que la gente, el aficionado, el hincha, quiere saber.

SEÑOR FÚTBOL. Esta edición         —con el Bolívar vs. Boca de anoche— cierra un ciclo. No se puede asegurar si es para volver o para no hacerlo nunca más. La Razón se embarca para los viernes en otra propuesta y Señor Fútbol lo que hace es acompañar esa iniciativa. Gracias a quienes nos honraron con su preferencia. Por supuesto que la información deportiva en este día de la semana va a seguir con nuestro habitual suplemento diario Marcas.

Y no es todo. Si este equipo está dejando ir una de sus creaciones es para apuntalar otra, nuestro producto estrella Marcas Plus, que sale los lunes; y, además, para sumergirse en otro gran proyecto muy de acuerdo con las exigencias de los tiempos actuales. En uno y otro habrá pronto grandes novedades. Por ahora, después de hoy vamos a dejar descansar —luego de un intenso trajín de cuatro años— a nuestro Señor, aunque el Fútbol continúe siendo el pan de cada día.

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